Entrevista a Gabriel Palma, economista de la Universidad de Cambridge

Ni dictaduras industrializadoras, ni flexibilización laboral al extremo. La receta asiática para el desarrollo se encuentra en la capacidad de esos Estados para disciplinar a las elites capitalistas y condicionar su comportamiento para garantizar que promuevan el cambio tecnológico, reinviertan, exporten más, innoven, aumenten el empleo y mejoren las condiciones laborales. A diferencia de la experiencia pasada y presente en Asia, el economista de la Universidad de Cambridge Gabriel Palma advierte la incapacidad de los Estados de América latina para, además de ofrecer subsidios y otros beneficios, exigirles a los sectores empresarios dominantes la reinversión de sus ingresos. “Hoy en América latina los Estados, con algunas excepciones como Argentina, no pueden ni quieren condicionar los beneficios que entregan a las elites capitalistas. Se debe recuperar la capacidad para disciplinarlos. Se trata de hacer lo que sucedió con YPF. El problema no es que las empresas ganen plata, sino que no devuelven a las economías una parte sustantiva de lo que se llevan”, explicó Palma durante una entrevista telefónica desde Inglaterra con Cash. El prestigioso investigador chileno sostiene que el Estado argentino posee la capacidad para efectuar un management efectivo de la firma petrolera.

Por: Tomás Lukin / Página 12

¿La desigualdad en América latina es suficiente para explicar el subdesarrollo de la región?

–En América latina el 10 por ciento más rico se lleva el 45 por ciento del ingreso, mientras que en los países exitosos de Asia, como Corea del Sur y Taiwan, se llevan el 22-23 por ciento. Ese es un lado de la moneda, el otro lado es el comportamiento de la inversión privada. En América latina la inversión privada representa en promedio un 15 por ciento del PIB, mientras que en Asia es muy superior, en algunos casos llega hasta el doble. Lo fundamental no es sólo que la distribución del ingreso en nuestra región es tan desigual, sino la relación entre la inversión privada y lo que atesora el 10 por ciento más rico. En América latina sólo un tercio de lo que retiran del circuito productivo se invierte. En Asia, no sólo se llevan menos sino que invierten más. En Corea la inversión privada equivale a todo lo que se lleva el 10 por ciento más rico. En China, India, Malasia y el resto del Asia más dinámica, la relación alcanza al 75-80 por ciento. El problema de América latina no es sólo la concentración del ingreso sino lo que las elites empresarias usan en forma muy ineficiente. El motor del desarrollo económico es la inversión privada, la acumulación de capital y en América latina invierten muy poco, aunque se llevan la proporción del ingreso más alta del mundo.

¿Por qué las elites empresarias asiáticas invierten más que las latinoamericanas?

–No se trata tanto de empresarios diferentes, sino de distintos tipos de Estado. En Asia las reglas del juego que ponen los Estados permiten que las elites capitalistas conserven sus lugares de privilegio mientras esos sectores inviertan, promuevan el cambio tecnológico, innoven, creen empleo e impulsen el crecimiento económico. Las elites latinoamericanas se comportan como si su posición fuera eterna, inmutable e independiente de su rendimiento y los Estados están entregados a su poder. Se debe recuperar la capacidad del Estado para disciplinar a las elites empresarias.

¿Qué significa disciplinar a las elites empresarias?

–Se trata de condicionar las rentas y beneficios que el Estado entrega a las elites capitalistas. Hoy en América latina los Estados, con algunas excepciones parciales como Argentina, no pueden –y si pueden no quieren– condicionar todas las rentas que les entregan a las elites capitalistas. No significa que los empresarios dejen de ganar plata, sino que reinviertan sus ingresos, suban productividad e innoven tecnológicamente. Son dos conceptos de capitalismo totalmente distintos: en América latina el capitalismo funciona bien sólo si los ricos están contentos, en Asia la política económica se rige por el principio de que el capitalismo funciona bien sólo si los ricos están disciplinados.

Sin embargo, incluso en Argentina, donde se intenta avanzar en ese proceso, existe una fuerte resistencia empresaria y mediática. ¿Por qué es tan complicado avanzar?

–Los sectores dominantes latinoamericanos tuvieron una capacidad de imponer su voluntad rentista mucho más fuerte que en Asia. Nuestros Estados son débiles. En Brasil, Chile, Perú, Colombia, como también en Argentina en los noventa, existe una ideología neoliberal que hace a los Estados impotentes, ya que considera que ese disciplinamiento sería contraproducente. En los últimos cinco años, por falta de un royalty de verdad, las empresas en Chile, fundamentalmente mineras, remitieron al exterior utilidades equivalentes a dos veces el PIB de Paraguay. Eso sería inconcebible en Asia. Disciplinar a las elites empresarias es hacer lo que sucedió con Repsol e YPF.

¿Por qué?

–No hay problemas de principios con que la inversión extranjera opere el petróleo, ni que gane plata pero que reinvierta, incorpore cambio tecnológico, innove, busque nuevos recursos, devuelva a la economía argentina una porción sustantiva de lo que gana. Si no lo hace, se expropia. Eso es disciplinar. Si no reinvierten utilidades, se cortan los subsidios, el acceso al crédito y el resto de los beneficios.

La resistencia a la expropiación de YPF generó el rechazo no sólo de sectores empresarios, sino que el gobierno español se transformó en guardián y vocero de Repsol.

–Estas empresas poseen un elevado nivel de endeudamiento en España que permitió financiar lo poco que invirtieron y ahora van a tener problemas para hacer frente a esa deuda. Además, parte del crecimiento artificial de España antes de la crisis se debe a la repatriación de las utilidades de las empresas que funcionan en América latina. El oxígeno de la balanza de pagos española es la extracción del excedente de los países donde poseen inversiones. Por eso, es entendible esa reacción del gobierno español, pero eso es un problema español, no de la política económica argentina.

¿Un Estado latinoamericano puede hacerse cargo de una empresa de hidrocarburos que, a su vez, es la más grande del país?

–El hecho de que Argentina nacionalizó YPF es una señal de que es uno de los pocos países de la región con capacidad para amenazar de forma creíble a una compañía extranjera: si la empresa sigue un comportamiento rentista se queda sin acceso al petróleo. Hay múltiples experiencias de empresas públicas eficientes en América latina. En Chile, Codelco, que lleva 40 años, es una de las empresas de cobre más eficientes del mundo, y en Venezuela, antes de la huelga al principio del gobierno de Hugo Chávez, Pdvsa también es una firma de alta eficiencia. En Taiwan, la industria pesada era pública. Argentina es capaz de tener una empresa eficiente en materia petrolera. Tienen el capital humano, el conocimiento, tienen todo lo que se requiere. Si Chile puede hacer cobre en forma eficiente, no hay ninguna razón para que Argentina no pueda hacer petróleo en forma eficiente. Todo depende de la voluntad política de hacerlo. No hay ninguna razón para que YPF no sea eficiente. Hay sectores que jamás entregaría al sector privado, como el sistema previsional y la salud.

Usted mencionó que una forma de disciplinar es eliminar subsidios y otros mecanismos de financiamiento a tasas diferenciales que ofrece el Estado. Esas decisiones no impactarían sobre los niveles de empleo.

–En los años ’80 algunos conglomerados coreanos debieron cerrar porque el gobierno les cortó el acceso a susbsidios porque no habían cumplido las condicionalidades de rendimiento. Cerraron y se despidió a trabajadores, pero en una economía que crece al 6, 7, 8 por ciento, la demanda de trabajo es fuerte. Hyundai en los ’70/’80 tenía acceso a todo lo que quería, el mercado doméstico cerrado para ellos, tasas de interés reales negativas, pero la condicionalidad era que exportara un tercio de su producción y para eso debía estar en la frontera tecnológica, reinvertir prácticamente todas sus utilidades y ofrecer un producto de alta calidad. En América latina se dieron las mismas facilidades durante el proceso de sustitución de importaciones pero sin condicionarlo. Para eso se necesita un Estado capaz de recortar subsidios cuando las empresas no cumplen.

Algunos economistas señalan que en Asia el disciplinamiento fue posible porque existieron dictaduras que promovieron la industrialización y también porque las condiciones de flexibilidad laboral facilitaron esos procesos.

–En algunos países como Corea el proceso se hizo con mano de hierro, pero en otros países se hizo en “democracias”. En India, la democracia más grande del mundo, el 10 por ciento más rico invierte el 80 por ciento de lo que gana. Por su lado, el cuento de que el secreto asiático reside en la flexibilidad de los mercados laborales no es cierto. El mercado laboral formal de India es mucho más regulado y más sindicalizado que en América latina; los salarios reales en los centros industriales de Shanghai crecen a tasas altísimas; y Corea tiene una de las mejores distribuciones del ingreso del mundo.

Otra parte de las observaciones sobre la experiencia asiática argumenta que fue posible la industrialización y el desarrollo porque sus modelos económicos se basaron en la exportación.

–Los mercados internos en Asia son igual de fundamentales que para nosotros. Lo que pasa es que nosotros exportamos materias primas o maquila, mientras que ellos exportan productos manufacturados. Pero el cliché de que hayan sido dictaduras exportando todo lo que hacían con trabajadores semi-esclavos es falso. La diferencia básica es que la inversión privada en Asia duplica la de América latina y la inversión pública es tres o cuatro veces mayor. Además, hay estados capaces de implementar políticas comerciales e industriales en forma exitosa.

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