‘Los verdes’: ¿de dónde y para dónde?

 
Se trata de construir una oposición que le sirva a la política y al país. ¿Podrán hacerla ‘los verdes’? Es dudoso. No tienen gente en el Congreso y su liderazgo es difuso.   ¿Tres o cuatro ‘los tenores’?     Por: Francisco Leal BuitragoLuego de que tres ex alcaldes de Bogotá –Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón– y uno de Medellín –Sergio Fajardo– aprovecharan en 2009 una coyuntura favorable para agruparse políticamente, su intento por acordar la forma de selección de candidato presidencial entre los cuatro fracasó.Fajardo prosiguió entonces su ya larga campaña presidencial de cerca de dos años al frente de su movimiento ‘Compromiso Ciudadano por Colombia’, que se amplió con candidatos al Senado. Parte de esa campaña fue la recolección de firmas para que el ex alcalde avalara legalmente su candidatura presidencial, como muestra de su independencia política. En cambio, los tres ex alcaldes bogotanos se encontraron con el ofrecimiento del pequeño Partido Verde, como medio para definir un candidato presidencial mediante consultas internas de partidos en la misma fecha de las elecciones legislativas de 2010.

Al que no quiere caldo…

Ya en 2010, en medio de imposibilidad de reelegir a Uribe ordenada por la Corte Constitucional, los tres ex alcaldes aceptaron la consulta interna para seleccionar su candidato presidencial. El 14 de marzo resultó electo el ex alcalde Antanas Mockus. En la misma fecha, el Partido Verde sólo alcanzó cerca del 5 por ciento de la votación, con 5 curules en el Senado y 2 en la Cámara. Pero el movimiento del ex alcalde de Medellín no alcanzó siquiera al 2 por ciento para el Senado, con una votación dispersa que le impidió sacar siquiera una curul.

Durante su larga campaña solitaria, en las siete encuestas nacionales efectuadas en 2009 para medir la favorabilidad pública de candidatos potenciales a la Presidencia de la República, Fajardo había ocupado los dos primeros lugares frente a Juan Manuel Santos, Gustavo Petro y Andrés Felipe Arias –‘Uribito’–. Ese golpe electoral haría posible luego que Fajardo se uniera al Partido Verde en una posición inferior –la de Vicepresidente– a la que hubiese obtenido el año anterior.

Se trastocan las expectativas

Las encuestas de opinión para medir la favorabilidad de los candidatos comenzaron tan pronto se calmó el ruido inicial causado por las fallas en la administración de las elecciones del 14 de marzo y por las numerosas denuncias de fraude.

Antes de que terminara el mes de marzo, los resultados de las primeras encuestas mostraban que Santos tenía entre el 34 y el 36 por ciento en la intención de voto, Noemí Sanín entre el 17 y el 23 por ciento, Mockus entre el 9 y el 10, Germán Vargas entre el 6 y el 8, Petro alrededor del 6 y Rafael Pardo alrededor del 5.

En ese momento Fajardo estaba entre los candidatos presidenciales y figuraba con un porcentaje alrededor del 6 por ciento. En las mismas encuestas para la segunda vuelta, entre Santos y Sanín el primero obtenía 45 por ciento frente a 43 por ciento de la segunda, y entre Santos y Fajardo, el primero tendría 56 por ciento y el segundo 27 por ciento.

Un mes después, a fines de abril, el panorama de las encuestas había cambiado radicalmente. Mockus tenía entre el 32 y 38 por ciento, Santos entre el 29 y el 34, Sanín había descendido al 16, Pardo estaba en el 6, Petro en el 5 y Vargas en el 4 por ciento. Fajardo había desaparecido en las encuestas, al ceder a presiones que le sugirieron aceptar ser fórmula vicepresidencial de Mockus.

Este hecho, sumado al entusiasmo de la juventud apolítica, que hizo crecer velozmente su apoyo en Facebook a favor de Mockus, y a los grupos seducidos por la consigna ‘verde’ de la transparencia en el manejo de los recursos públicos y su rechazo a los ‘atajos’, produjeron lo que se conoció como ‘la ola verde’. Además, es posible que fueran muchos los ‘uribistas’ no radicales que apoyaron a Mockus y a Fajardo en las encuestas, hastiados por la corrupción.

Toda una eternidad

El pánico cundió entonces en las filas de Santos, quien desde su nombramiento cuatro años antes como ministro de Defensa había iniciado su campaña con gran habilidad y suma discreción. De seguro, sus actos públicos tuvieron como objetivo secreto llegar a la Presidencia.

Pese a la desconfianza mutua con el Presidente, los éxitos de Santos contra las FARC le permitieron administrar su imagen pública con éxito. Luego, una vez retirado del Ministerio preparó su campaña desde mucho antes de que la Corte Constitucional decidiera frenar la ley del referendo reeleccionista. Por eso fueron frecuentes sus loas a Uribe y sus ‘tres huevitos’, frente a las preferencias de éste con ‘Uribito’.

De esta manera, ante el pánico desatado por el ascenso de Mockus, Santos se jugó el todo por el todo y contrató al conocido y criticado J.J. Rendón, de Venezuela, eficiente asesor internacional de candidatos presidenciales, con el propósito de cambiar a fondo su estrategia de campaña, que incluyó mensajes directos e indirectos poco éticos.

La ayuda de Mockus

A esta decisión se sumó el mal desempeño mediático de Mockus, quien en los debates televisados desencantó a muchos de sus seguidores iniciales, además de dar declaraciones públicas confusas y despilfarrar la disponibilidad programática heredada de la campaña de Fajardo.

Menos de un mes después, en la tercera semana de mayo, las encuestas mostraban a Santos con 38 por ciento, a Mockus con 36 por ciento, a Sanín con 9 por ciento, a Petro con 7 por ciento, a Vargas entre 4 y 5 por ciento y a Pardo entre 3 y 4 por ciento. Para la segunda vuelta, las encuestas indicaban que Mockus obtendría entre 45 y 48 por ciento, frente a Santos, que conseguiría entre 40 y 43 por ciento.

Las encuestas de la semana previa a las elecciones no se publicaron por la prohibición de la legislación electoral. De esa manera, las dudas persistieron y las huestes de Santos afinaron la ‘guerra sucia’ contra Mockus en las redes virtuales.

Al sol que más calienta

La primera vuelta electoral despejó cualquier duda. Santos obtuvo 6’758.539 votos (46,56 por ciento) y Mockus 3’120.716 votos (21,49 por ciento). Vargas y Petro sorprendieron con 1’471.377 (10,13 por ciento) y 1’329.512 de votos (9,15 por ciento) respectivamente, mientras que Sanín obtenía el 6,14 por ciento y Pardo el 4,38 por ciento.

De esta manera, Sanín fue la gran sacrificada de la campaña, junto con Pardo, que no alcanzó al número de sufragios obtenidos por el Partido Liberal en las elecciones legislativas. En ambas candidaturas se apreciaron los ‘deslizamientos’ de políticos del antiguo bipartidismo hacia ‘el sol que más alumbra’, en este caso Santos y el Partido de la ‘U’.

Perdieron también las firmas encuestadoras por sus pifias, aunque alegaron que los cambios se habían dado en la última semana y que sus encuestas ‘secretas’ lo mostraban. El hecho es que la ‘aceitada maquinaria’ política electoral de la coalición de gobierno dio sus frutos y demostró que sin partidos más o menos fuertes y con representación significativa en los cuerpos colegiados, no se puede competir electoralmente sólo con las volátiles corrientes de opinión pública. Y, como si fuera poco, el manejo de la campaña de Mockus fue desacertado, sumado a la falta relativa de recursos de toda clase frente al ‘arsenal’ de Santos y sus seguidores.

La suerte está echada

Tres semanas después, el 20 de junio, la segunda vuelta electoral ratificó de manera contundente los resultados anteriores, ya que los ‘deslizamientos’ fueron más numerosos hacia Santos, quien sobrepasó los nueve millones de votos (69,05 por ciento), cifra jamás vista en elecciones anteriores.

La votación de Mockus fue decorosa, pues ningún candidato independiente había sacado antes los más de 3 millones y medio de sufragios que él obtuvo (27,52 por ciento).

Quedó claro, además, que las encuestas de opinión difícilmente llegan con sus muestras a pequeños centros urbanos y áreas rurales, que abarcan por lo menos el 20 por ciento de la población. Y a esos lugares sí los cubren las maquinarias electorales.

Mayor gobernabilidad que Uribe

Pero hay un aspecto adicional importante: el constante llamado de Santos a la ‘unidad nacional’ alrededor de su proyecto político durante toda su campaña, con el fin de seducir a grupos dubitativos y de oposición. El 20 de julio, al instalar el nuevo Congreso, la coalición del gobierno que se iniciaba quince días más tarde –el 7 de agosto– sobrepasó el 80 por ciento, cifra sin precedentes en la historia política contemporánea del país.

Sólo el Polo Democrático se declaró en oposición y algunos grupos pequeños siguieron como independientes. Los pocos congresistas del Partido Verde no se pronunciaron al respecto, luego de que pasada la segunda vuelta Mockus evitó usar la palabra oposición frente al nuevo Presidente. Este valioso concepto de la ‘democracia liberal’ globalizada se convirtió en un término nacional vergonzante a partir de la manguala excluyente del Frente Nacional y su legado político clientelista.

Jugando a las escondidas

Con la euforia de muchos por la ‘desaparición’ de Uribe, el Partido Verde se dedicó a jugar con eficacia a las escondidas. Tras un ‘empalme’ circunstancial por la premura de presentar la fórmula presidencial anterior a las elecciones, Fajardo aclaró el 24 de julio en un congreso de ‘Compromiso Ciudadano por Colombia’ en Medellín que había que “diseñar un camino para pasar de la alianza de la elección presidencial a ser integrantes del Partido Verde”. Como dispuso que la discusión para tal efecto fuera abierta, envió una carta a la dirección de ese partido formalizando sus opiniones. Pero no obtuvo respuesta alguna.

Sin embargo, Fajardo y su gente estuvieron el 13 y 14 de agosto en un taller de trabajo de ese partido en Bogotá. Sólo hasta el final hubo oportunidad de un encuentro a las carreras, en el que Fajardo explicó su voluntad de aportar ideas a la par con la evaluación del nuevo gobierno, para evitar caer en los mecanismos tradicionales del contubernio.

De ese taller surgió una inmanejable dirección nacional de 17 miembros, supuestamente más democrática por su representatividad. Compromiso Ciudadano tuvo dos puestos en ese mamotrético cuerpo directivo, incluído un grupo de cinco copresidentes. Pero este evento no se difundió en los medios ni se dijo nada sobre la urgencia de elaborar un proyecto político.

Obras son amores y…

En medio de la frustración provocada por la indefinición ‘verde’ y el silencio posterior, y ante la urgencia de alimentar sin descanso el gran capital político relativo alcanzado en la segunda vuelta, Fajardo hizo pública una carta el 18 de agosto, en la que explicaba la necesidad de avanzar sobre bases políticas sólidas en la construcción de un partido con futuro. Y en ella concluía: “estamos biches”.

La respuesta de Mockus estuvo a tono con sus contradicciones durante la fugaz campaña en que la ‘ola verde’ se desdibujó en la playa: ‘hay que andar sin afanes’. Como si la necesidad de alimentar la construcción de un partido transparente no fuera más perentoria que las urgencias demostradas por la voracidad clientelista y corrupta de los partidos de bolsillo surgidos en los últimos ocho años. Como si tal necesidad no tuviera que ir a tono con la velocidad con que arrancó el nuevo gobierno en su ejercicio del poder.

¿Alcanzará la ‘gasolina verde’?

Tal como lo señaló Pedro Medellín en su última columna de El Tiempo, “El tiempo apremia”. En un proyecto de partido moderno, con votación copiosa pero etérea, sin representación significativa en el Congreso, con liderazgos difusos y con temor a valerse del siempre valioso instrumento de oposición (constructiva, pero no excluyente como la del atomizado Polo), los ‘verdes’ deberían diversificarse en diferentes frentes complementarios para proyectarse con rapidez en la política:

– El electoral, de cara a las elecciones regionales de octubre de 2011;

– El ambiental, para que su identidad no se extinga con el verde biche;

– El de movilización política permanente, alrededor de las consignas de transparencia de la extinguida ‘ola verde’; y

– El programático, para decantar un ideario político necesario que se puede comparar con los proyectos del gobierno y hacer realidad una oposición constructiva.

¿Será capaces los verdes de transformarse en un verdadero partido, dinámico y moderno, sin la inmediatez de una anti política aséptica, sin pretensiones democrateras y con proyección hacia el futuro como alternativa política? Difícil tarea.

* Profesor Honorario de las universidades Nacional de Colombia y de Los Andes.

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