Elecciones en Brasil: Dilma Rousseff versus Jose Serra

Detrás de la contienda electoral que se decide el próximo domingo se esconden las diferencias entre dos gobernantes carismáticos: Lula y Cardoso. Pero ni Rousseff es Lula, ni Serra es Cardoso.

Por: María del Pilar Marulanda

La candidata de Lula

Dilma Rousseff, la candidata oficial del Partido de los Trabajadores (PT), el partido de gobierno, pasó de ser una funcionaria desconocida por la mayoría de los brasileros a alcanzar el 51 por ciento de las preferencias del electorado en las últimas encuestas y estar a punto de ganar la Presidencia de la República Federativa del Brasil, en primera vuelta, contra su principal contendor Jose Serra, candidato del Partido Social Demócrata del Brasil (PSDB) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

El rápido ascenso de Rouseff en las encuestas se debe en parte a que el presidente Luiz Ignácio Lula da Silva, cuya popularidad bordea el 80 por ciento, se ha convertido en su mentor. Durante el último año, Lula ha promovido a la candidata del PT como autora principal del éxito de su gobierno y única capaz de continuar su obra, al punto que el Tribunal Superior Electoral, en repetidas ocasiones, ha investigado al Presidente por posibles violaciones de la ley electoral[1].

¿Quien es esta mujer, con fama de “mano dura”, que fue ministra de Minas y Energía y desde el 2005 ha ocupado el cargo, con rango ministerial, de “Chefe de casa civil”- una suerte de lo que en Estados Unidos se conoce como “Chief of Staff” o jefe del gabinete- de uno de los presidentes más populares de Suramérica?

Nacida en una familia tradicional de la alta burguesía de Minas Gerais, de origen rumano, Dilma, como se le conoce en Brasil, siguiendo la costumbre de llamar a sus líderes por su nombre de pila, fue, como tantos jóvenes latinoamericanos de los años sesenta, una admiradora del Ché Guevara que soñaba con la revolución y con instaurar el primer régimen socialista de su país. En los 70 adhirió a organizaciones trotskistas y fue apresada y torturada junto con otros miembros de la izquierda que combatían la dictadura militar.

Economista de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, con maestría y doctorado de la Universidad de Campinas, Dilma cambió las consignas de la izquierda radical por un desarrollismo que pregona una fuerte presencia estatal en la economía que estimule la inversión en infraestructura, la producción y el consumo[2]. Seguidora de Keynes, afirma que: “Un Estado omiso no es un Estado bueno ni en la prosperidad, ni en las crisis”; creemos en el Estado inductor, que asegura las condiciones para que el crecimiento ocurra… toma medidas para crear un ambiente de negocios adecuado y viabiliza la inversión privada… dialoga con el sector privado… sin necesariamente construir ferrocarriles o hidroeléctrica.”[3]. Al mismo tiempo, Dilma desecha la idea de revertir la privatización de las empresas estatales ya ocurrida y sostiene que “recurrirá tanto al mercado de capitales como a los bancos privados nacionales e internacionales, y a la inversión extranjera”, para obtener los recursos necesarios.

Los méritos del gobierno

Además del apoyo presidencial, el ascenso de Dilma Rousseff se debe a las políticas sociales del gobierno Lula, quien por ellas logró su reelección en el 2006 y construyó tanto la popularidad de su gobierno como las posibilidades de triunfo de su pupila, lo que no debe sorprender, en un país con una de las distribuciones de ingreso más desequilibradas del continente.

Fueron, en efecto, estrategias tales como “Bolsa Familia”, “Luz para todos”, o “Mi Casa, Mi vida”, las que, según sus defensores, desencadenaron un período inédito de desarrollo y justicia social en el país. Más de catorce millones de nuevos empleos formales y 30 millones de personas liberadas de la pobreza, crearon una sensación de bienestar entre los más pobres. Pero además, un real valorizado por los altos intereses que atraen millones de dólares de especuladores externos, abarata los bienes de consumo y pone al alcance de la mano de los sectores menos favorecidos productos siempre añorados como televisores, celulares y carros[4].

Estas medidas se han dado en el contexto de una exitosa reacción a la crisis financiera global, que tiene al país creciendo a tasas por encima del siete por ciento anual. Por eso Dilma puede prometer una nueva era de prosperidad y bienestar para todos[5].

El segundo en las encuestas

Su principal contendor es Jose Serra,[6] representante de la “intelligentzia” social demócrata y hoy cercano a las élites económicas de Sao Paulo, con el expresidente Fernando Henrique Cardoso a la cabeza.

Nacido en 1942 e hijo de un humilde inmigrante italiano, inició su vida pública como presidente de la Unión Nacional de Estudiantes, entidad que entonces gozaba del status de partido político. En la Universidad de Sao Paulo se convirtió en líder de la izquierda contestataria, codeándose con figuras tan destacadas como el presidente Joao Goulart. Su participación en la resistencia contra el golpe del 64 lo condujo al exilio en Bolivia, Chile y Estados Unidos, donde obtuvo una maestría en economía. Contrajo matrimonio con Mónica Allende, bailarina principal del Ballet Nacional de Chile, y llegó a ocupar un cargo en el gobierno de Salvador Allende. A raíz del golpe de Pinochet, fue encarcelado y nuevamente forzado a huir. Se radicó en Estados Unidos donde obtuvo un Doctorado en Economía en la Universidad de Cornell y trabajó en el Institute for Advanced Studies de la Universidad de Princeton.

Tras 14 años de exilio, regresó a Brasil después de la amnistía del 1978, y a partir de entonces se dedicó a la enseñanza y la investigación en la Universidad de Campinas y en el Centro Brasilero de Pesquisa (CEBRAP). Escribió también para la Folha de Sao Paulo.

Su ascenso político comenzó en la Secretaría de Economía y Planificación del Estado de São Paulo (1982-1986). Entre 1986 y 1994 fue diputado federal y senador de 1994 al 2002. Durante los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso fue ministro de Planificación y Ordenamiento (1995-1996) y de Salud (1998-2002). En 2003 asumió la presidencia nacional del Partido Social Demócrata del Brasil, PSDB. En 2004 ganó las elecciones para la alcaldía de su ciudad natal y en 2006 para gobernador del Estado de São Paulo. En el 2002 perdió, en segunda vuelta, la contienda por la Presidencia frente a Lula.

Afectado de una cierta falta de carisma, Serra compite mal con la calidez humana del primer mandatario y el consenso en torno a su figura, que ha puesto al servicio del triunfo de la candidata oficialista.

Sombras de corrupción

A pesar de sus orígenes ideológicos de izquierda, Serra ha sido un feroz crítico del gobierno de Lula. Desde su sede se han revivido las acusaciones sobre el aporte de dinero de las FARC a la campaña electoral del Presidente y se ha descalificado gravemente a Hugo Chávez.

También ha habido cargos por corrupción. La violación del secreto fiscal de miembros del PSDB y de la hija del propio Serra, atribuida al equipo de gobierno, ha revivido las dudas sobre la transparencia del grupo que acompañó a Lula en las elecciones para la Presidencia. A ello se han sumado las violaciones del primer mandatario a la ley electoral, y el silencio que en nombre de la seguridad nacional ha rodeado los gastos de la Presidencia.

Estado vs. mercado, el debate principal

Si bien las diferencias entre los dos candidatos han sido mínimas, los temas más interesentes del debate han girado en torno al esclarecimiento del posible rumbo económico-político de un nuevo gobierno del PT, en particular al papel del Estado y la democracia. A pesar de la prosperidad que se respira, aún se perciben múltiples prejuicios antimercado en las políticas gubernamentales, que podrían continuar con Rousseff. El “sesgo estatizante, el nacionalismo, la reconstrucción del aparato sindical varguista, la aproximación entre el capital privado y el aparato estatal, las tentativas de controlar la prensa, el rechazo a la democracia representativa y los niveles de corrupción”[7], inquietan a las élites liberales, principales opositoras del PT.

Si bien Rousseff ha sostenido que se mantendrá el equilibrio fiscal, el control de la inflación y la política de cambio fluctuante, persiste la desconfianza que genera su origen radical de izquierda, y las medidas económicas que ha tomado, como la de transformar el Banco Nacional de Desarrollo en el gran motor de un crecimiento financiado con recursos públicos, que beneficia a los sectores empresariales amigos del “soberano”, y que hace temer un retorno a la desbocada espiral inflacionaria del pasado. La descontrolada asignación de recursos a organizaciones sindicales y movimientos sociales y la creación de nuevas empresas estatales, repite el eco de un mal apreciado varguismo.

La campaña “petista” (del PT) se ha enfocado en tratar de convencer a los opositores de que los pilares de la economía de mercado y la prosperidad económica están a salvo y de que no se sacrificará el actual esquema macroeconómico ni la estabilidad monetaria en favor de un irresponsable asistencialismo estatal.

Lula, de izquierda y derecha

¿Cómo comprender este feliz maridaje entre una política macroeconómica ortodoxa y un “asistencialismo estatal” más próximo al credo populista? Según el ex presidente Cardoso, la explicación se encuentra en que, una vez en el poder, el PT se derechizó hasta convertirse en un partido social demócrata[8]. Pedro S. Malan, ex ministro de Hacienda de su gobierno describe el proceso. Sostiene Malan, que en el bagaje doctrinario con que Lula y el PT llegaron al poder en el 2002 y el 2006, figuraban:

•Oposición férrea al Plan Real[9], al que calificaban de “pesadilla”;
•Rechazo a las reformas constitucionales tendientes a aumentar la inversión privada en infraestructura, a las privatizaciones y a la apertura comercial;
•Apoyo a la suspensión del pago de la deuda externa e interna y al rompimiento con el FMI;
•Oposición a la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) “porque el precio de la responsabilidad fiscal no puede ser la irresponsabilidad social”.
•Recomendación del Congreso Nacional del Partido sobre “la necesaria ruptura con todo lo previo”.
Según Malan, este radicalismo se tradujo desde mediados del 2002 en una desvalorización de la tasa de cambio de más del 50 por ciento y una inflación del 12,5 por ciento.[10]

La gradual ‘deconstrucción’ de la herencia “petista” se produjo a lo largo del primer cuatrienio de Lula, gracias al favorable contexto internacional de los años 2003 a 2006, que disminuyó la vulnerabilidad externa del país, y a una política macroeconómica no “petista” donde no intervinieron los “economistas estrella” del partido. Malan sostiene que gracias a los avances institucionales y a cambios estructurales, herencia del gobierno anterior, resultaron favorecidos muchos de los programas gubernamentales, incluso los sociales, a los que Lula dio continuidad[11].

Es claro que sin el Plan Real, cuya autoría Lula “usurpa” sin reato, y la LRF, que estabilizaron la economía y llevaron al país por la senda del crecimiento sostenido, ni la exitosa expansión económica ni los avances sociales hubieran sido posibles. “Estamos felices, envueltos en una sensación de bonanza que se deriva de la buena coyuntura económica y de la solidez de las reformas del gobierno anterior”, ha sostenido el ex presidente Cardoso[12].

Es, pues, el éxito del modelo capitalista brasilero actual, con Lula como protagonista más destacado, lo que puede llevar a Dilma Rouseff a la Presidencia. Dicho éxito contribuye a explicar el fracaso de las derechas nacionales en las cuales se percibe hoy al PSDB. Según sus críticos, la derecha, cooptada por la alianza gubernamental, ha sido incapaz de promover una candidatura propia y ha renunciado a la defensa del estado de derecho, la economía de mercado, la libre empresa, el derecho a la propiedad y la democracia representativa[13].

En cambio la derecha sostiene, con Demetrio Magnoli por ejemplo, que Lula “depreda cotidianamente la inteligibilidad de la política democrática”. La fábula del “padre de la Nación” que entrega sus hijos al cuidado transitorio de la “madre del pueblo” pregonada por la campaña de su candidata -señala Magnoli– es la culminación de un rumbo que comenzó aún antes de 2002.

Errores de Serra

A la confusión ha contribuido el candidato Serra quien, a partir de la derechización del PT, ha tenido dificultad para diferenciarse de la candidata oficial. Su aparente repudio a la herencia política del PSDB le ha ido cerrando la posibilidad de analizar críticamente las políticas del gobierno. Y el no confrontarlo con una visión alternativa ha restado claridad a su estrategia y ha dado la sensación de que carece de un programa de gobierno[14].

Según sus críticos, Serra ha pecado de arrogancia al creer que la comparación entre su larga trayectoria política y la breve de la candidata oficial sería suficiente para ganar las elecciones. A pesar de su frágil posición en las encuestas, la campaña de Serra ha prescindido del prestigio del dos veces expresidente Cardoso, y no ha querido explicar que sin las realizaciones de los gobiernos del PSDB, de los cuales formó parte el candidato, los éxitos del PT difícilmente se hubieran podido alcanzar. Por otra parte, el PSDB es paulista en esencia, y tiene una restringida visión del país[15].

Peligros del caudillismo

El debate ha introducido también un elemento adicional de gran interés para Colombia en estas épocas de caudillismos, plebiscitos, desinstitucionalizaciones y corrupción: la democracia. Al pronunciarse sobre el particular, el expresidente Cardoso ha dicho que si bien el edificio de la democracia brasilera y el de muchas de sus instituciones económicas y sociales está terminado, la impunidad en que se mantiene la corrupción que involucra al partido de gobierno demuestra “la vacuidad de las leyes en la práctica cotidiana”[16].

Ante el avance de un populismo que desprecia las reglas del juego y santifica el poder de las mayorías, se vislumbra un retorno a situaciones similares a las creadas por regímenes como el de Getulio Vargas, Perón o Chávez, e incluso el riesgo del fin de la alternabilidad partidista en el poder[17].

El abuso de utilizar el prestigio del presidente, que es personal e institucional, en la pugna política diaria, conlleva el peligro de caer en una simulación política… “Peor aún -ha sostenido Cardoso-, con la masificación de la propaganda oficial y el renacimiento del caudillismo, podrá lograrse la anuencia del pueblo y la complicidad de las élites, como una forma de democracia casi plebiscitaria. Aceptación de las masas en la medida en que se benefician de las políticas económico-sociales; y de las elites, porque estas saben que en ese tipo de régimen, lo que vale realmente es una buena conexión con el que manda. El dirigismo a la brasilera, aún económico, no es tan malo para los amigos del “soberano” o la soberana”. “…Es necesario impedir que los recursos financieros, políticos y simbólicos, del grupo de poder en formación, tengan la capacidad de destruir, no sólo candidaturas, sino un estilo de actuación política que repudia el personalismo como fundamento de la legitimidad del poder y tiene la convicción de que la democracia es el gobierno de las leyes y no de las personas”. Lo que está en juego en las elecciones de octubre –según el expresidente- es una situación que recuerda la de Venezuela hoy: un retroceso democrático en nombre de un personalismo paternal (o tal vez maternal), o un avance en el camino hacia la definitiva institucionalización de la democracia[18].

Rousseff vs. Serra; Lula vs. Cardoso

La contienda electoral se ha convertido así en una disputa entre los seguidores del presidente Lula y los del ex presidente Cardoso. Las diferencias entre un futuro gobierno de uno u otro candidato se percibirán en el énfasis con que defiendan la economía de mercado y las instituciones democráticas y se aparten del populismo caudillista, que están hoy en boga.

Por último, si el temperamento y la personalidad del “soberano” influyen de alguna manera en el destino político de sus gobernados, se diría que el talante de un posible gobierno de Dilma (a quien sus subalternos califican de “durona” porque guarda distancia con sus interlocutores y gobierna con dureza poco acorde con el suave temperamento de los brasileros), será menos mediático que el de Lula, cuyo carisma, efusividad y bonhomía aproximan con facilidad a personas de cualquier jerarquía o tendencia política, incluso aquellas a quienes apenas conoce. El contenido político del futuro gobierno podría ser relativamente el mismo que el del actual. Pero la forma “tan decisiva hoy como el contenido” -como sostiene Clovis Rossi-[19], puede alterarse fundamentalmente.

En todo caso, quien asuma la Presidencia de esta gran potencia emergente, podrá influir con peso específico sobre el rumbo de la economía y la democracia regionales. Siempre que se lo proponga, eso sí.

* PhD. en Estudios Latinoamericanos.

Notas de pie de página

——————————————————————————–

[1] Cabral, Otavio:”Nas barbas da justiça” Veja. Ed.2156. Año 43 No. 20 Pg.73 Sao Paulo. 19/5/2010 (Traducción libre)

[2] Pimenta, Angela: “O que ela quer para o Brasil” EXAME. Ed.967. No.8. Año 44. 5/5/2010:137. (Traducción libre)

[3] Pimenta, Angela, Lahoz, André, Vasallo, Caludia, “Entramos Numa nova era de prosperidade” Entrevista. EXAME. Ed.967. No.8. Año 44 5/5/2010:140:140 (Traducción libre)

http://www.folha.com.br

[5] Pimenta, Angela, Lahoz, André, Vasallo, Caludia, “Entramos Numa nova era de prosperidade” Entrevista. EXAME. Ed.967. No.8. Año 44. 5/5/2010:140 (Traducción libre)

[6] Datos biográfico extraidos de http://es.wikipedia.org

[7] http://www.estadao.com.br “Em feitio de exceção” Kramer, Dora. (Portugués.Traducción libre) Consultado:13‒09‒2010/0h:00

[8] De acuerdo con Bernstein, la social-democracia, un socialismo democrático, enfatiza los valores de la equidad y la solidaridad, y aunque reconce la economía de mercado, y las instituciones representativas de la democracia liberal, entiende el Estado como principal motor de la economía y la inversión social.

[9] El Plan, concebido por Cardoso como Ministro de Hacienda del gobierno de Itamar Franco, se aplicó durante su ejercicio de la Presidencia (1994‒1998).

[10] http//:www.estadao.com.br “EL legado Lula, y el PT: 2002 e 2006” Malan, Pedro S: Artículo. Consultado 26/08/2010.:02h46 (Portugués.Traducción libre)

[11] Idem.

[12] http://www.estadao.com.br “Democracia virtual” Cardoso, Fernando Henrique. Artículo. (Portugués.Traducción libre) Consultado:05‒09‒2010/0h:00

[13] http://www.estadao.com.br. “A democracía e as oposições” Lerrer Rosenfield Denis. Artículo. Consultado 13‒09‒2010. (Portugués.Traducción libre)

[14] http://www.estadao.com.br. “A escolha de serra, parte 2” Magnoli, Demetrio. Artículo ‒ 2‒09‒10 (Portugués.Traducción libre)

[15] http://www.estadao.com.br//. “A democracía e as oposições” Lerrer Rosenfield Denis. Artículo. Consultado 13‒09‒2010. (Portugués.Traducción libre)

[16] http://www.estadao.com.br “Democracia virtual” Cardoso,Fernando Henrique. Artículo. (Portugués.Traducción libre) Consultado:05‒09‒2010/0h:00

[17]http://www.estadao.com.br “Em feitio de exceção” Kramer, Dora. (Portugués.Traducción libre) Consultado:13‒09‒2010/0h:00

[18] http://www.estadao.com.br “Democracia virtual” Cardoso, Fernando Henrique. Artículo. (Portugués.Traducción libre) Consultado:05‒09‒2010/0h:00

[19] ( http://www.folha.com.br. “Mesma politica mesma efusao”, Artículo. Rossi, Clovis. Consultado el 23‒08‒2010. (Portugués.Traducción libre)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s