¿Dónde está la oposición?


El presidente Santos ha ido más allá de lo esperado. Uribe comienza a resentirse, piensa blindarse en Bogotá, y en los pasillos del Congreso empieza a percibirse el forcejeo.

Por: Hernando Gómez Buendía

Los dos uribismos

Se los llamaba el uribismo rural y el uribismo urbano. Ambos por supuesto apoyaron la Seguridad Democrática y para ambos el problema de Colombia son las FARC. Pero al uribismo urbano le importaba sobre todo acabar con los secuestros, regresar a sus fincas de recreo y que fluyera la inversión extranjera. Al uribismo rural en cambio le interesaba consolidar sus latifundios y su control político, económico y social de las regiones “apartadas” -o no tan apartadas‒ del país.

El uribismo urbano es cosmopolita, pero al rural lo tiene sin cuidado lo que piense, lo que diga o lo que haga “la opinión mundial”.

Álvaro Uribe ‒como sabemos todos y como él no lo esconde‒ es hacendado de oficio y de mentalidad. Durante sus ocho años de gobierno, la coalición o el “bloque” en el poder estuvo dominada por el ala que podría llamarse “ganadera” o “regional” del uribismo: los más directamente amenazados por las FARC, los más duros y los más impacientes con las trabas que el Estado de Derecho implica para acabar con los narcoterroristas y sus cómplices.

Después de tantos años de conflicto armado y a raíz del fracaso de El Caguán, la clase alta acabó por delegar en los terratenientes la “solución definitiva” del problema guerrillero. Y los terratenientes por eso y para eso ocuparon las más altas posiciones del poder.

Los que tienen, los que no tienen

El presidente Santos es Santos. Tiene finca de recreo en Anapoima pero no es un finquero de provincia sino un cachaco con periódico y con máster. Su elección a la sombra de Uribe en realidad significa que el predominio en el bloque de poder pasó o está en proceso de pasar del ala rural al ala urbana del uribismo es decir, a la clase alta más tradicional.

En casi toda América Latina o en Europa, la tensión principal de la política es entre los que tienen y los que no tienen: oposición y alternación entre una derecha pro-orden y una izquierda pro-cambio. Por eso algunos creen que en Colombia la oposición es el Polo, otros que tal vez los Verdes, y hasta se dijo que el Partido Liberal. Pero no: la existencia de la guerrilla aquí ha servido para demonizar las luchas populares y para que la izquierda ni se pueda organizar ni logre despegar.

La política colombiana se debate entonces entre la derecha y la extrema derecha. Bajo el Frente Nacional y hasta Pastrana hijo, la “élite” tradicional o más o menos (aquí pienso en Turbay) dominó el bloque de poder, y la derecha dura estuvo en la segunda fila. Fueron los años largos del “reformismo progresista”, de los “MIT” (manzanillos-y-técnicos) de la política de caballeros (más o menos), de lo que yo entonces llamaba “el mar de babas” porque los presidentes iban y venían sin hacer fú ni fá.

Pero esa fue la gran ruptura histórica de Uribe: el desespero y el odio general contra las FARC pusieron a la derecha dura en la primera fila del gobierno, y por fin un presidente hizo algo ‒pelear contra las FARC‒, además de pelear con medio mundo por su supuesta complicidad con las FARC.

A Juan Manuel Santos le bastó con no nombrar a nadie de la derecha dura (salió de Arias con lo de la Embajada que encalló, y Vargas Lleras es derecha aguada por la pelea que Uribe le casó). Le bastó sobre todo con dejar de insultar ‒a Chávez, a Piedad, a la Corte Suprema, a “la opinión internacional”‒ para tener lo que con cierto exceso de optimismo denomina él y denominan los periódicos la “unidad nacional”.

Esa fue la parte fácil porque los buenos nombramientos fueron bien recibidos y porque insultar tiene costos a cambio de los cuales no hay ningún beneficio. Tampoco era difícil reunirse con Chávez, con Correa y con los magistrados de las Cortes, o prometer que su gobierno construirá “un millón de viviendas dignas” y “creará dos y medio millones de empleos formales”. Luna de miel y amigos en la prensa, nada más.

Pasos de animal grande

Pero el gobierno de Santos ya ha ido más allá. La Ley de Tierras y el comienzo de las devoluciones que están pisando callos. La Ley de Víctimas que había hundido Uribe. La Ley de Seguridad Ciudadana, que no es contra las FARC. El Ministerio de Justicia para atender a los jueces. El proyecto de Regalías que sacaría plata de “regiones apartadas”. El Estatuto de la Oposición, para dejar de insultar y perseguir a los contradictores. Y con el PIN ni pío…

Es un proyecto de país distinto del de Uribe y contra el cual Uribe está empezando a hablar. Dijo que la propuesta ley de reparación a las víctimas sería “demasiado costosa” para el fisco y que “los agentes del Estado no se pueden equiparar con terroristas”[1]. Al ministro de Agricultura le formuló “ciertas observaciones técnicas” sobre la Ley de Restitución de Tierras, incluyendo “el efecto nocivo que tendría sobre la inversión en el campo”[2]. Y desde su residencia en el Centro de Estudios Superiores de la Policía Nacional, sigue dedicado a trabajar y trabajar y trabajar en defensa por supuesto de sus tres huevitos.

La tensión se está sintiendo en las filas de la U. El director del partido Juan Lozano “abre fuego” contra tres ministros del nuevo gobierno pero aclara de inmediato que “mi reto fundamental es preservar el legado de Uribe y asegurar el éxito del gobierno Santos”[3]; y el pobre presidente del Senado, Benedetti, confiesa que “cuando uno se va a mover es un poco aparatoso, porque toca repartirse entre los dos jefes, entre los dos amigos”[4]. El pobre partido conservador por su parte le pide al señor ex presidente que no lo deje huérfano, en las manos de Santos, o que “no vaya a asumir la dirección del partido de la U”[5].

¿Álvaro qué?

Por debajo parece que se mueven las aguas más espesas. El ministro Vargas Lleras ha insinuado en muchos tonos que la Corte Suprema descarte la terna para Fiscal, o sea que este gobierno prefiere un Fiscal no uribista. Los medios de comunicación, santistas por razón obvia, le han bajado el volumen al que durante tantos años fue su gran protagonista (¿Álvaro qué”?).

Las revelaciones de prensa, las investigaciones y las sanciones de la Fiscalía y de la Procuraduría acerca de las chuzadas del DAS, de las tierras que el INCODER (Instituto Colombiano de Desarrollo Rural) les regaló a los paramilitares, de las piñatas de Agro Ingreso Seguro y de la DNE (Dirección Nacional de Estupefacientes) o de los contratos de obras públicas bajo el gobierno anterior hacen cada día más ruido y suben más arriba de la pierna.

El ex presidente pone a rodar su candidatura a la Alcaldía de Bogotá para advertir de paso que está vivo y que a él no se le puede tocar. Y sobre todo en los pasillos del Congreso se ve venir un pulso entre Seguridad Democrática y Prosperidad Democrática que muy probablemente será el eje de la vida política en los años que vienen.

No izquierda contra derecha, sino derecha contra ultraderecha. Y aún entonces, ¿será que Santos se la juega de verdad?

Notas de pie de página
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[1] http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-229204-uribe-critico-ley-de-victimas-busca-aprobar-el-gobierno-de-santos

[2] Oscar Montes, “Un segundo aire para la Ley de Tierras”, El Heraldo, Octubre 11, 2010

[3] Entrevista de Edulfo Peña, Octubre19, 2010
http://www.eltiempo.com/politica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8147040.html

[4] Entrevista de María I. Rueda, Octubre 19 2010
http://www.eltiempo.com/politica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8147201.html

[5] http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/inicio/archivo/33972-conservadores-piden-a-uribe-no-ser-jefe-de-la-u.html

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