La debacle del Partido Demócrata estadounidense y la desaparición de la izquierda/centro-izquierda


Una tendencia mundial :: Los regímenes de centro-izquierda están pagando un alto precio electoral por sacrificar a las clases trabajadoras para salvar a los banqueros.

Por: James Petras

Introducción

El descalabro electoral del 2 de noviembre de 2010 del Partido Demócrata en Estados Unidos no puede atribuirse únicamente al fracaso de las políticas del Presidente Obama, a los líderes del Congreso o a sus asesores económicos de alto nivel. Tampoco la desaparición de lo que pasa por ser el “centro-izquierda” en EEUU se limita a este país, sino que es un modelo de amplitud mundial que se manifiesta en países tan diversos como Grecia, Portugal, España, Gran Bretaña y Japón.

La pregunta fundamental que cabe hacerse es por qué los partidos gobernantes de izquierda/centro-izquierda están en crisis por todas partes y qué es lo que podemos esperar en un futuro inmediato.

La izquierda y centro-izquierda: Vencedores del pasado, perdedores del presente

En el pasado, los partidos izquierdistas fueron los beneficiarios de las crisis capitalistas: los regímenes conservadores responsables de las mismas, que habían presidido las recesiones económicas o habían sido responsables de las debacles militares, se vieron expulsados del poder por partidos izquierdistas preparados para realizar inversiones a gran escala y largo plazo en el sector público, que se financiaban con impuestos progresistas sobre la riqueza y el capital, y para imponer programas de austeridad a los ricos y acomodados.

Por el contrario, hoy en día los regímenes de izquierda/centro-izquierda (I/CI) presiden economías capitalistas plagadas de crisis y administran políticas socioeconómicas regresivas diseñadas para promover la recuperación de las grandes corporaciones y empresas financieras mientras van recortando y eliminando salarios, programas de bienestar social, pensiones y prestaciones por desempleo.

Como consecuencia, la I/CI se ha convertido en la principal perdedora política de las actuales crisis económicas, recibiendo la hostilidad y rechazo de la gran masa de sus antiguos seguidores de la clase obrera y asalariada.

En cualquier lugar donde la izquierda resultó elegida en los últimos años, se ha ido desarrollando una profunda polarización entre su base electoral y la dirección del partido gobernante. En ningún país se ha atrevido la izquierda a transgredir el poder y prerrogativas de la misma clase capitalista de banqueros e inversores que causaron la crisis. Bien al contrario, con una lógica perversa y reaccionaria, los partidos de izquierda/centro-izquierda se han servido del poder establecido para refinanciar el capital mediante el tesoro, utilizando la policía y el poder judicial para reprimir a las clases trabajadoras, justificando sus políticas regresivas a través de los medios de comunicación de masas (utilizando sobre todo la histeria ante el “caos”).

En Grecia, el Partido Socialista Pan-Helénico (PASOK) ha despedido a decenas de miles de funcionarios públicos, y sus restrictivas políticas fiscales han hecho que el desempleo suba del 8% al 14%. Se ha aumentado la edad de jubilación, reducido las pensiones y las prestaciones sociales e incrementado las tarifas por los servicios públicos, mientras los banqueros nacionales y extranjeros, los armadores y los inversores extranjeros se han beneficiado acumulando a un coste mínimo propiedades y empresas con dificultades.

En España y Portugal se han adoptado políticas similares, recortándose drásticamente los puestos de trabajo y los salarios de los funcionarios públicos, reduciendo pensiones y prestaciones sociales, liberalizando la seguridad en el trabajo, permitiéndose ahora que los empresarios contraten y despidan trabajadores a su libre albedrío como nunca antes había sucedido.

Antes de la derrota del Partido Laborista británico, después de más de una década promoviendo las salvajes especulaciones financieras e inmobiliarias no reglamentadas que llevaron a la crisis económica, los dirigentes laboristas estaban planificando despidos masivos y recortes en los programas sociales.

En Estados Unidos se eligió a Obama y a los demócratas en función de sus promesas de abordar las quejas y protestas de los trabajadores y asalariados que habían sufrido el colapso de Wall Street. Sin embargo, la Casa Blanca se dedicó a verter miles de billones de dólares de los impuestos para rescatar a las grandes instituciones especulativas y financieras responsables del colapso, mientras el desempleo y el subempleo subían a más de un 20% y más de diez millones de propietarios de casas perdían sus hogares a causa de las ejecuciones hipotecarias.

¿Por qué la izquierda/centro-izquierda profundiza la crisis?

En los últimos treinta años, los partidos I/CI, que una vez se identificaron con los intereses de las clases trabajadores y las reformas sociales, se han empotrado profundamente en la administración del sistema capitalista, llegando hasta a promover las formas más parasitarias y volátiles del capital especulativo. Mientras los beneficios capitalistas y las inversiones capitalistas seguían creciendo, los regímenes de I/CI creían que a través de los impuestos podrían acumular ingresos suficientes que permitieran un nivel de gasto social que pacificara a sus circunscripciones de voto popular. Sin embargo, los partidos de I/CI han eliminado sistemáticamente los últimos vestigios de bienestar social o redistribución alternativa socialista.

El liderazgo político de I/CI no estuvo siquiera dispuesto a considerar alguna alternativa que frene su promoción de políticas a favor de las grandes corporaciones e intereses bancarios que crearon la crisis financiera. Cuando se produjo la gran crisis de 2007-2010, todos los dirigentes de I/CI estaban ya tan profundamente empotrados en las instituciones, políticas y prácticas de las principales estructuras financieras privadas, que la única solución que fueron capaces de proponer fue la de sacrificar la tesorería pública para restaurar la rentabilidad de las instituciones especulativas y dirigentes capitalistas. Es decir, que los partidos europeos y estadounidenses de I/CI estaban dispuestos a aniquilar cincuenta años de avances sociales. Los lazos del pasado con sus votantes de las clases trabajadoras, aliados sindicales, funcionarios públicos y pensionistas acabaron rompiéndose. El único objetivo en el que se volcaron los partidos de I/CI fue en restaurar las condiciones de rentabilidad que benefician a los grandes inversores nacionales y extranjeros.

Esta recesión económica ha obligado a los partidos de I/CI a abandonar cualquier excusa que pudiera satisfacer tanto a banqueros como empleados públicos, corporaciones y trabajadores, inversores y pensionistas. La crisis ha puesto de manifiesto la profunda distancia que separa a los dirigentes de los partidos de I/CI de las clases trabajadoras.

Las salvajes medidas de austeridad repetidamente impuestas cada 3-6 meses sobre las clases trabajadoras, en contraste con las vastas y repetidas subvenciones al capital, revelan la auténtica vocación de los actuales regímenes de I/CI. No hubo nada que elegir: Desde que entraron en el gobierno y desde sus principales nombramientos económicos hasta sus consiguientes acuerdos con los bancos mundiales más importantes, resultó obvio que los regímenes de Papandreu (Grecia), Sócrates (Portugal), Zapatero (España) y Obama (EEUU) estaban dispuestos a utilizar todo el poder del Estado para salvar el capital sacrificando a las clases trabajadoras.

Consecuencias de las políticas y prácticas de los partidos de I/CI

Desde el principio, los partidos de I/CI decidieron que había que negociar (y conceder) todo con los banqueros y nada que negociar y comprometer con las clases trabajadores. La recesión era demasiado profunda, las instituciones e intereses capitales eran “demasiado grandes para dejar que quebraran” y los trabajadores eran, a los ojos de los partidos de I/CI, totalmente prescindibles: “Dejemos que marchen y griten por las calles”. El desempleo y el subempleo alcanzaron dos dígitos por todas partes. Los viejos sistemas de conciliación entre sindicatos y partidos de I/CI fueron objeto de intensas presiones en todos los lugares (excepto en EEUU y en Gran Bretaña) de los trabajadores en las asambleas de fábrica, de los funcionarios en las oficinas y de los pensionistas en los centros de la tercera edad.

Las huelgas generales se repitieron en Francia, España, Portugal, Grecia e Italia. Los regímenes de I/CI se negaron absolutamente a hacer cualquier concesión a los trabajadores. La crisis y la política de austeridad se convirtieron en la base para una auténtica guerra de clases. Los regímenes de I/CI estaban decididos a eliminar cincuenta años de avances conseguidos por la clase trabajadora. Las huelgas generales fueron batallas defensivas para proteger unos niveles de vida decentes que tanto esfuerzo costaron. Los trabajadores de cualquier país de Europa supieron de las abominables condiciones sociales y de trabajo en EEUU, donde los sindicatos se han convertido en felpudos y los millonarios jefes de los mismos continúan utilizando fondos sindicales para financiar a los demócratas y proteger los privilegios de los burócratas y los ricos.

Conclusión

Los regímenes de I/CI están pagando un alto precio electoral por sacrificar a las clases trabajadoras para salvar a los banqueros: la reciente derrota electoral de Obama es sólo precursora de las futuras pérdidas de los socialistas españoles, griegos y portugueses y de otros regímenes de I/CI. Sus políticas de austeridad les han puesto “entre la espada y la pared”: Se han alejado de los trabajadores fortaleciendo a la clase capitalista, que ya tiene sus propios y “naturales” partidos capitalistas conservadores. Avanza por todas partes la “derecha dura”, detectando en la debacle del centro-izquierda una oportunidad para profundizar y ampliar el asalto frontal contra los derechos de las clases trabajadoras, el bienestar social y cualquier apariencia de protección jurídica.

Enfrentados a estos ataques, la principal defensa de los trabajadores militantes del sur de Europa es la huelga general (totalmente desaparecida de EEUU desde hace más de un siglo). Pero incluso así, dado el apoyo feroz de todas las clases gobernantes de Europa (y de EEUU) a las políticas de austeridad regresiva, está cada vez más claro que no basta con la experiencia positiva de la solidaridad masiva de clase. Grecia ha tenido media docena de huelgas generales. Francia cerró con una huelga a nivel nacional. En España hay mucho aún por llegar. Pero sus gobernantes de I/CI se aprestan a seguir rebajando y quemando, ahora y en los años que están por venir, los derechos y los niveles de vida de los trabajadores.

¿Qué se necesita para detener e invertir al monstruo capitalista? Está claro que los partidos de I/CI, tal como les conocemos, son parte del problema y no la solución. ¿Surgirán nuevos movimientos y partidos de la clase trabajadora que puedan combinar las huelgas generales masivas con los desafíos al poder del estado? El creciente poder electoral de la derecha ¿podrá llevar a un aumento paralelo de la izquierda?

Por ahora, poco o nada de polarización política entre la izquierda y la derecha aparece por el horizonte en EEUU, donde la mayoría de los líderes sindicales y movimientos sociales están vinculados al Partido Demócrata. En Europa, en contraste, especialmente en Francia, Grecia, Portugal y España, continuarán, y quizá se intensifiquen, las luchas masivas extraparlamentarias, aumentando el espectro de posibles levantamientos populares mientras las condiciones siguen deteriorándose.

James Petras es profesor emérito de Sociología en la Universidad de Binghamton, Nueva York. Es autor de 64 libros traducidos a 29 lenguas y ha publicado más de 2.000 artículos. Su último libro es “Global Depresión and Regional Wars”, Clarity Press (2009).

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