El futuro de Alemania pinta verde

El partido ecopacifista supera el 20% en los sondeos y se dispone a conquistar varios gobiernos regionales en 2011. Con ideas de base izquierdistas, pero más actualizadas y contemporáneas, los verdes han sabido acaparar poco a poco a los votantes desencantados del Partido Socialdemócrata (SPD). Por otro lado, logran atraer a los desilusionados seguidores del Partido Liberal (FDP). Los presidentes son el periodista y pedagogo Cem Özdemir, hijo de inmigrantes turcos; y Claudia Roth, antigua dramaturga y manager de un grupo derock, crítica con la iglesia, y defensora acérrima de los derechos de la mujer y de los homosexuales.

El que siembra, recoge, reza el proverbio. Si hay alguien que puede disfrutar ahora de una buena cosecha, es el Partido Verde de Alemania. El año que está punto de terminar se ha hecho eco de un fenómeno sin precedentes: la crisis económica ha dejado hueco a los temas medioambientales, que han dominado en gran parte la agenda política del país. Desde el tren de residuos nucleares castor, hasta la prolongación de la vida útil de las centrales nucleares, pasando por proyectos ferroviarios, el medio ambiente ha cobrado tanto protagonismo como para llegar a poner en apuros a la canciller y los suyos, mientras que los verdes son los principales beneficiarios.

Sin duda alguna, han sabido tener el don de la oportunidad y no dejan de escalar posiciones; hasta 12 puntos en intención de voto han aumentado en sólo un año, lo que les sitúa como la tercera formación del país con más del 20% en intención de voto a nivel nacional. Si las encuestas aciertan, en 2011 los verdes podrían hacer historia al conquistar los gobiernos en los estados federados de Baden-Württemberg y Berlín.

Este año, los temas medioambientales han dominado la agenda política

Los recientes acontecimientos han resucitado la conciencia verde de todo el país, algo que recuerda a los movimientos ecopacifistas de la década de los setenta, que fueron el origen de los verdes. El partido inició su carrera, como tal, al hacerse un hueco en elBundestag, la cámara baja del Parlamento alemán, en 1983. A partir de ese momento, el partido estuvo siempre marcado por el debate interno entre dos posturas: la del fundamentalismo radical izquierdista y la del ala llamada “realista” del pragmático Joschka Fischer.

El binomio se saldó con el carismático Fischer imponiéndose como líder. Sin embargo, el estilo agresivo del político quedó patente cuando al mando del Ministerio de Asuntos Exteriores entre 1998 y 2005 defendió la intervención del Ejército germano en los conflictos de Kosovo y Afganistán. Si bien el partido alcanzó una madurez que necesitaba, también lanzó por la borda el pacifismo que le caracterizaba en sus orígenes.

Hoy, 40 años después, Die Grünen han dejado atrás la imagen de grupo de minorías gracias a la resurrección de las protestas ecologistas masivas que comenzaron el pasado septiembre, cuando Merkel alargó la vida útil de las 17 centrales nucleares. Con la prórroga, Alemania abandona el apagón nuclear que programó hace dos legislaturas el ex canciller de la coalición socialdemócrata-verde Gerhard Schröder para 2022.

La prolongación de la vida de las centrales nucleares provoca protestas

Parar el tren atómico

El furor terminó de desatarse poco después con el viaje del castor, el tren cargado con toneladas de residuos radiactivos, que partió desde el norte de Francia con destino al basurero nuclear establecido en la mina de sal de Gorleben, en Baja Sajonia. Aunque el convoy consiguió llegar a la meta, lo hizo con más de un día de retraso. Las marchas antiatómicas llegaron a concentrar más de 25.000 activistas, una cifra récord en los 33 años de historia del castor. Un tanto más para los ecologistas.

La gota que colmó el vaso fue la construcción del proyecto bautizado como Stuttgart 21, que aspira a convertir la estación principal de Stuttgart en un nodo ferroviario europeo a nivel subterráneo, que conecte París, Viena y Budapest. Hace falta derribar la estación (de 1919), y unos 300 árboles centenarios. La ciudad fue durante meses escenario de las manifestaciones más violentas de los últimos años, y la tensión provocó que el Ejecutivo decidiera detener las obras durante meses.

Merkel no deja de lamentarse de que ser activista vuelva a estar de moda

Merkel no deja de lamentarse de que ser activista vuelva a estar de moda. Los verdes marcan casi tendencia, al atraer fundamentalmente a las clases medias progresistas y posmaterialistas. El perfil del votante de Die Grünen es una mujer, de Alemania occidental, con nivel cultural medio-alto. El ser ecologista encarna el sentimiento de todos aquellos que no tienen coche, se desplazan en bicicleta, utilizan energía “limpia” en sus viviendas y viven en áreas urbanas acomodadas.

Con ideas de base izquierdistas, pero más actualizadas y contemporáneas, los verdes han sabido acaparar poco a poco a los votantes desencantados del Partido Socialdemócrata (SPD). Por otro lado, logran atraer a los desilusionados seguidores del Partido Liberal (FDP). Los presidentes son el periodista y pedagogo Cem Özdemir, hijo de inmigrantes turcos; y Claudia Roth, antigua dramaturga y manager de un grupo derock, crítica con la iglesia, y defensora acérrima de los derechos de la mujer y de loshomosexuales.

Año electoral a la vuelta

El tirón de los verdes es tal que hace unas semanas decidieron tomarse el lujo de romper el único contrato de coalición que tenían con la CDU de Merkel, con la que gobernaban en Hamburgo desde 2008, alegando falta de consenso. La buena coyuntura les da alas cara a las elecciones anticipadas en esta ciudad-estado, que se celebrarán el próximo febrero.

Si las previsiones se cumplen, el partido puede hacer historia en 2011: en las elecciones de marzo en Baden-Württemberg podría arrebatar a los cristianodemócratas su principal feudo. Los verdes liderarían un gobierno de coalición junto con el SPD, al que supera en intención de votos según algunos sondeos. Pero el gran drama podría venir de la mano de las elecciones de Berlín, donde la verde Renate Künast amenaza con hacerse con el mítico bastión socialdemócrata del Senado berlinés en los comicios regionales de septiembre.

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