Elecciones municipales 2011: Coaliciones al mejor postor. A ver quién da más


Por: Alfredo de León Monsalvo

Una cara es el alcalde y otra es el Concejo

Mientras el mundo cambia en sus formas de innovar la democracia. Cuando los movimientos sociales se renuevan, como es el caso de las actuales protestas estudiantiles en nuestro país contra la reforma a la Ley 30, el clientelismo como relación política se acentúa y se fortalece, tal como quedó demostrado en la recientes elecciones municipales de Colombia.

Con un alto índice de pobreza e indigencia, así como de subempleo –ya que, según el Dane, el desempleo ha ‘bajado’ en razón a que el colombiano pasa del trabajo precario de subcontratista al rebusque total–, la ‘TLC’ en sus diversas formas: Teja-Ladrillo-Cemento o Tamal-Lechona-Cerveza, se ha constituido en una de las expresiones de mover o aceitar la maquinaria en época electoral.

Por lo anterior, no es extraño que la mayoría de concejales de Bogotá involucrados en el llamado “carrusel de la contratación” haya salido electa una vez más, y casos como el de Severo Correa y Jorge Durán Silva y compañía logren quedar por toda una vida como cabildantes capitalinos. Tales personajes, para haber logrado sus objetivos se amparan en una gran burocracia que por años han ido construyendo en la administración distrital a través de negociaciones con los alcaldes de turno, y, quién lo creyera, con los burgomaestres del Polo Democrático, partido político que en su momento surgió para luchar contra el clientelismo y la corrupción.

Amén de puestos, cualquier concejal en ejercicio es un dinamizador de favores, en comunidades necesitadas y como intermediario en los contratos de obras, elementos que favorecen con medios y recursos para ‘aceitar’ la maquinaría en época electoral, incluyendo la compra de votos. Por tales razones, mientras en algunas partes se producen significativos cambios políticos en la Alcaldía con un fuerte voto de opinión, caso Bogotá y Medellín, para citar un par de ejemplos destacados, en los concejos distritales o municipales permanecen las mismas caras con las mismas mañas.

Pero no todo es reelección para los fuertes concejales dispensadores de burocracia, ‘TLC’ y compra de votos, ya que en la competencia por los presupuestos municipales siempre hay nuevos actores y jugadores dispuestos a entrar a competir por la torta, razón por la cual, en las elecciones del pasado 30 de octubre, en muchas ciudades del país se presentaron ‘ahogados’ ilustres y desconocidos que llegaron al concejo casi siempre con apoyo de grandes recursos y burocracia parlamentaria de por medio. Si no, ¿cómo explicar que los delfinatos Serpa y Turbay hoy sean concejales de Bogotá, cuando ayer no conocían un humilde barrio de la capital de la República? Recordemos que la familia Turbay fue de las más favorecidas con la corrupción imperante en Saludcoop, a costa de la salud de millares de colombianos.

Cuánto me das y yo te apoyo

Más que ideas de cambio, o lo que algunos analistas pudieran llamar “visión del mundo”, lo que estaba en juego en las recientes elecciones municipales eran formas de control del presupuesto municipal en la mayoría de los municipios colombianos. No en vano, cuando un partido político percibía que no contaba con candidato apto para ganar o, lo que es peor, no disponía de recursos suficientes para imponer su maquinaría, se arrimaba al sol que más alumbrara.

Como ejemplo de lo anterior, podemos citar al ‘glorioso’ y siempre aprovechado burocráticamente partido conservador, tan dado a estar de perdedor pero de ganador presupuestal. En Barranquilla se alió a la chequera de Fuad Char, dueño y señor de Cambio Radical, a quien le apoyó su candidata a la Alcaldía, Elsa Noguera; y para la gobernación encontró en el perdedor Jaime Amín un aliado moribundo ante el sepulcro de José Name Terán. Y así lo hizo en gran parte del país, al punto que, a última hora, se subió al bus de lo que creía que era el inminente triunfo de Peñalosa en Bogotá.

Aquí es bueno aclarar cómo se dan las llamadas coaliciones electorales, que surgen de varias situaciones:
El aspirante a un cargo de alcalde o gobernador, por iniciativa individual o de un partido político, lanza su nombre al ruedo electoral. Observa y analiza qué tanta acogida tiene en los medios y la ciudadanía, pero sobre todo en aquellos sectores clientelistas y dueños del poder burocrático que puedan ayudarle.
Llegado al caso de que su candidatura tenga arraigo, se producen dos situaciones: una, que los contratistas, los dueños de la burocracia y el voto amarrado, y los financiadores de campaña le apoyen con previas condiciones; dos, que los anteriores, principalmente los dueños de la burocracia, le cobren un peaje por apoyarle, peaje que, el caso del Atlántico, ha podido estar en las pasadas elecciones entre 500 y 1.000 millones de pesos, aunque algunos dicen que es mucho más. Esto es lo que cobraba un senador oriundo de ese departamento por apoyar una candidatura a la gobernación del Atlántico. Los valores de los peajes dependen de los presupuestos municipales, así como del ‘calor’ de la competencia al cargo de turno.
Quien paga es quien aspira. Es decir, en este caso, los apoyos le llegaron a Amín por recursos económicos y no por ideas. El aspirante compra los apoyos, y lo hace para aglutinar votos cautivos o llega a complicados acuerdos burocráticos y de contratos con tal de ganar. Peñalosa le vendió su alma al diablo de la U en Bogotá con tal de no perder una vez más su aspiración a la Alcaldía del Distrito Capital. Aposto y perdió. Pero a veces se gana.
En Cali, por ejemplo, ante el fuerte avance del hoy ganador alcalde Rodrigo Guerrero, todos los pelambres de la burocracia, llámense partido conservador, PIN, U y, ¡quién lo creyera!, hasta el liberal, se unieron en un solo bloque en torno a Milton Calderón. En caso contrario, la senadora Dilian Francisca Toro, al olfatear que el ganador era Guerrero, a última hora lo apoyó.

Pero ocasionalmente las coaliciones se dan también por enemistades o cobros de viejas venganzas. Eso les pasó al candidato de la U a la Alcaldía de Medellín y al candidato conservador a la Gobernación de Antioquia, donde el otrora poderoso Valencia Cossio, cuyo hermano, cabeza de la Fiscalía seccional, fue condenado por paramilitarismo, decidió apoyar a los contrarios de ayer, es decir, al liberal Aníbal Gaviria y al independiente vestido de verde Sergio Fajardo. ¡Qué paradojas de la vida! A decir de Rubén Blades, “sorpresas te da la vida”.

Las coaliciones son producto de la necesidad por no perder la burocracia existente. Nadie quiere quedarse por fuera de aquella, ya que es el sustento de la vida activa en política de cualquier político tradicional colombiano. Incluso, hasta de la izquierda misma. Sin burocracia, el político colombiano es un indigente y, para llevar esa vida no están nuestros dirigentes políticos o, si no, miremos al liberalismo hoy santista, cuando ayer Pardo fue chuzado y acusado de cómplice del terrorismo de las farc por el actual mandatario.

Las coaliciones son una amalgama de intereses que se unen en torno al presupuesto. A decir del potentado senador conservador Roberto Gerlein, en Colombia “el único partido político que existe en el Congreso es el partido del presupuesto”.

A pesar de todo, en medio de la oscuridad brilla el sol

Pero no todo es burocracia o clientelismo ni hay barreras infranqueables, y, a pesar de todo, David le puede ganar a Goliat a pesar de que éste cuente con acompañamiento del tal J.J. Rendón. Así lo demostró Gustavo Petro, quien sin partido a bordo pudo derrotar a Peñalosa con todo y establecimiento, y parte de los poderosos medios de comunicación, como El Tiempo y la W Radio. También lo hizo Marcelo Torres, quien en el tercer intento derrotó en Magangue el candidato de La Gata y sus gatitos.

En Soledad (Atlántico), bastión del más rampante clientelismo, que incluye desde ‘TLC’ y compra de votos y jurados, hasta cambio a la brava de resultados electorales con apoyo de altos mandos de la Registraduría departamental, incluso con la complacencia de la Policía como institución, y al amparo de casi todos los parlamentarios atlanticenses, la gente pobre y excluida de esta ‘olla’ de miseria le dijo no a la continuidad de décadas de corrupción, al derrotar Franco Castellanos al candidato del establecimiento corrupto, Cristian Sanjuán.

Pero si de casos por citar se trata, es relevante que la ciudadanía de Bello (Antioquia), emporio del paramilitarismo paisa, le haya dicho no a la poderosa familia Suárez Mira, al conseguir mayoría absoluta el voto en blanco. Recordemos que en el año 2000 este mismo voto ganó en los comicios para gobernación en el Cesar, en Valledupar, territorio de auge paramilitar con Jorge 40 y Mancuso a la cabeza. (ver, ¡No queremos más de lo mismo!, pág. 8-9).

Los casos citados se dieron, entre otras razones, porque los candidatos hoy ganadores, enfrentados a poderosas maquinarias –incluida la propaganda negra–, lograron ser portadores de renovación, concretar propuestas serias y ambientar la lucha contra la corrupción, gracias a no tener rabos de paja, como opositores del establecimiento hoy llamado “cartel de la contratación”; pero porque sobre todo se apoyaron en campañas electorales con imagen e influencia en el electorado. Sus acciones y sus obras dirán si cumplen o no a la ciudadanía que les dio su apoyo.

Con lo anterior se demuestra que, si en Colombia existiera de verdad una izquierda organizada y consecuente, ésta pudiera tener posibilidades de acceder a gran parte de los gobiernos municipales, sentando cátedra de administración honesta, y contribuir por vías pacíficas a desarrollar la búsqueda de una hegemonía política con sentido social. Lamentablemente, el fracaso del Polo en Bogotá detuvo por momentos el impulso que se traía.

La oscuridad de la izquierda

Es normal que a la izquierda en Colombia se le asocie con la guerrilla, hoy de capa caída y que en sus andares por la manigua no ha podido entender que en la ciudad hay rebuscadores taxistas, empleadas del servicio, emboladores, vendedores de patilla, bailadores de salsa, tenderos, profesionales desocupados, y esencialmente una clase media que, sin ser media, se levanta pensando en cómo pagar un colegio privado para sus hijos y mirando a una universidad de prestigio que les facilite a éstos cómo irrumpir en una vida diferente a la sufrida por sus padres.

Pero lo más lamentable es que, si se quiere mirar a la izquierda, se encuentra un cúmulo de movimientos que a veces se autodenominan partidos, como es el caso del decapitado partido comunista. A todo esto se suman vanidades, rencores, envidias, supremacías; trapecistas como Lucho y Angelino Garzón, detractores que buscan espacio en la derecha, intelectuales con pasado de ayer pero con chequeras de hoy, y ricas fundaciones como la que dirige Alfredo Rangel.

También están los negociantes, esos que piensan: “Llevemos lo que tenemos, porque mañana no tendremos”. Y eso le pasó al Polo Democrático. Nunca la izquierda había tenido una buena oportunidad de poder local como la de la Alcaldía de Bogotá en dos ocasiones, pero entre inexperiencia, oportunismo, lucha caníbal, arrogancia y desesperanza, marchitaron la flor que los colombianos esperaban ver florecer en una nueva primavera.

Dussán, potentado y dirigente comercial de la salud en Fecode, se quejaba de que a la izquierda no le perdonaban nada. Se olvida este seudodirigente que la mujer del Cesar no sólo debe ser honesta sino además parecerlo, y efectivamente la izquierda es izquierda en razón a la lucha contra la corrupción, la desigualdad, los privilegios. Eso fue lo que olvidó el Polo: que debía parecerlo y ser. Lo peor fue que se quedó con el pecado y sin el género, especialmente una figura de la talla de Jorge Robledo, que únicamente por celos con Gustavo Petro defendió la indefendible administración de Samuel Moreno.

A todas estas, ¿será que se puede llamar partido político al Polo Democrático, movimiento al cual el Mira, un conglomerado religioso, le ganó en las recientes elecciones, y ni siquiera tuvo candidatos a concejo en más del 50 por ciento de municipios del país? Lo peor, es que el PDA en las regionales del 2007 obtuvo 879 cargos, entre juntas administradoras locales (JAL), concejos, asambleas, alcaldías y gobernaciones, y el pasado 30 de octubre redujeron su representación a escasos 264. ¿Cómo se llama este resultado? ¿Fracaso total o “arremetida de las fuerzas derechistas en contra de la “oposición”, tal como dijera Dussán y Robledo?

Hoy, con un Polo sin rumbo y, peor aún, sin timonel, con integrantes desconocidos, con un pasado sin gloria, la izquierda está a la deriva, en medio de la aplanadora santista y el unanimismo de una derecha que con razón ha sacado los clarinetes de la victoria sobre el cadáver de Alfonso Cano.

Porque cuando un partido político carece de imagen y lo que queda de sus dirigentes son posturas prepotentes, sin la debida sintonía con el tendero de la esquina, con poses de Víctor Corleone cuando se suben y se bajan de sus cuatropuertas, nada se puede esperar sino el derrotismo de un pueblo que en una ocasión puso sus esperanzas en una izquierda organizada, pasándose, por supuesto, al unanimismo.

En medio de la “noche negra”, parece ser que quiere resurgir la socialdemocracia al estilo Partido Socialista Español, integrada por exponentes que, como Navarro Wolf, ya no quieren más experiencia con los llamados radicalismos, propuesta más acorde con la clase media y con el arreglo democrático de los problemas del capitalismo. Pero algo es algo, y más todavía cuando se trata de desbancar al clientelismo todo-vale, así hoy el inoportuno Jaime Dussán nos quiera hacer creer que la votación muy merecida de Gustavo Petro es del Polo, cuando a todas luces Bogotá es una ciudad con un gran capital de voto independiente, educado y pensante, a pesar que en sus laderas campean los Severos Correas y Roger Carrillo comprando votos a través del TLC y de dirigentes barriales que controlan poblaciones necesitadas y descamisadas que se venden al mejor postor.

Tengamos presente que sólo lograremos avanzar en democracia cuando derrotemos las más diversas prácticas clientelistas, que son la esencia del régimen político colombiano. Es hora de bajar las banderas rojas y alzar las banderas de la esperanza.

Fuente: Periódico Desde Abajo

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Una respuesta a “Elecciones municipales 2011: Coaliciones al mejor postor. A ver quién da más

  1. Mas que constituírse, se ha ratificado como el mecanismo mediante el cual los políticos se toman el poder para entrar a saco al erario. El pueblo, por su parte, hastiado del caos informativo que le confunde mentalmente, prefiere seguir en las mismas a experimentar algo nuevo.

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