La agenda política: ¿macro-coalición y eliminación de la oposición?

El paso de la coalición uribista a la macro-coalición santista ha permitido formar un gobierno con mayorías en exceso y rasgos de democracia plebiscitaria. La estrategia ha sido exitosa en términos de gobernabilidad y de acelerar el ocaso de Uribe.

Por: Javier Duque Daza*

¿Gobierno unificado o presidencialismo de coalición?

La ciencia política utiliza diversas tipologías para caracterizar los diferentes ordenamientos políticos que van escogiendo las sociedades. Por ejemplo, se puede distinguir entre democracias con gobiernos divididos competitivas -donde el poder ejecutivo está en manos de un partido y el legislativo está fraccionado en dos o más partidos diferentes, que deben encontrar consensos para lograr coaliciones mayoritarias- y democracias con gobiernos unificados (ambos poderes bajo el control del mismo partido o del mismo líder).

Al primer tipo de democracia se le suele atribuir una mejor calidad en las decisiones, pero también un alto riesgo de parálisis gubernamental y legislativa debido a bloqueos mutuos, del Congreso frente a las iniciativas gubernamentales y del Ejecutivo mediante su poder de veto a la labor legislativa, tal como ocurrió en Estados Unidos durante los últimos meses.

Las democracias del segundo tipo suelen conducir a la imposición de todas las iniciativas del partido o coalición de gobierno, lo cual puede dar la impresión de una mayor estabilidad gracias a una especie de unanimismo sin competencia, impuesto por amplias mayorías de un partido dominante o mediante una coalición mayoritaria.

Este último fue el caso de los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, bajo la denominada coalición uribista que cooptó a cerca del 70 por ciento de los congresistas y que impuso leyes, programas y políticas, y se distribuyó los recursos del poder derivados de su posición dominante.

Se esperaba que con Santos continuara gobernando la misma coalición, aunque en las elecciones presidenciales uno de los socios (el Partido Conservador) había presentado su propio candidato (Noemí Sanín). No obstante, tras el triunfo de Santos por una amplia mayoría (69 por ciento de los votos) en segunda vuelta se fue configurando una nueva coalición que incorporó a los antiguos socios y además cooptó al Partido Liberal, que había estado en la oposición durante los ocho años del “uribato”, y al Partido Verde, cuyo candidato presidencial Antanas Mockus había enfrentado sus propuestas a las del candidato ganador y se había opuesto de forma radical al estilo de gobierno que (se supone) tendría continuidad con el nuevo mandatario.

Surgió así una super-coalición gobernante, una coalición con mayorías en exceso, es decir, con un número mayor de partidos al que ser necesita para un gobierno unificado ¿Por qué se conformó tal macro-coalición, innecesaria en términos operativos y costosa en cuanto a toma de decisiones y reparto de los recursos del poder?

Mayorías en exceso: tres hipótesis

En la segunda vuelta el candidato del Partido Social de Unidad Nacional contó con el apoyo del Partido Conservador, de Cambio Radical y de otras agrupaciones menores que venían haciendo parte de la coalición del gobierno uribista.

Tras el holgado triunfo, el Partido Liberal se sumó rápidamente a la coalición de gobierno y un año más tarde, mediante un anuncio presidencial, se conoció que el Partido Verde también ingresaba al gobierno de Unidad Nacional. Entre los partidos de la coalición suman cerca del 80 por ciento de congresistas.

Otros partidos como el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA) y el Partido de Integración Nacional (PIN) no forman parte de la coalición. La oposición parlamentaria ha quedado reducida al Polo Democrático Alternativo (PDA), que a su vez se ha dividido internamente.

El surgimiento de esta gran coalición rompe con un principio básico en política, según el cual si se logra construir una coalición mínima ganadora (con el mínimo suficiente de apoyos para poder gobernar sin tropiezos), es preferible distribuir los recursos y las ventajas que se derivan de la posición de poder entre un número menor de socios, pues así se comprometen más y ejercen menos presiones y demandas hacia el titular del poder. En pocas palabras: resulta más fácil y menos costoso coordinar las acciones y las relaciones entre los poderes públicos.

Respecto de las motivaciones para formar esta macro-coalición con mayorías en exceso por parte del gobierno Santos podemos plantear tres hipótesis:

H1: se conformó así para buscar un mayor grado de aceptación y reconocimiento, y para superar una situación de polarización política generada durante ocho años del gobierno anterior;
H2: se conformó como una estrategia intencionada para contrarrestar la presencia de un actor individual con alto peso en la política nacional, que intentaba seguir gravitando en el escenario político e incidiendo en los programas, políticas y decisiones del poder ejecutivo;
H3: De su posible éxito depende el futuro inmediato del presidente, quien puede optar por presentarse a la reelección en el 2014. La coalición le permite construir su propia red de apoyos de diversa procedencia partidista, lo cual le da más autonomía respecto del Partido Social de Unidad Nacional.

¿Qué indican los hechos?

Por una parte, la labor del presidente Santos ha alcanzado altos niveles de aceptación. En las mediciones que de forma regular hace la empresa Invamer-Gallup, la aprobación de la gestión presidencial ha ido evolucionando, pues pasó de 82 por ciento en octubre de 2010 a 72 por ciento en noviembre de 2011, pero nunca ha descendido del 70 por ciento, tal como se observa en la siguiente gráfica.

La aceptación y el reconocimiento han sido el producto de redimensionar las relaciones internacionales, la mejoría en algunos indicadores económicos (como el desempleo), algunos fuertes golpes a los líderes de las FARC, el replanteamiento de las relaciones con el poder judicial, y la aprobación de una serie de iniciativas legislativas importantes para el país.

El ocaso de Uribe

Por otra parte, la omnipresencia y la imagen de Uribe han ido opacándose, por varias razones. Otros personajes políticos han ido ganando en proyección y en imagen, especialmente quienes fueron sus opositores o contradictores, como Germán Vargas Lleras, quien ha sido crucial en la aprobación de la agenda legislativa del gobierno; Juan Camilo Restrepo que mantiene un alto perfil como ministro; Rafael Pardo, quien ingresó al gabinete como ministro de Trabajo.

Asimismo, la anterior bancada “uribista” se ha convertido en “santista” y se mueve en el dilema de respaldar al presidente (con los beneficios que de ello se obtiene derivados de los recursos del poder), sin distanciarse del expresidente.

Las directrices y orientaciones de Uribe encuentran cada vez menos apoyo, tal como ocurrió con iniciativas a las cuales se opuso radicalmente, pero terminaron siendo aprobadas en el Congreso, como la Ley de Víctimas y la restitución de tierras.

Además el propio gobierno ha destapado múltiples casos de corrupción que involucran a altos funcionarios del gobierno Uribe. La frecuencia de estas denuncias, las dimensiones que han ido adquiriendo y su impacto mediático han hecho que las luces focalicen al expresidente, quien hoy se mueve a la defensiva. Por eso declaró que el gobierno de Santos “quería graduarlo de corrupto”.

Adicionalmente, los resultados de las elecciones locales y departamentales fueron negativos: en su mayoría, sus candidatos fueron derrotados. Otro de sus opositores, Gustavo Petro, le ganó la partida a su candidato en Bogotá.

En tercer lugar, ya se ha planteado la idea de posible reelección. Rafael Pardo manifestó que el Partido Liberal la apoyaría, el ministro del Interior, su antiguo y potencial rival en el futro manifestó que no se podía coartar esta opción al presidente y el propio presidente Santos no la descarta.

Las mayorías constituyen una fuerte red de apoyo para el Presidente, quien cada vez se distancia más del expresidente. La estrategia parece funcionar. Más aún si consideramos el amplio éxito legislativo de la macro-coalición, con una mayoría de proyectos de origen gubernamental.

Predominio del Ejecutivo en la acción del Legislativo

Aunque no se trata de una coalición con componente ideológico claro, dadas la heterogeneidad de sus socios y la debilidad de ideas y programas de los partidos, se han producido acuerdos que permitieron aprobar una agenda legislativa importante y claramente dirigida por el gobierno. Las principales leyes aprobadas han sido de iniciativa gubernamental, aunque algunas de ellas son reivindicadas por los partidos. Durante el gobierno Santos, la mayoría de leyes importantes han sido de iniciativa gubernamental. En efecto: -Entre agosto de 2010 y junio de 2011, el gobierno presentó 50 proyectos y se aprobaron 46, el 92 por ciento; una alta eficiencia legislativa, donde las prioridades fueron fijadas por el gobierno y tramitadas por la coalición mayoritaria.

-Durante el segundo semestre de 2011 la mayoría de proyectos aprobados fueron de origen gubernamental. Entre las leyes más importantes se encuentran: el sistema de regalías, la ley de víctimas, la ley del primer empleo, la ley de seguridad ciudadana, la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, el estatuto anticorrupción y la reforma pensional.

-En la nueva agenda el gobierno vuelve a jugar el papel principal, pues entre los proyectos prioritarios figuran la reforma a la justicia, el estatuto antitrámites, los códigos penitenciario y carcelario, la reforma a los jueces de paz y la reforma tributaria.

El Partido Liberal reclama paternidad de algunas leyes, y no se descarta que su ingreso a la coalición de gobierno tenga en perspectiva reunificar al partido que hasta hace una década era el mayoritario en el país. Otros partidos han preferido por comodidad delegar su iniciativa legislativa o han conjugado sus iniciativas con las del gobierno. La ordenación, jerarquización y priorización en la agenda legislativa la ha hecho el gobierno.

Oposición frágil y paradojas de la política colombiana

En conclusión, se ha conservado una cierta tendencia al presidencialismo dominante de coalición: el control del poder ejecutivo sobre el poder legislativo. Esta figura no ha servido sólo para maximizar la gobernabilidad y mantener altos índices de popularidad (en perspectiva siempre está la posibilidad de la reelección), sino para ir neutralizando el fuerte influjo que representa la presencia de Álvaro Uribe en la política nacional.

El gobierno unificado, la conformación de una macro-coalición y la dirección del trabajo legislativo por el poder ejecutivo, se han conjugado con un relegamiento de la oposición, que se ha visto reducida al Polo Democrático Alternativo, un partido debilitado en su presencia en el Congreso y con serios problemas internos.

De forma paradójica, el distanciamiento entre el presidente electo y el expresidente Uribe Vélez y su caracterización cada vez más como opositor, están llevando a que el Polo y Uribe terminen juntos, relegados a una oposición sin horizontes, pero radicalmente opuestos en sus concepciones políticas.

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