Economía colombiana: el buen año que ya pasó y las perspectivas para 2012

Seguimos creciendo con rapidez, pero hay señales de recalentamiento. Vivimos una bonanza pero no estamos ahorrando. El desempleo disminuye pero la informalidad persiste. Dependemos de China, pero China puede desacelerarse. Así que el momento es bueno pero.

Por: Salomón Kalmanovitz / Razón Pública

Un buen año

En 2011, la economía colombiana creció entre 5,5 y 5,7 por ciento —el dato del cuarto trimestre saldrá en marzo—, lo cual es un buen dato, pero no tanto como el de 2007 cuando se alcanzó un 7,7 por ciento, en medio de un auge económico mundial.

En 2011 tuvimos que enfrentar una fuerte recesión en Europa y un lento crecimiento en Estados Unidos, así que debemos agradecer el impulso que viene de Asia: en lo fundamental, de la demanda china por materias primas.

Bonanza externa, con nubarrones

Gracias a este impulso, los resultados del comercio exterior fueron excelentes: las exportaciones en 2011 fueron de 56.953 millones de dólares: un crecimiento del 43 por ciento, debido en su mayor parte a los altos precios del petróleo, del carbón y del oro (que refleja la falta de confianza en las otrora monedas fuertes del mundo).

Las exportaciones tradicionales crecieron en 57 por ciento, en contraste con un 18,7 por ciento para las no tradicionales, cifra que sin embargo no está nada mal al considerar la revaluación del peso: hace un año, la tasa de cambio fue de 1.850 pesos por dólar y en la actualidad es de 1.780.

Ello sugiere que los sectores industrial y agroindustrial se han dotado de nuevos bienes de capital y que se han visto obligados a aumentar su productividad para sobrevivir a una tasa de cambio tan desfavorable. Un floricultor me comentaba, por ejemplo, que cuando el dólar estaba a 2.700 pesos tenía pérdidas y que hoy – a 1.780 pesos – obtiene una pequeña utilidad.

El déficit en cuenta corriente al tercer trimestre de 2011 fue de 2,6 por ciento del PIB y de 9.600 millones de dólares— corridos 12 meses — cifra muy alta si se considera que las exportaciones superaron a las importaciones por primera vez por un margen de 4.955 millones de dólares.

“La elasticidad del desempleo frente al crecimiento económico es de 0,2: por cada punto de crecimiento económico, el desempleo se reduce en 0,2 por ciento o menos”.

La renta de factores fue negativa en 11.400 millones de dólares, de los cuales más de 10.000 fue repatriación de utilidades. Sin embargo, la cuenta de capital fue superavitaria en más de 15.000 millones de dólares. O sea que unos 5.000 millones de dólares hicieron presión sobre la tasa de cambio.

La inversión extranjera alcanzará 15.000 millones de dólares, pero concentrada en el sector minero con 9.518 millones. Como veremos, la cuenta de capitales es tan superavitaria que financia ampliamente el déficit en cuenta corriente y ha producido además presiones sobre la tasa de cambio, que se disiparon momentáneamente por la amenaza de crisis europea desatada en noviembre pasado.

Esta amenaza no se ha contagiado por el momento a las finanzas del país, pero si termina por afectar a China, puede precipitar una baja de precios de nuestros productos de exportación. Ya los commodities (soya, sorgo, maíz, trigo) vienen reduciendo sus precios más no así el petróleo ni el carbón por el conflicto de medio oriente y la salida del mercado de las plantas nucleares.

Aunque la exposición externa se ha reducido, tenemos una deuda pública en dólares de 39 mil millones de dólares, que puede convertirse en un problema serio si hay una crisis internacional que haga devaluar el peso: una caída de 200 pesos puede convertirse en una carga adicional de 8 billones de pesos para el gobierno (1,2 por ciento del PIB).

La deuda externa privada creció más de 40 por ciento en 2011 frente a 2010, para alcanzar 25.000 millones de dólares, lo que también puede convertirse en un problema para la actividad de las empresas, pues tendrían que servir sus deudas con una tasa de cambio más elevada, en caso de que finalmente se desate una crisis financiera en Europa.

Mucho ingreso y poco ahorro

El gobierno modificó el estatuto tributario, corrigiendo las más aberrantes deducciones concedidas por la administración Uribe a las empresas y que beneficiaron en especial a las más intensivas en capital, como las mineras.

En efecto, eliminó la antitécnica deducción del 30 por ciento del valor de los activos fijos, francamente perjudicial: con una revaluación que abarató mucho los bienes importados, no tenía sentido estimular todavía más la adquisición de bienes de capital, especialmente en un país donde sobra la mano de obra. Lo que sí logró fue agravar el desempleo estructural.

Definir mejor el 4 por mil permitió cerrar troneras de evasión y la inspección de la contabilidad de las mineras e hidrocarburos trajo nuevos ingresos para el fisco en renta y en regalías, lo cual se tradujo en uno de los factores positivos del año 2011: el recaudo de la DIAN alcanzó 86,5 billones de pesos (que sólo representan un 14,4 por ciento del PIB), 16 billones de pesos adicionales a lo que se obtuvo en 2010 (2,6 por ciento del PIB).

Este resultado significa que se disminuye el déficit fiscal del gobierno central a 2,9 por ciento del PIB y que se podrá obtener un pequeño superávit primario con reducción de deuda, sobre todo externa.

Ahora bien: un déficit del gobierno central de cerca de 3 puntos del PIB y un déficit en cuenta corriente de 2,6 por ciento significan que Colombia está viviendo por encima de sus medios y que requerimos de ahorro externo para alimentar la inversión y el consumo nacionales.

Considero que no tiene presentación que un país que está disfrutando de una bonanza minera esté desahorrando, precisamente porque el ahorro público y el privado deben ser de tal magnitud que permiten dejar por fuera de la economía una parte de la renta que debería cobrar por sus recursos naturales.

Ello tiene implicaciones serias sobre la tasa de cambio y augura un deterioro mayor de la cuenta corriente en 2012. Así que estamos lejos de un círculo virtuoso que propicie la acumulación de capital y de un crecimiento económico potencial mayor al observado.

Mejora el empleo, persiste la informalidad

Otra buena noticia fue la reducción del desempleo: bajó en el promedió general un punto porcentual entre 2011 (10,8 por ciento) y 2010 (11,8 por ciento); en las 13 áreas metropolitanas bajó de 12,4 a 11,4 por ciento, a pesar de que el gobierno saltó de alegría cuando en algunos meses de alta actividad económica la tasa de desocupación se ubicó por debajo de los dos dígitos.

El titular de Hacienda exclamaba que se había logrado en noviembre de 2011 la meta del gobierno mucho antes de lo esperado. Pero cuando se conoció el dato promedio del año 2011, el gobierno expresó su esperanza de que en 2012 sí se obtuviera un desempleo de menos de 10 por ciento.

La elasticidad del desempleo frente al crecimiento económico es de 0,2: por cada punto de crecimiento económico, el desempleo se reduce en 0,2 por ciento o menos (en 2007 crecimos 7,7 por ciento y el desempleo se redujo en un 1,5 por ciento). Con un crecimiento económico basado en sectores poco intensivos en mano de obra, no es de sorprender que sea tan difícil reducir el desempleo y la informalidad en el país.

“La magnitud del sector informal  – medida por la presencia en los registros de la seguridad social –alcanza un 58 por ciento de los trabajadores colombianos”.

La evolución de la tasa de participación (es decir, de las personas que están en el mercado de trabajo, ya sea colocadas o buscando empleo) también es problemática. Generalmente cuando la economía está mejorando y se logran enganchar los jefes de hogar, algunos otros miembros de la familia – jóvenes, mujeres y viejos – se tornan inactivos, disfrutando de una situación económica más holgada. Sin embargo, la tasa de participación aumentó en un punto porcentual, a pesar de la disminución de la tasa de desempleo, también en un punto porcentual.

¿Por qué el empleo reacciona tan levemente frente al crecimiento en Colombia? Algo tienen que ver las cargas parafiscales contra la nómina y el desmedido peso de los aportes a la seguridad social, que encarecen considerablemente la contratación y que también inducen la informalidad laboral.

Tanto el desempleo abierto como la informalidad se podrían reducir recurriendo a una reforma tributaria estructural: aumentando el impuesto a la renta para financiar el SENA y el ICBF y que cubra una mayor parte de la salud y de las pensiones.

El presidente Santos se ha comprometido a reducir las tarifas impositivas, pero no ha mencionado si también va a eliminar deducciones, que son tan costosas para el fisco. No ha sido explícito sobre si está dispuesto a impulsar una reforma tributaria que contribuya a aliviar de veras el problema del desempleo y de la informalidad.

Una tendencia que puede estar frenando el desarrollo de la formalidad en el empleo es que el salario mínimo ha venido subiendo de manera sistemática en términos reales, algo que fue especialmente cierto en el ajuste de 2012: 2,2 por ciento por encima de la inflación causada. De esta manera, muchas empresas subcontratan a sus trabajadores sin reconocerles el salario mínimo ni las prestaciones sociales u optan por quedarse del todo en la informalidad, para tampoco pagar impuestos.

La magnitud del sector informal – medida por la presencia en los registros de la seguridad social –alcanza un 58 por ciento de los trabajadores colombianos, que no devengan el mínimo, ni cuentan con servicios de salud de buena calidad, así la mayor parte figure en el SISBEN (sistema de identificación de potenciales beneficiarios de programas sociales), ni están ahorrando para sus pensiones.

Este indicador ni siquiera se movió pese a la mejoría observada en los datos de desempleo abierto, según Jaime Tenjo en su artículo publicado en Razón Pública el pasado 13 de febrero, tan celebrados por el ministro de Hacienda y por el presidente Santos.

¿Economía recalentada?

La Junta Directiva del Banco de la República supone que la economía colombiana está recalentada y que, por lo tanto, enfrenta mayores riesgos derivados de un repunte de la inflación y de desajustes financieros que de un contagio de la recesión europea y del lento crecimiento norteamericano.

Por esas razones acaba de aumentar su tasa de referencia por segunda vez en el año en su sesión del pasado viernes 24 de febrero en un 0,25 por ciento, para alcanzar 5,25 por ciento anual.

Las razones esgrimidas por la Junta Directiva fueron las siguientes:

  • el crecimiento del tercer trimestre (7,7 por ciento) estuvo por encima del crecimiento potencial de la economía. “El crecimiento anual de la demanda interna (9,4 por ciento) se explicó por el fuerte aumento de la inversión y del consumo de los hogares”. Para el cuarto trimestre se esperaba que continuara la misma tendencia, aunque hay evidencias de que la economía comenzó a desacelerarse y el año terminaría con un crecimiento de alrededor de 5,5 por ciento.
  • En torno al crédito, la Junta mostró igual preocupación: “El crédito bancario continuó registrando tasas altas de aumento. El comportamiento del crédito de consumo sugiere que los hogares están elevando significativamente su grado de apalancamiento. Los índices de precios de la vivienda nueva y usada siguen en niveles históricamente altos”. El crédito de consumo está creciendo al 25 por ciento anual.
  • Consideraron que el crédito hipotecario también estaba creciendo a tasas del 20 por ciento y que, por lo tanto, la demanda por finca raíz estaba bastante apalancada; además esta demanda está siendo impulsada en parte por inversión extranjera (alguna de colombianos camuflados), ante lo cual hubiera tenido más sentido inducir una devaluación del peso o introducir controles sobre el capital, que espantaran un poco este tipo de inversión extranjera no deseable.
  • El Banco Central también adujo que todos los indicadores de inflación básica estaban sobrepasando el 3 por ciento anual y que las expectativas de precios al alza se estaban generalizando. La inflación básica es aquella que no tiene en cuenta los precios que dependen del clima (como los alimentos) ni los que administra el gobierno (combustibles), de tal modo que refleja sólo los precios que surgen de la demanda agregada sobre el resto de bienes. Quienes elaboran la política monetaria suponen que si el Banco Central toma medidas fuertes contra la inflación, los agentes van a hacer menores ajustes de precios. Cuando el Banco se muestra debilucho, pues se aprovechan para elevar sus precios. En todo caso, la inflación en el 2011 terminó en 3,7 por ciento, cifra que sí es preocupante. Para enero, sin embargo, el dato anualizado se había moderado: 3,5 por ciento.

En fin, en su comunicado la Junta mencionaba su temor de que la recesión europea tuviera un desenlace caótico, como sería una crisis financiera provocada por la moratoria frontal o subrepticia en que puedan incurrir Grecia —e incluso grandes economías como la de Italia — y que se contagiara al Asia.

En tal caso, caerían los precios de las materias primas y el auge colombiano se esfumaría rápidamente. Pero aun así, se insistía en que el riesgo inminente era el de la inflación y el de los desajustes financieros. “En un horizonte de tiempo más largo, un crecimiento excesivo del crédito y la persistencia de tasas de interés real (sic) bajas podrían ser fuente de desequilibrios financieros con consecuencias negativas sobre la sostenibilidad del crecimiento económico”.

Pero elevar la tasa de interés justamente cuando el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos anunciaba que la mantendría en 0 hasta el 2014 y que tanto Chile como Brasil comenzaron a reducirla frente a perspectivas negativas, debe atraer un mayor flujo de capital de portafolio hacia Colombia, que además recuperó recientemente el grado de inversión, perdido desde 1999.

Las expectativas condujeron a que la tasa de cambio encajara el golpe y registrara niveles por debajo de 1.780 pesos por dólar, ante lo cual el Emisor anunció que compraría al menos 20 millones de dólares diarios a partir del 6 de febrero pasado. Demasiado poco, demasiado tarde.

Hace 5 años la economía colombiana crecía al 7,8 por ciento, al tiempo que el gobierno ampliaba su gasto, lo que llevó la inflación al 8 por ciento. Ante esa situación, el Banco de la República elevó drásticamente su tasa de interés que alcanzó el 10 por ciento; mientras el gobierno apretaba el acelerador irresponsablemente, el Banco debía frenar la economía.

Una vez que Estados Unidos entró en una fuerte contracción en 2008 — que se contagió al resto del mundo y a Colombia — el Emisor redujo su tasa rápidamente hasta dejarla en 0 por ciento real, es decir igual a la inflación. Ello impidió que la economía se contrajera en 2009 y facilitó una recuperación importante en 2010. A partir de entonces, la política monetaria ha consistido en “normalizar” la tasa de interés: que sea positiva en términos reales, 1.75% por ciento actualmente.

En síntesis, el Banco de la República trata de suavizar las fluctuaciones a que está sometida la economía colombiana con una política monetaria contracíclica: por una parte, frenar el exceso de crédito que podría llevar a hogares y firmas a la incapacidad de pagar sus deudas y, por lo tanto, a precipitar una crisis financiera, y por otra, a frenar el exceso de demanda por vivienda, que puede tornarse en una burbuja especulativa, también con consecuencias peligrosas para los mismo deudores y para el sistema financiero.

Dependemos de China

La actividad de 2012 puede seguir la tendencia de 2010-2011, pero frenada por un menor crecimiento de China —quizás de menos de 8 por ciento este año— con lo cual el guarismo colombiano estaría entre 3 y 4 por ciento, contando con la expansión de la minería, la construcción y los servicios, todos impulsados por la inversión extranjera.

Creo que es demasiado pronto para calcular el impacto del TLC con Estados Unidos sobre la actividad económica, en la medida en que puede afectar negativamente la producción de los bienes transables, pero posiblemente aumente la entrada de capital, sobre todo de empresas de Venezuela y Ecuador sin acceso al mercado norteamericano. Puede ser que inversiones de Estados Unidos y de Europa o de empresas que ya cuentan con instalaciones en Colombia operen como plataforma de exportación pero la tasa de cambio no las ayuda.

Es un hecho que las condiciones laborales y la inflación en China han aumentado sus costos de producción, lo cual se ha comenzado a sentir en los flujos de inversión hacia México y en el aumento de las exportaciones colombianas a Estados Unidos.

Si la economía mundial se está enfriando, la de Europa se está congelando. Las perspectivas de Estados Unidos son de un crecimiento mediocre, lejos de resolver el deterioro de su mercado hipotecario, de tal modo que el crecimiento de los países emergentes, sobre todo China, debe también desacelerarse.

Todo ello tendrá repercusiones en los términos de intercambio del país. Los analistas económicos, por lo general, lanzan un pronóstico que no está basado en ningún hecho objetivo: simplemente dicen algo así como que el año entrante creceremos un punto menos que este año.

Pero también podrían ser dos o tres puntos menos, dependiendo de qué tanto se hunda la economía europea, que va muy mal, y que al aplicar políticas contractivas para recuperar la confianza, paradójicamente lo que están logrando es deteriorar la demanda agregada y reducir más aún la actividad económica.

En fin —aunque no nos demos cuenta todavía— si China se llegara a ver seriamente afectada, los términos de intercambio y la acumulación de capital entrarían en una fase de deterioro para toda América Latina.

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