Del boom exportador al estancamiento por baja productividad

El gobierno no parece advertir los nubarrones que se ciernen sobre el horizonte internacional: se acerca una tormenta perfecta que amenaza de frente el boom exportador. Sin pasar a un modelo económico centrado en el conocimiento y el aumento de la productividad, este cuarto de hora habrá pasado sin pena ni gloria.

Por: Amylkar Acosta

Boom exportador

El crecimiento de las exportaciones colombianas en el 2011 fue impresionante —más del 42 por ciento— al punto que se alcanzó anticipadamente la meta que se había impuesto el gobierno en su Plan de Desarrollo para los cuatro años.

Sin embargo, Colombia sólo subió un escalón, ubicándose en el décimo, pues ocupaba el undécimo lugar en la región por su bajo coeficiente de exportaciones por habitante. De manera que si bien es cierto que el sector exportador ha dado un salto importante al alcanzar un guarismo 4,6 veces mayor al de 2001, aún está muy lejos de equipararse con sus competidores.

Un aspecto a resaltar es el cambio en la composición de las exportaciones:

  • las exportaciones tradicionales — que constituían el 53,2 por ciento en 2008 se elevaron hasta el 69,8 en 2011;
  • entre tanto las no tradicionales perdieron participación, pasando del 46,8 por ciento al 31,2 por ciento el año pasado.

Este crecimiento se dio más en términos de valor que del volumenexportado, sobre todo en el caso de las exportaciones tradicionales. Es así como las ventas de petróleo y sus derivados — que fueron del orden de los 27.954 millones de dólares y representaron el 49 por ciento del total de las exportaciones — aumentaron en un 70 por ciento en valor, pero solo 24 por ciento en volumen. Entre tanto, el valor de las exportaciones no tradicionales creció tan solo un modesto 19 por ciento.

 Frenazo chino

Es bien sabido que este boom exportador [1] responde fundamentalmente a la creciente demanda por materias primas en los mercados internacionales. Las materias primas han tenido un ciclo largo de auge en los mercados internacionales, apenas interrumpido por la gran crisis global en 2008 – 2009. La mayor demanda por materias primas proviene de los países emergentes, encabezados por China e India, convertidas ahora en las locomotoras de la economía global.

A pesar de la crisis reciente, la economía china siguió creciendo a un ritmo inusitado, pues logró desacoplarse por un largo rato del resto del mundo. Sin embargo, aunque el ritmo de crecimiento chino sigue siendo alto, empezó a resentirse en el último año y se ha ido frenando progresivamente. Después de un crecimiento del 10,4 por ciento en el 2010, durante el primer trimestre de 2011 la economía china creció 9,7 por ciento, en el segundo trimestre 9,5 por ciento, en el tercer trimestre 9,1 por ciento y el útimo trimestre 8,9 por ciento, hasta cerrar el año en caída con respecto al anterior: un 9,2 por ciento. Pero lo más preocupante: el gobierno de China acaba de anunciar una meta de crecimiento para el 2012 de sólo 7,5 por ciento. Entre los entendidos ya se habla de la burbuja china y de la posibilidad de que se reviente de un momento a otro, lo que sería mucho más grave.

George Friedman, futurólogo reconocido y experto en el campo de la inteligencia estratégica, coincidió recientemente en dicho diagnóstico con el profesor Jean Paul Rodrigue, de la Hofstra University, en sendas conferencias en el marco del Big Leap 2014 en Cartagena auspiciado por el Ministerio de Transporte.

Ajuste europeo

La economía del Viejo Continente ha entrado en barrena por cuenta de la crisis fiscal de los países que hacen parte de la Eurozona, agobiados por el peso de la deuda pública, que amenaza con hundirlos en el tremedal de una nueva recesión, cuando no han terminado de reponerse de la anterior.

Ello condujo a la degradación de la deuda soberana de países como Italia, España y la misma Francia por parte de las firmas calificadoras de riesgo, mientras Grecia sigue sin salir de su bancarrota a pesar delsalvataje aprobado por los líderes de la Unión Europea (UE), encabezados por Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, tendiente a rescatarla y así evitar el contagio.

El Tratado de Maastricht de 1992 — que fijaba como techo un déficit fiscal de 3 por ciento del PIB y un stock de deuda pública de 60 por ciento del PIB — ha quedado maltrecho e inoperante y ha dado paso a un pacto fiscal draconiano que busca meter en cintura el gasto público.

En virtud de ese pacto los países que no incorporen en su Constitución la Regla de oro del equilibrio presupuestario — con un techo del 0,5 por ciento de déficit estructural — se harán acreedores a una sanción de hasta 0,1 por ciento del PIB y podrán ser denunciados ante el Tribunal de Justicia de la UE por parte de cualquier otro país de los que suscriban este acuerdo.

 Pesimismo razonable

Standard & Poor’s había advertido en un informe reciente que “la perspectiva de muchos años de penuria económica y dolorosas reformas en Europa —y en menor extensión en Estados Unidos— podrían crear una reacción política inesperada, cambiando el curso general de la política internacional” [2].

Efectivamente, cada vez son mayores los brotes proteccionistas en materia comercial, las restricciones al libre flujo de capitales y las medidas contraccionistas. Lo cual se ha traducido en una menor demanda por importaciones:

  • Desde 2006 la UE se constituyó en el primer mercado para las exportaciones chinas, con un balance a su favor en 2011 del orden de 155.900 millones de euros, razón por la cual serán las más afectadas con tales medidas.
  • Aunque la economía estadounidense ha tomado un segundo aire gracias a una ligera caida en la tasa de desempleo, que puede impulsar el consumo interno que pesa mucho en el PIB norteamericano, Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (FED), se dolió de que “pese a las recientes señales de mejora, la recuperación ha sido frustrantemente lenta” (énfasis añadidos) [3], al justificar el congelamiento hasta el 2013 de la tasa de interés de intervención en los bajos niveles actuales (0,25 por ciento).

En fin, la desaceleración del crecimiento de la economía de Estados Unidos y su lenta recuperación también están afectando la dinámica de sus importaciones y nuevamente las exportaciones chinas son las más afectadas: el 19 por ciento de las importaciones estadounidenses provienen de China.

Así las cosas, “el contexto global está sometido a una gran incertidumbre y volatilidad” [4]. Como lo sugiere Olivier Blanchard, Economista Jefe del FMI, “el mundo podría sumergirse en otra recesión” [5], dado que “la recuperación mundial, que ya era débil, está en peligro de estancamiento”[6]. Olivier es categórico al afirmar que un “ajuste fiscal demasiado rápido puede matar el crecimiento” [7]. Y lo que se espera el próximo año, tanto en la UE como en EEUU es más de lo mismo, ¡más ajuste fical!

Por ello, no están muy descabalados los organismos multilaterales cuando ya se atreven a revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento del PIB global:

  • El FMI espera ahora un crecimiento de la economía global para el 2012 del 3,3 por ciento, 0,7 puntos menos que su pronóstico de septiembre de 2011;
  • Según las proyecciones de las Naciones Unidas, dicho crecimiento se limitaría apenas al 2,6 por ciento;
  • Entre tanto, los cálculos del Banco Mundial sólo permiten un crecimiento del PIB de 2,5 por ciento.

El impacto de este entorno tan negativo no se hará esperar en Latinoamérica, cuya economía volvió a ser muy dependiente de sus exportaciones de productos primarios [8], que son las primeras afectadas por la desaceleración del crecimiento de la economía global y en particular de las economías emergentes.

A menor crecimiento del PIB, menor demanda por materias primas y ello, lógicamente repercute presionando sus precios a la baja: energéticos, bebidas, aceites y grasas, granos, azúcar, todos muestran una tendencia a la baja. El precio del café, por ejemplo, ha perdido en lo corrido del año más de 85 centavos de dólar (¡!). Y todo indica que esta tendencia se mantendrá por lo menos durante el año 2012 según el FMI, el Banco Mundial y The Economist. Como esta coyuntura de bajos precios se puede prolongar, la “resiliencia” de la economía latinoamericana en general y de la colombiana en particular van a ser sometidas a dura prueba.

 La productividad es casi todo

Además de la vulnerabilidad de la economía por depender excesivamente del sector primario de la economía — en sólo una década la industria ha perdido 7 puntos en la participación en el PIB, al pasar del 21 por ciento al 14 por ciento — Colombia ha experimentado en las últimas dos décadas un inquietante proceso de desindustrialización [9].

Como afirma Alicia Bárcenas, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, de nuevo “nos convertimos en exportadores de materias primas, volvimos a esquemas que creíamos superados…Nos estamos asociando con China, que será la primera economía del mundo en el 2016, con un modelo en el que vendemos materia prima e importamos manufacturas. Así nos será muy dificil dar sostenibilidad a nuestro crecimiento” [10], que es de lo que se trata.

El argentino Oswaldo Kacef, Director de Desarrollo Económico de la CEPAL plantea el desafío que tiene ante sí Latinoamérica: “en la medida en que el crecimiento se asiente cada vez más en los recursos naturales, se dificultará transformarlo en desarrollo…la razón es que el crecimiento no se trasladó a toda la economía” (énfasis añadidos)[11]… “O el desarrollo es más inclusivo, con más participación de la manufactura y las Pymes, que generan más empleo productivo, o se discute cómo distribuir las ganancias de la explotación de recursos naturales mediante impuestos y políticas públicas” (énfasis añadidos)[12].

Alicia Bárcenas subraya que “es importante reflexionar sobre si también deben incrementarse las tasas fijas (de impuestos por explotación) para retener algo, porque estamos exportando las ganancias de productividad junto con el recurso natural” (énfasis añadidos) [13].

En Colombia, particularmente, no se ha hecho ni lo uno ni lo otro, por eso hoy es el país más desigual de la región y el tercero más desigual del planeta Tierra!

Por esto coincido con el planteamiento de la Coalición para la Promoción de la Industria en Colombia, que lideran los exministros José Antonio Ocampo y Martha Lucía Ramírez y la investigadora de Fedesarrollo Astrid Martínez, en el sentido que “el foco de atención más importante de las políticas de desarrollo productivo es la productividad, y en particular, la capacidad de desarrollar sectores exportadores con contenido tecnológico cada vez mayor” [14].

El Nobel de Economía Paul Krugman sostiene que “hablando de competitividad, la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo escasi todo” (énfasis añadido) [15].

Ciencia, Tecnología, Innovación e Infraestructura

Y en productividad sí que andamos mal: llevamos años estancados en el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial (FEM) y Colombia no se mueve del puesto 68 entre 142 países listados. Pero lo más alarmante es saber que en ese mismo ranking, Colombia ocupa el lugar 74 entre 110 países evaluados en el Índice de Innovación de Manufacturas y un deplorable 91 entre 125 en Facilidad de Comercio. Esto es como para sentarse a llorar, pues en lo único que nos va bien es en Índice de Felicidad, ¡vaya paradoja!

Para revertir esta tendencia, como afirma Alicia Bárcenas, “se van a requerir políticas públicas para diversificar la productividad hacia otros sectores” [16] diferentes del sector primario.

Lo que más marca la diferencia entre los países desarrollados y los subdesarrollados, como Colombia, es la inversión en tecnología y en infraestructura y en ambas asignaturas se raja Colombia.

Como recuerda el periodista Andrés Oppenheimer, en materia de tecnología “las diferencias son abismales” [17], pues “mientras Japón y Corea del Sur gastan alrededor del 3,5 por ciento de su PIB en Investigación y Desarrollo, Brasil invierte 1,2 por ciento, Argentina 0,6 por ciento, México 0,4 por ciento… y Colombia un irrisorio 0,39 por ciento” [18].

Esta brecha tecnológica en lugar de cerrarse se ha ido abriendo cada vez más, porque los demás países no cesan de avanzar en su empeño de promover la innovación mientras Colombia se rezaga.

Oppenheimer trae una prueba al canto para el caso colombiano: “de una taza de café que se exporta de Colombia a Estados Unidos sólo el 3 por ciento del ingreso por ese producto vuelve al caficultor, el otro 97 por ciento se lo quedan los que hicieron ingeniería genética, mercadotecnia y todos los productos de la economía del conocimiento” (énfasis añadido) [19]. Y de allí su moraleja: “Estamos viviendo en la era del conocimiento y los países que se quedan en las materias primas no van a salir de la pobreza”[20].

Y qué decir de la infraestructura y la logística, tan imprescindibles como lo son para el desarrollo de la industria y para la diversificación de las exportaciones. El Gobierno vive obsesionado por negociar y firmar más y más tratados de libre comercio aquí, allá y acullá, pero poco se ocupa de promover nuevos renglones de exportación y de la dotación de la infraestructura necesaria para poder aprovechar la ampliación de los mercados externos.

Basta con señalar que traer un contenedor de productos desde Shanghai a Cartagena, que distan la una de la otra 15.593 kilómetros, cuesta 1 100 dólares, mientras que transportar ese mismo contenedor desde La Heroica a Bogotá, con sólo 1 206 kilómetros de distancia, cuesta 3 200 dólares, casi el doble (¡!).

Sin invertir en ciencia, tecnología, innovación e infraestrutura (C + T + I + i) estamos perdidos. ¿Qué esperamos para cambiar el chip a los inspiradores y ejecutores de las políticas públicas?

Porque no se le pueden pedir peras al olmo: mientras se insista en el mismo modelo vamos a tener los mismos resultados. Bien dice el célebre economista Jeffrey Sachs en su nueva obra El precio de la civilización: “incluso en una economía de mercado, el Estado juega un papel económico fundamental para proveer bienes públicos esenciales que el mercado no está en capacidad de ofrecer, uno de ellos es la infraestructura” (énfasis añadidos) y el otro es la promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación, añadiríamos nosotros.

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