La economía británica entró en recesión

La economía británica entró técnicamente en recesión. El informe preliminar de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS) indicó que la economía se contrajo un 0,2 por ciento en los tres primeros meses del año, luego de experimentar una contracción de 0,3 por ciento entre octubre y diciembre de 2011. Es la segunda recesión en tres años, algo que no sucedía desde 1975, pero, sobre todo, es un duro golpe para la estrategia de ajuste fiscal que impulsa la coalición conservadora-liberal demócrata.

Por: Marcelo Justo / Página 12

En la Cámara de los Comunes, el primer ministro, David Cameron, se mostró decepcionado por los datos, pero señaló que continuaría adelante con el programa de austeridad. “No hay complacencia del gobierno, pero estamos en medio de una situación muy difícil, que se ha complicado más aún”, dijo Cameron. El líder de la oposición, el laborista Ed Miliband, calificó los datos de “catastróficos” y señaló que era entera responsabilidad del gobierno. “Esta es una recesión producto de la política del primer ministro y su ministro de Economía”, dijo Miliband.

La definición técnica de recesión es de dos trimestres seguidos de crecimiento negativo, pero lo cierto es que la economía británica viene trastabillando desde hace más de un año. Según los datos preliminares de la ONS, que miden la actividad de un 40 por ciento de la economía, la caída se extendió al sector manufacturero (0,4 por ciento) y al crucial de la construcción (3 por ciento) mientras que los servicios, que constituyen el 70 por ciento de la actividad económica, crecieron un magro 0,1 por ciento, atribuido por los economistas a la estampida de consumo de gasolina en marzo, provocado por un pánico de desabastecimiento que desató el propio gobierno. El cada vez más cuestionado ministro de Economía, George Osborne, señaló que no habría cambio de rumbo. “Lo que empeoraría la situación ahora es abandonar nuestro plan económico y sumar más préstamos y más deuda pública”, señaló Osborne.
La estrategia de la coalición ha estado dominada por un draconiano programa de austeridad, que contempla recortes del gasto fiscal equivalentes a 130 mil millones de dólares en cinco años, con una pérdida de unos 700 mil puestos en el sector estatal. Este martes la misma ONS reveló que en marzo el gobierno había pedido prestado dos mil millones de libras más de lo previsto y que su recaudación fiscal había caído un 3,6 por ciento, incluyendo un descenso del uno por ciento del impuesto al consumo, el IVA. No hace falta ser John Maynard Keynes para detectar la razón de este empeoramiento de la situación fiscal. “El problema en la estrategia de reducción del déficit del gobierno es que sin una mayor recaudación fiscal, producto de un crecimiento de la economía, no podrá reducir el déficit y su deuda”, señaló al vespertino Evening Standard el economista Daniel Soloman, del nada heterodoxo Centre for Economics and Business Research.
A futuro, el panorama es sombrío. La semana pasada, el Banco de Inglaterra (Banco Central) reconoció que no podía descartar la posibilidad de que el “PIB caiga tres trimestres consecutivos”, debido a la debilidad del sector de la construcción y a los feriados que acompañarán el jubileo de la reina en junio. El prestigioso Instituto de Estudios Fiscales calcula que por el momento sólo se ha ejecutado un 10 por ciento de los recortes fiscales anunciados por la coalición: la economía tendrá que lidiar aún con un 90 por ciento de despidos y achicamiento. Simon Wells, economista del banco HSBC, advirtió el impacto que esta continua ola de austeridad tendrá sobre el conjunto de la economía. “El Reino Unido apenas ha comenzado su ejercicio de consolidación fiscal. El sector gubernamental seguirá impactando negativamente sobre la posibilidad de crecimiento del PIB en los próximos cinco años”, indicó Wells.
Peor aún, el gobierno se encuentra en un callejón sin salida político. Desde la campaña electoral para las elecciones de mayo de 2010, los conservadores han puesto la reducción del déficit fiscal y el ajuste en el centro de su estrategia económica y de sus ataques al laborismo. Dar marcha atrás los expondría políticamente y sería percibido como un signo de debilidad por los mercados. Mientras tanto, los laboristas se acercan a las elecciones de alcalde para Londres, el 3 de mayo, con una ventaja en las encuestas a nivel nacional de ocho puntos a pesar del escaso carisma de su líder, Ed Miliband.

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