El TLC con Estados Unidos: las sombras … y Colombia en pañales

Hace seis años suscribimos el tratado pero no hemos hecho nada: ni infraestructura, ni innovación, ni oferta exportadora. Es más: nos convertimos en un país minero. Pero eso sí: somos un mercado apetitoso para los empresarios de Estados Unidos, y aceptamos todas las condiciones que quisieron ponernos.

Por: Amylkar Acosta / Razón Pública

Anuncios en la cumbre

¡Salud, César, los que van a morir te saludan! Traigo a colación este célebre saludo ritual de los gladiadores al emperador romano cuando pedían su autorización para luchar a muerte. El anuncio esta vez fue proclamado por el emperador Obama como remate de la VI Cumbre de las Américas: este 15 de mayo entrará en vigencia (¡por fin!) el TLC suscrito entre Estados y Colombia hace ya casi seis años y ratificado en octubre pasado.

Junto con el anuncio de ampliar las visas a algunos colombianos de 5 a 10 años, este fue el único resultado tangible y concreto de la espectacular “cumbre de resultados” que esperaba el gobierno colombiano.

Los tres goles finales

En los días previos, el Congreso colombiano había aprobado en volandas las últimas leyes express necesarias para la llamada “implementación” sin debatirlas y sin deglutirlas. Aparte de la reacción en contra de la medida que coarta la libertad de los cibernautas —reviviendo la malhadada Ley Lleras— poco se sabe del alcance de las demás leyes expedidas en tiempo record –y en especial de las atinentes al sector agropecuario y a la cuota de pantalla en TV:

-Con respecto a esta última, quedamos advertidos: de ahora en adelante tendremos que soportar más enlatados americanos en los horarios triple A (7 a 10 de la noche) y los fines de semana. De un 50 por ciento que teníamos, ahora pasamos a un 70 por ciento.

-Rafael Mejía, Presidente de la SAC —quien al término de las negociaciones manifestó que “el sector del campo fue el grandamnificado con el cierre”— ahora nos recuerda que con la entrada en vigor del TLC “de todos modos habrá ganadores y perdedores”. Está por establecerse quiénes serán los unos y los otros. Apenas seis meses antes de tan esperado anuncio, el ministro Juan Camilo Restrepo, manifestó que “no estamos preparados, nos falta mucho” para enfrentar el reto del TLC con Estados Unidos.

Cabe preguntarse cómo es posible que todavía sigamos en pañales, si el país estaba advertido desde 2004, cuando resolvió negociar este tratado bilateral con Estados Unidos, sacrificando de paso la Comunidad Andina (CAN).

Dos defensas falaces

-No falta quien diga que por primera vez nuestras exportaciones van a tener un acceso “privilegiado” al mercado estadounidense. Pero es una falacia: llevamos décadas con ese acceso “privilegiado”, amparado primero por la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA) y en los últimos años por la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA).

En realidad, vamos a cambiar beneficios unilaterales por obligacionesbilaterales, ya que si bien se abre el mercado estadounidense a las exportaciones colombianas, Colombia tendrá que permitir que las exportaciones de Estados Unidos entren sin trabas arancelarias.

-“Este es un gran paso y una excelente noticia para el empleo y lalucha contra la pobreza” afirmó el presidente Santos al conocer la noticia de la aprobación del TLC por parte de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Pero, ¿de dónde han sacado que por el sólo hecho de que entre en vigor el TLC con Estados Unidos, la economía va a crecer un punto más del PIB, se van a generar más de 500 mil empleos y ello contribuirá a reducir los alarmantes índices de pobreza? ¿De dónde lo sacaron?

El 1º de enero de 1994 entró en vigor el TLC de México con Estados Unidos y Canadá (el NAFTA). Sin embargo, en la última década, el crecimiento del PIB de México ha estado por debajo del promedio del latinoaméericano. Es más: la economía colombiana ha crecido más sin TLC con Estados Unidos, que México con TLC.

Este es uno de esos espejismos que van haciendo carrera y, como las mentiras de Goebbels, a fuerza de repetirlas se vuelven “verdades”. Bien dijo el pensador ibérico Ortega y Gasset que “la verdad oficial consiste en la administración prudente de la falsedad”.

 

 

No somos competitivos

Como advirtió el ministro Restrepo, Colombia no está preparada para enfrentar el desafío que significa la entrada en vigor de este y otros tratados comerciales, que se han venido negociando a tontas y a locas.

Este TLC ha tenido defensores y críticos, pero en algo están de acuerdo tirios y troyanos: en las actuales condiciones, Colombia no es competitiva y las leyes del mercado no tienen contemplaciones.

El periodista Andrés Oppenheimer señaló recientemente: “Colombia está demasiado obsesionada con el TLC y poco obsesionada con la productividad”. Y esta, como sostiene Paul Krugman, premio Nobel de Economía, “no lo es todo para la competitividad, pero a largo plazo lo es casi todo”. Y no le falta razón a Oppenheimer, pues Colombia lleva muchos años estancada en el ranking de competitividad establecido por el Foro Económico Mundial. Al país le va mal en cuatro de los pilares fundamentales, según lo registra la gráfica siguiente:

 

Fuente: The Global Competitiveness Report 2011-2012. World Economic Forum. Geneva, Switzerland

  • En instituciones: 3,5 sobre 7.
  • En infraestructura: 3,7 sobre 7.
  • En alistamiento tecnológico: 3,6 sobre 7.
  • En innovación: 3,3 sobre 7.

De otra parte, el único factor de competitividad realmente atractivo es el tamaño del mercado doméstico: un “bocatto di cardinale” para empresas en búsqueda de nuevos mercados ante el agotamiento de sus clientelas nacionales, tal como ocurre hoy en Estados Unidos…

Colombia, en fecto, se ha ido convirtiendo en una economía cada vez más orientada a exportar sus recursos naturales sin valor agregado (factor driven), en lugar de impulsar decididamente la innovación: el país no está ubicado en dicha transición como ya lo están Chile, Brasil, México y Argentina, tal como lo ilustra el cuadro siguiente:

 

Atraso en infraestructura

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “Colombia, después de Perú y Bolivia es el país más atrasado en Latinoamérica en infraestructura”. Y no hay que perder de vista que sin infraestructura, que son los rieles, no se podrá desplazar ninguna de las cinco locomotoras del Plan de Desarrollo para la prosperidad.

De 164 mil kilómetros con los que cuenta la red vial en Colombia, sólo 900 son de doble calzada y únicamente el 8,5 por ciento de las vías están pavimentadas. De allí que traer un contenedor desde Shanghai a Cartagena (que distan entre sí 15.593 kilómetros) cuesta 1.100 dólares, mientras que transportarlo desde Cartagena a Bogotá, con sólo 1.206 kilómetros de distancia, cuesta 3.200 dólares, casi el doble (!).

Según The Economist, “para que la infraestructura de un país esté al día y se ajuste a los requisitos del mundo globalizado, es necesario que invierta al menos el 4 por ciento del PIB en este renglón. El promedio en Colombia en los últimos años ha sido 0,7 por ciento y, por lo tanto, será necesario multiplicar esta cifra por casi 6”.

El Director de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) Luis Fernando Andrade, coincide con esta apreciación, cuando sostiene que “para que un país como Colombia pueda mantener su rítmo de crecimiento y cerrar las brechas en infraestructuras hemos calculado que necesita mantener un nivel de inversiones anual del 3 por ciento del PIB por lo menos por una década”.

Hace rato sabemos qué es lo que hay que hacer, pero no se hace; el ministro de Hacienda está más preocupado por la inflación y la tasa de cambio que por la competitividad y por ello mientras el país pide a gritos más inversión en infraestructura el ministro Echeverry clama por un mayor ahorro. Es un absurdo.

 

 

Las uvas están verdes

Ante el alborozo de los unos y el desconcierto de los otros habría sería bueno precisar que:

  • No es verdad quien se oponga o critique este tratado es necesariamente un retardatario.
  • Los tratados comerciales per se no son ni buenos ni malos, todo depende de sus cláusulas.
  • Este TLC concreto fue mal negociado, prácticamente constituye un tratado de adhesión y será más ventajoso para Estados Unidos que para Colombia.

Pero aún suponiendo que no fue así —y que la cancha está nivelada— el TLC no será beneficioso para Colombia, a menos que uno piense con el deseo:

  • Primero, porque no tenemos una oferta exportadora. Llevamos años con el mercado de Estados Unidos abierto a nuestras exportaciones, libre del pago de aranceles y el máximo aprovechamiento que ha hecho Colombia de los beneficios del ATPDEA es del 54 por ciento, contra un 84 por ciento por parte del Perú.

Pese al espectacular aumento de nuestras exportaciones en los dos últimos años,“la exportación por habitante de Colombia es menor que la de Ecuador, la suma de las exportaciones e importaciones como proporción de todo lo que produce la economía es menor que en Perú, Argentina y Chile, con 60 por ciento menos de población que Colombia, exporta 40 por ciento más”.

En estas circunstancias es difícil que la colombiana sea “la tercera economía latinoamericana en 2014”, como anunció recientemente el ministro de Comercio.

 

  • Pero aún si contáramos con la oferta exportadora que no tenemos —sobre todo ahora que están tan afectadas por el creciente proceso de reprimarización de la economía bajo el peso de la revaluación del peso frente al dólar— nos topamos con el escollo de no ser competitivos.

Así se diga, sin fundamento, que “competimos muy bien frente a nuestros eventuales competidores de otros países”, basta con señalar que un exportador colombiano incurre en un sobrecosto del orden del 18 por ciento, por cuenta del rezago de la infraestructura y de las fallas en logística, de acuerdo con un estudio de la Cámara Colombiana de la Construcción.

¿De qué le sirve al exportador colombiano dejar de pagar el 4 por ciento, que es el arancel promedio en Estados Unidos, si aquí debe asumir de entrada un sobrecosto de casi 5 veces el arancel que va a dejar de pagar?

 

 

Las verdaderas prioridades

El gobierno y los empresarios deberían estar poniendo manos a la obra para actualizar la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC), elaborada juiciosamente en 2005. Con o sin TLC, Colombia necesita recuperar el tiempo perdido en este frente, donde abundan los estudios y escasean las realizaciones.

Como diría Peter Drucker, tenemos que “pasar de hacer las cosascorrectamente, a hacer las cosas correctas”. No se pueden aplazar más las obras necesarias para que el país dé un salto en su desarrollo. Y esto pasa necesariamente por la inversión en ciencia, tecnología e innovación es decir, por un cambio radical en el modelo de exportaciones sin valor agregado.

Por eso preocupa la autocomplacencia del gobierno sobre los logros obtenidos con el actual modelo. El ministro de Hacienda sostiene que “los astros se han alineado sobre el firmamento colombiano”. Y el Zar del TLC Hernando José Gómez opina que “la base productiva colombiana es muy diversificada” y podrá “aprovechar bien el TLC con Estados Unidos”.

No se puede tapar el sol con las manos: durante los últimos años tanto el sector agrícola como el sector industrial ha perdido participación en el PIB; esto se refleja en la composición de las exportaciones colombianas, donde las manufacturas han perdido cada vez más participación.

Lo dice Alicia Bárcenas, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, refiriéndose a América Latina en general y a Colombia en particular: “de nuevo nos convertimos en exportadores de materias primas, volvimos a esquemas que creíamos superados…Nos estamos asociando con China, que será la primera economía del mundo en el 2016, con un modelo en el que vendemos materia prima e importamos manufacturas. Así nos será muy dificil dar sostenibilidad a nuestro crecimiento”.

La única manera de alcanzar la meta del Plan de Desarrollo de Santos -un crecimiento sostenido por encima del 6 por ciento y una tasa de desempleo de un solo dígito- sería ampliar y diversificar la base productiva mediante la promoción de la industria, la diversificación de las exportaciones y de los mercados, la profundización del mercado interno a través de la formalización del empleo y la drástica disminución de la pobreza y la desigualdad. ¡No hay otro camino!

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