TLC con China, ¿para qué?

El tema de moda es suscribir tratados de libre comercio con cuanto país tenga cabida en el mapa. No se ha puesto aún en marcha el acuerdo con el coloso norteamericano y ya nuestro presidente anuncia la intención de embarcarnos en un proceso igual con la segunda potencia económica: la enigmática China.

Por: Gonzalo Palau Rivas / Portafolio

Como los TLC tienen tanto de ancho como de largo, tal vez sería más sensato esperar un poco a ver cómo nos va con el de Estados Unidos y, transcurrido ese tiempo prudencial para hacer sumas y restas, ahí sí enfrentar retos similares.

Aparentemente China es un mercado muy atractivo, pues abarca un poco más de mil trescientos millones de potenciales consumidores. Sin embargo, su capacidad de compra, medida por el ingreso per cápita ajustado por paridad adquisitiva, es ocho veces inferior al del ciudadano promedio norteamericano.

Combinando estas dos variables, el mercado chino viene a ser la mitad del estadounidense.

Si a EE. UU. estamos exportando casi US$20.000 millones, al gigante asiático deberíamos vender US$10.000 millones. Actualmente, no llegamos ni a la quinta parte de esta cifra.

Por el contrario, sin TLC y beneficios tributarios, de allá estamos trayendo mercancías por cinco veces más, para generar uno de nuestros mayores déficits comerciales.

Hace menos de dos años se celebró en Shanghái una vistosa y publicitada feria internacional, en la cual tanto el gobierno como el sector privado colombiano tuvieron una presencia al más alto nivel con el convencimiento de que se abrirían las puertas para nuestras exportaciones.

Las cifras demuestran que en menos de dos años se han disparado las ventas de allá para acá y, por el contrario, las de acá para allá están muy lejos de alcanzas niveles razonables y aceptables. Así sea para llover sobre mojado, hay que recordar que en este mercado también el grueso de nuestras ventas está concentrado en las dádivas con que la madre naturaleza nos ha privilegiado: petróleo y carbón.

Resulta demasiado iluso pensar que gracias a un tratado de libre comercio ahora los consumidores chinos van a descubrir las bondades en calidad y precio de nuestros productos, diferentes a los ya mencionados.

Las barreras o tarifas arancelarias hoy vigentes no parecen ser la causa principal de la escasa presencia de nuestra oferta exportable en ese mercado. Otras debilidades y falencias deben ser la causa del desequilibrio existente.

Con los aranceles vigentes, los consumidores colombianos parecen estar satisfechos adquiriendo mercancías provenientes del lejano oriente, tan remoto en los dos sentidos. En este orden de ideas, la diferencia no la hacen ni la distancia ni los aranceles.

Antes de correr riesgos innecesarios, parecería más sensato concentrarse en los desafíos que conlleva el TLC con Estados Unidos y evitar que nos suceda lo que nos está ocurriendo en el marco del G3 con México, en materia del abultado déficit comercial.

Nada que ver con lo anterior, pero de Shanghái, coincidencialmente, acaba de llegar un barco cargado con una evidente desautorización al Minhacienda por parte de su superior jerárquico.

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