Chávez: Dilema Constitucional y Tarea Inconclusa

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Por: Miguel Angel Herrera*

Esta sucesión que cuenta con el espaldarazo militar, y congoja popular multitudinaria será la prueba reina de la madurez del pueblo y las multitudes venezolanas; del grado de  solidez del liderazgo del PSUV y el bloque hegemónico que representa a los grupos y clases subalternas en Venezuela. 

“Es un orgullo poder estar al lado del presidente (Chávez), porque lucha por la gente, lucha por su país, lucha por sus ideales y estoy con él a muerte, permanentemente, escuchando cómo defiende todas sus posturas. Me parece fantástico”. Diego Armando Maradona.

En la vida como en la muerte

Pocas veces en la historia de América Latina, un hombre, un líder político despierta más fervor, reconocimiento, congoja y viva alegría que el coronel Hugo Rafael  Chávez Frías, presidente de Venezuela cuantas veces quiso. Apoyado siempre por el respaldo incondicional de su pueblo.

Él  propuso como fórmula una combinación entre la caridad cristiana de base, el internacionalismo bolivariano, la democracia popular y un nacionalismo plural. Con tales fuentes buscó construir en la lucha cotidiana de un socialismo heterodoxo como meta para combatir los molinos de carne de la doctrina y la práctica neoliberales.

Tal misión arrancó de los mismos cuarteles de un ejército que como el venezolano se preparó académicamente, y él lo hizo como historiador, y en contacto con el pensamiento de la izquierda latinoamericano, al tiempo que combatía en sus años mozos a la guerrilla local  enmontada e inspirada en el mensaje revolucionario que venía de Cuba.

Fue el presidente Chávez el primero de los presidentes en el mundo moderno, quizá, que ante un intento de golpe de Estado, la respuesta popular lo  recuperó de los golpistas traidores. Trayéndolo del Fuerte Tiuna triunfante, de vuelta al Palacio de Miraflores. A la gente en la calle se unió el apoyo de los militares disidentes, bolivarianos, donde el capitán Diosdado Cabello fue un líder castrense visible en esta  resistencia triunfal, al lado del conductor de buses y sindicalista Nicolás Maduro.

Hoy son ellos dos los dos más opcionados y reconocidos capitanes del chavismo, y la cara de la nueva Venezuela, alimentada por la irrupción participativa de la pobrería salida de las barriadas, el anonimato, y la exclusión durante todos los años de las anteriores bonanzas petroleras.

El  nacimiento de la nueva Venezuela

“Venezuela empieza un nuevo camino en su historia”. Barack Obama.

Desde ese acontecimiento en abril de 2002, en la praxis política, Chávez forjó y configuró el eje  político cívico-militar, teniendo a las multitudes como la levadura de un mandato invencible. Así fue capaz de derrotar a la oligarquía crecida y engordada hasta el hartazgo, “pelechando” del Pacto de Punto Fijo (1958), y de la renta petrolera.

Después de haber desalojado del poder al dictador Marcos Pérez Jiménez, el nuevo bloque de poder, buscó no solo dominar sino hegemonizar a los subalternos. Sus conductores de entonces le dieron a la clase media y a la obrería organizada en torno a la industria y extracción petrolera  un premio de consolación, su isla de la fantasía, Miami y alrededores. Convirtiéndolo en una suerte de barrio y veraneadero cotidiano, donde se fueron apagando las ilusiones revolucionarias y transformadoras acariciadas luego de la caída del dictador reformista.

No pocos historiadores vernáculos destacan a Pérez Jiménez cómo un caudillo militar desarrollista, y uno de los modernizadores de Caracas y Venezuela haciendo uso de la riqueza petrolera a través de grandes obras de infraestructura y beneficios palpables a los clases y grupos populares.

En Punto Pijo nacieron como tenazas de poder dos partidos, adecos y copeyanos, donde la figura descollante fue Rómulo Betancur, un activista comunista en los inicios. Instalado en el poder, Betancur se dedicó sin cuartel a combatir  a los simpatizantes de la revolución cubana, levantados en armas para realizar la revolución enfrentando con la vida la defección de la alianza oligárquica populista entronizada en el gobierno.

Este pacto entre grandes intereses burgueses y terratenientes con soporte estadounidense mucho se parecía desde entonces a la alianza estratégica que en Colombia conocimos como el Frente Nacional. Celebrada entre Alberto Lleras y Laureano Gómez, con el pretexto de cauterizar la Violencia, después de la dejación del poder del general Gustavo Rojas Pinilla.

Aunque, para hablar de diferencias, en las condiciones de Venezuela, inicialmente, hubo tres socios en el Acuerdo en lugar de dos, porque existió el sector orientado por Jóvito Villalba, y hubo un paquete de reformas populares de corto alcance en lo económico social, que no las hubo, en honor a la verdad.

Después, las torturas, los asesinatos con apoyo estadounidense entre bambalinas, aplastaron el genuino acto de rebeldía contra la traición de adecos y copeyanos, que tuvo en la juventud universitaria y la intelectualidad comprometida su motor inicial. La novela de Miguel Otero Silva, “Cuando quiero llorar, no lloro” (1970)  llevada también  al cine es recuerdo elocuente de aquel pogroom.  La resistencia armada y la rebeldía en las ciudades fue ahogada en sangre, y Chávez fue parte como joven militar de aquellas operaciones punitivas acerca de las cuales ha dejado alguna referencia escrita.

En Colombia no ocurrió así, las autodefensas campesinas nacieron del desmonte de los ejércitos guerrilleros liberales, y cambiaron su línea ideológica y político militar con el correr de los años y las operaciones de exterminio lanzado contra ellas, pasando del Bloque sur a lo que hoy conocemos como las Farc-ep, pasando por su VII Conferencia. Éstas ensayan por cuarta vez unas negociaciones de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos. Una iniciativa que tuvo en los buenos oficios de Hugo Rafael Chávez Frías al más convencido anfitrión y mediador ante el ejecutivo colombiano antes y ahora.

Un día después              

“Aplaudo y apoyo  que el pueblo venezolano pida que sus cuerpos estén juntos (Bolívar y Chávez), porque el espíritu está junto hace mucho tiempo. Mariela Castro, hija de Raúl, diputada a la asamblea nacional de Cuba.

El pasado jueves, cuando se hizo el desfile público que transportó el féretro del Cdte Chávez, a lo largo de 8 kms, testimonió el amor de las multitudes venezolanas vestidas de rojo, y de los habitantes de las barriadas de Caracas a su líder redentor hasta la cámara ardiente en la Academia militar.

Parecía ser el reconocimiento último, apoteósico, lleno de pasión vestida de rojo y beligerante, con quien las sacó de la miseria y la pobreza extrema distribuyendo la renta petrolera con los de abajo, con los que sufren en procura de una mínima, urgente nivelación social, hasta disminuir la pobreza en un 30 porciento. Algo que ni siquiera alcanzó Lula en su campaña por el “hambre 0”, en el Brasil de los extremos de riqueza y pobreza.

Chávez se jugó en la retribución a quienes le dieron el triunfo en las urnas, y de hecho resistieron en la calles al golpe de Estado de militares, industriales y comerciantes del petróleo contra él, que en Colombia celebró en privado su nuevo mejor amigo, Juan Manuel Santos. Quien estuvo este viernes pasado junto a más de 32 presidentes y primeros ministros estuvo despidiéndolo.

El bolivariano Chávez extremó la lección bolivariana, de quien se declaró heredero. Luchó a su modo contra la pobreza, y a través de los poderes habilitantes golpeó bastiones capitalistas comerciales y extractivos afincados en Venezuela por años; claro está, sin alcanzar a construir un orden económico no capitalista, pero, en cambio, introdujo formas de desmercantilización de servicios básicos para cubrir a las multitudes desamparadas y sumidas en la exclusión y el abandono por años.

Esta lucha en procura de la igualdad social, a través del proyecto de las misiones, donde tuvo el apoyo de la revolución cubana, de miles de médicos y maestros que se dedicaron a enseñar al que no sabe y asistirlo en sus más inmediatas dolamas, consiguió disminuir la pobreza venezolana y resistituir en su dignidad a los de abajo, con costos de corrupción y errores que él reconoció en vida. Quizá la mayor de las rémoras sea la llamada “Boliburguesía”, en la que algunos incluyen, sus detractores, al actual presidente de la Asamblea nacional.

Sin importarle los cánones que rigen el mercado capitalista, rompió los  límites permitidos de la inflación. Chávez y su equipo económico soliviantaron el rumbo de la distribución económica de la riqueza. Por lo que fue calificado de populista, y escarnecido por la ortodoxia capitalista: el evangelio neo-liberal de capa caída en casi todos los lugares.

Chávez produjo el escándalo y el señalamiento de los gurús de la economía, y la censura póstuma de la revista conservadora The Economist, que habla de la podredumbre del Chavismo; y de los viudos del poder en Venezuela, quienes se han trasladado en bandada rapaz a Colombia a continuar sin empacho sus negocios.

El vecino más cercano y conflictivo

Desde los tiempos de la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, Chávez tuvo que lidiar con los dobleces de la “seguridad democrática”; y ver cómo en su territorio se perpetraban operaciones  de captura contra líderes de las Farc-ep; y el cruce de grupos paramilitares afincados en sus fronteras, tanto en los límites con Arauca como en Norte de Santander.

Después del golpe de estado fallido contra él, con el cual se comprometió otro presidente de Colombia, Andrés Pastrana, quien dio asilo al industrial que reemplazó a Chávez en la presidencial, vino también la derrama de capitales venezolanos y sus asociados. Uno de los casos más conocidos por nosotros es el de la firma Pacific Rubiales, cuyos pingües dividendos en la explotación de los yacimientos de petróleo colombianos no se compadece con la condición de vida y garantías para trabajadores y los pueblos aledaños a los campos. Y ya tuvo que vivir la protesta obrera y ciudadana en fecha muy reciente.

En Colombia no hemos visto un entierro tan monumental y una despedida de tal magnitud, en la que se han movilizado más de 2 millones de personas. En primer lugar, porque los líderes populares de la segunda mitad del siglo XX, los más queridos, empezando por Rafael Uribe Uribe, y J.E. Gaitán y cerrando con Galán, Carlos  Pizarro, y Jaime Pardo Leal no murieron de muerte natural sino asesinados.

En segundo lugar, estos líderes, de diversa procedencia, son quienes trazan hasta hoy el periplo trágico de nuestra sociedad, y en particular de la sociedad civil de abajo, en un orden político donde hasta la democracia liberal está proscrita por una oligarquía voraz, delincuente y asesina.

Este bloque de poder que arranca, con sus variaciones, desde la segunda mitad del siglo XIX, no ha logrado ser sacudido de manera definitiva por un quehacer contra-hegemónico de los grupos y clases subalternas, de las multitudes autónomas. Con la excepción del triunfo fugaz de las Sociedades Democráticas, en una temprana alianza cívico-militar, con un general bolivariano, José María Melo, con cercanía al Chávez del 1999,  y quien pagó con el exilio su osadía popular.

Un mito en construcción

“Al pueblo le pedimos canalizar este dolor en paz”. Diosdado Cabello.

Lo que hemos visto en esta semana de luto, sólo es comparable a la despedida a Chávez, la que los “cabecitas negras”, los trabajadores y pobres de Argentina que poblaron a Buenos Aires, migrando de la pobreza del norte, ofrendaron a Evita Perón, quien como Chávez también fue derrotada por un cáncer. Y cuyo cadáver estuvo “secuestrado” desde 1955 hasta 1971, cuando Perón fue derrocado por un golpe militar.

El jueves pasado, entusiasmado, Nicolás Maduro, quien el viernes fue investido como presidente encargado en cumplimiento de la voluntad soberana del líder fallecido, ha señalado que el Cdte Hugo Chávez será embalsamado. Las inagotables colas de pobres y seguidores del PSUV de Venezuela podrán visitar y contemplar su cuerpo acicalado y vestido con uniforme, incluida una espada de oro, y la máxima condecoración de la república bolivariana.

El destino final del presidente invicto será el mausoleo que ya se está construyendo. Y claro, con ironía, algunos noticieros recordaron la reacción de censura que tuvo Chávez de una exposición itinerante de cadáveres humanos, Bodies, exhibida alrededor del mundo tocó Caracas, preparados por chinos, quienes superaron las habilidades de los que amortajaron a los faraones del antiguo Egipto.

Aunque cualquier gloria personal sea efímera, y los líderes de recambio lo saben bien, Chávez puede ayudar a ganar las elecciones después de muerto, y están ocurrirán el  14 de abril próximo.  Sin embargo, será la batalla por la economía venezolana la más dura contienda, luego que ha tenido que sufrir una devaluación inclemente para enjugar la deuda pública, que los expertos calculan superior hoy a $10.000 millones de dólares.

Claro está, este saldo en rojo es una bicoca si le compara, por ejemplo, con la deuda de su vecino colombiano. Y, peor aún, la estadounidense que es dolor de cabeza para Obama, quien nada simpatizó con Chávez, y quien le ha añadido un trillión y pucho, al trillión que le dejó G.W. Bush. Según lo consigna Jeffrey Sachs en el Washington Post. Habrá que invocar a los manes de la economía con el  ministro Giordani jugándose los restos. Los tiempos por venir serán duros, económica y políticamente. Mientras yace yerto el cuerpo del fundador de la República Bolivariana, en el entorno se vivirá el tiempodel “deshielo”.

La sucesión está garantizada

“Hay que votar por Nicolás Maduro”.  Mindefensa, vice almirante Diego Molero.

“Ayer tuve  el diablo aquí … ¡Huele a azufre todavía! Hugo Rafael Chávez Frías, Asamblea de la ONU, 2006.

El presidente Chávez, su propuesta renovadora, la revolución bolivariana vivió la tentación de su gran inspirador, el uso personalista del poder ejecutivo, que lo hizo renunciar a la idea de respetar la Constitución Bolivariana, y a poner en riesgo su propia salud hasta el borde de la muerte.

En las condiciones históricas del siglo XIX, en septiembre de 1828, el presidencialismo  produjo el golpe que sacó del ejercicio del poder a Bolívar, quien huyo del palacio de San Carlos para salvar  su vida de los conspiradores, donde el Gral Santander fue uno de los inspiradores, a quien el Libertador perdonó la vida del fusilamiento cuando se reintegró al poder.

Mientras que Bolívar terminó sus días, olvidado y sumido en un laberinto, como lo simbolizó el relato de los últimos días escrito por G.G. Márquez, en cambio, su sucesor intelectual, el historiador y militar Hugo Rafael Chávez Frías, constructor de la nueva república será sepultado rodeado de gloria, y con el concurso de 13 presidentes, de 32 jefes de estado y de gobierno, y delegaciones de más de 50 países.

Faltaron dos presidentes de los Estados Unidos, primero G.W. Bush, “el diablo”, y  Barack Obama, blancos corrientes de la furia de Chávez. Él brindó petróleo subsidiado a las barriadas pobres del Bronx, en la nación americana, así como a los afectados por la desgracia del Katrina, a través de la distribuidora Citgo. Pero estuvo, en cambio, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyah, el demonio encarnado del Occidente capitalista; y el presidente Alexander Lukashenko de Bielorrusia; y la compañía póstuma de Jessie Jackson y el laureado actor Sean Penn.

Eso sí, estuvo también su nuevo mejor amigo póstumo, Juan Manuel Santos, quien en los tiempos del presidente Uribe Vélez contribuyó sin éxito a su descrédito en Colombia. Y cuando hubo el golpe se reunió en privado para celebrar su caída. Pero, claro, el cinismo es “cualidad” de los gobernantes que no duran en la memoria de los gobernados, porque se les pasa la vida sin ton ni son.

En Bogotá, estos gobernados, en un barrio modestísimo, en la localidad de Engativá hacen la diferencia. María Martínez una pobladora, lo despidió con misa, después de vivir por 22 años en el barrio que hace doce años lleva el nombre de Hugo Chávez.

La continuación del sueño de Bolívar internacionalista, La Gran Colombia, frustrado entre otros por Estados Unidos y Gran Bretaña, en el Congreso Anfictiónico de Panamá (1826), lo consiguió, en parte, el Cdte Chávez a través de las iniciativas del Alba, Petrocaribe, la Celac, y la Unasur. Llevándole la contraria a lo que él denominaba el imperio; desafiando al presidente Bush, “cultor” de la doctrina de las guerras “preventivas” en la lucha contra el terrorismo global. El hijo “reformado” de petroleros texanos, a quien  escarneció en público, lo derrotó Chávez con su promesa de mantenerse en el poder del estado hasta su muerte, porque George W., fue derrotado por Obama en su pretensión reeleccionista.

Muerto Chávez, ha empezado el ejercicio de Nicolás Maduro como presidente encargado. Él lo señaló como su sucesor “natural”,  anticipándose al problema del poder,  precaviendo lo que ocurriera en escenarios como  la Rusia Soviética, con el testamento de Lenin, o la China comunista, donde los sucesores, José Stalin y  Deng  Tsiao Ping no resultaron ser continuadores de la obra de los fundadores de los socialismos más influyentes del siglo XX, como  lo promete Maduro, jurando lealtad absoluta al líder fallecido.

Ahora, lo ha dicho el canciller Elías  Jahua, a pesar del desenlace trágico, aunque no intempestivo, porque la agonía ha sido de varios meses, desde que Chávez ganó la última elección, se pondrá en práctica lo dispuesto por la Constitución Bolivariana, que en el art. 233 establece:

“Cuando se produzca la falta absoluta…se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los 30 días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el presidente o presidenta de la Asamblea Nacional”.

En apego a la constitución vigente, quien tendría que pasar a encargarse de la presidencia es Diosdado Cabello; más aún, cuando el candidato propuesto por Chávez desde su lecho de muerte es el  presidente encargado. Nicolás Maduro, sin embargo, desde  el pasado viernes se convirtió en presidente en funciones, quien escogió al fin como lugar para su nueva investidura la Asamblea Nacional, acto al que solo concurrieron cuatro diputados de la oposición.

Esta sucesión que cuenta con el espaldarazo militar, y congoja popular multitudinaria será la prueba reina de la madurez del pueblo y las multitudes venezolanas; del grado de  solidez del liderazgo del PSUV y el bloque hegemónico que representa a los grupos y clases subalternas en Venezuela.

Veremos la validez de este aserto en los siguientes días. Ojalá que la lección del que hoy se llama Chavismo y se embalsama, tenga eco y réplica en l@s much@s de Colombia y América Latina, quienes procuran por todos los medios realizar  la demanda insatisfecha de revolución democrática y por la igualdad social,  y de autonomía del poder de quienes, a contrario de Chávez, solo las utilizan como masa de maniobra electoral, y a las que entregan migajas a cambio de expropiarles la riqueza social a la que tienen todo el derecho, cotidianamente.

* Profesor asociado, Ciencia Política, Unal, Ex rector Universidad Libre de Colombia

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