El café: trago amargo

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Por: Amylkar Acosta / Semanario Caja de Herramientas

El paro de los cafeteros puso en jaque al Gobierno nacional, fueron doce días durante los cuales se puso a prueba la capacidad de la Federación de cafeteros y al mismo Gobierno para encauzar sus demandas en procura de apoyo para enfrentar la peor crisis a la que se han visto abocados en décadas.

Como nos lo recuerda el ex ministro Carlos Caballero Argáez, “el mundo cafetero de los sesenta años que transcurrieron entre los treinta y los ochenta del siglo pasado desapareció en 1989, cuando concluyó la era de los acuerdos internacionales del café, que se había iniciado en 1941. Esos acuerdos permitieron mantener altos los precios del grano mediante un esquema que establecía un precio de sustentación, retenía café en las épocas de precios bajos y lo soltaba cuando estos se elevaban”1. Desde entonces el café y los cafeteros quedaron a merced de un mercado imperfecto y expuesto a las presiones especulativas que la han impreso una gran volatilidad a sus precios en la lonja internacional. A guisa de ejemplo, en febrero de 2012, por cada saco de café físico que se transó en el mercado se transaron 70 en el mercado de futuros. Ah tiempos aquellos, dirán aquellos que siguen creyendo que todo tiempo pasado fue mejor.

El café llegó a tener tal importancia que al dar cuenta del comportamiento del PIB los reportes del DANE hacían notar la diferencia del crecimiento del mismo con trilla de café o sin trilla de café. Hoy, como lo dice el ex ministro “el café, quiérase o no, es un cultivo más, como las flores o el banano”2, así de sencillo. Colombia por muchos años fue prácticamente monoexportador de café, hasta que el renglón petrolero lo desbancó como primer producto de exportación y mayor generador de divisas. Finalizando la década del 70 la caficultura tenía un peso en el PIB agropecuario del 25%. En las décadas del 70 y del 80 las exportaciones de café llegaron a representar hasta el 50% del total. Eran los tiempos aquellos en los que los cafeteros a través de la poderosa Federación Nacional de Cafeteros ponían y quitaban presidentes, tenían asiento propio en la Junta Monetaria y a través de esta influían en la determinación de la tasa de cambio. Hoy en día el café sólo participa con el 7% del PIB agropecuario y las exportaciones de café sólo representan el 5% del total de las exportaciones colombianas.

A partir de la abolición del Pacto cafetero el negocio del café es a otro precio, sobre todo después del desmonte de la banda cambiaria en la administración Pastrana, condición esta impuesta por el FMI e implementada dócilmente por el entonces Ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo. Desde entonces la tasa de cambio se ha convertido en el dolor de cabeza para los caficultores como para los demás productores nacionales que se han visto afectados en los últimos años por la revaluación del peso frente al dólar. La caficultura en particular y la agricultura en general, al igual de la industria manufacturera se han visto diezmada por la enfermedad holandesa que ha traído consigo la reprimarización de la economía nacional. La minería y los hidrocarburos han terminado desplazándolas y arrumándolas. Basta con señalar que la tasa de cambio pasó del peso con respecto al dólar tuvo una apreciación del 24.58% entre el mes de marzo de 2009 y noviembre de 2012. Y la tendencia se mantiene; si bien en los dos primeros meses de este año dicha tasa ganó 2.61%, en el mes de marzo se revirtió dicha tendencia y volvió a la baja. Después que la cotización del dólar superó la barrera psicológica de los $1.800, el día de ayer cerró a $1.707.28, con tendencia a la baja.

Pero, lo más grave ha sido la confluencia de la revaluación del peso con la caída de los precios y de la producción. En efecto, después de haber alcanzado unos niveles de precios atractivos en 2011, debido fundamentalmente a un déficit de oferta en el mercado internacional, en el 2012 empezó a descolgarse, arrastrados en gran medida por la larga y profunda crisis de la Unión Europea, así como también por la lenta recuperación de la economía estadounidense. Entre enero de 2005 y marzo de 2011 los cafeteros pudieron contrarrestar el efecto de la revaluación con el repunte de los precios del grano; pero en los últimos dos años el desplome de los precios en la Bolsa de Nueva York desde los US $2.72 la libra a US $1.46. La cotización del día de ayer fue de un lánguido US $1.38 la libra. En cuanto a la producción esta ha venido cayendo ostensiblemente; Colombia pasó de producir 17 millones de sacos de café en 1993 a sólo 7.6 millones en 2012, de tal suerte que no pudo aprovechar la coyuntura de altos precios por la caída en la producción. Colombia pasó de ser el segundo exportador de café al cuarto lugar y Perú nos viene pisando los talones y lo que es peor de ser exportadores hemos pasado a ser importadores del grano. Así las cosas, la caída en simultánea del nivel precios y del tamaño de la cosecha del 40% en ambos casos, aunado al impacto de la revaluación (menos pesos por dólar) condujo a que los cafeteros produjeran el café a pérdida.

Esta situación se tornaba insostenible, dado que al caficultor (96% de ellos pequeños productores) le ha tocado vender la carga de café por debajo de lo que le cuesta. Ellos, como todos los demás sectores productivos afectados por la revaluación le han pedido en todos los tonos al Gobierno que trate de contener la presión revaluacionista sin encontrar eco. El mismo Presidente de la República le pidió ayer a la Junta directiva del Banco de la República que deberían ser más “creativos”, para no decir agresivos, en sus intervenciones para lograrlo, dada la timidez de las medidas que hasta ahora han tomado y que por ello mismo han resultado inocuas. Ante el efecto arrasador de la revaluación del peso, primero fueron los textileros, los confeccionistas los que solicitaron y obtuvieron del Gobierno una protección arancelaría. Ahora el turno era para los caficultores, que después de 12 días de paros y protestas obtuvieron del Gobierno unas medidas compensatorias, las cuales servirán de lenitivos para poder sobreaguar. Se trata de un subsidio al precio denominado Apoyo al Ingreso de la Caficultura (AIC), mediante el establecimiento de una franja de precio que oscila entre los $600 mil y $480 mil la carga, $145 mil por carga, cuyo costo es de $600 millardos con cargo al Presupuesto General de la Nación.

Pero esta es una medida de emergencia, transitoria, que no toca el problema estructural que tiene que ver con la competitividad. Bien dijo el Nobel de Economía Paul Krugman que en materia de competitividad la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo. Y allí es donde viene fallando la caficultura colombiana. En Colombia no sólo no se ha progresado en la productividad y competitividad sino que se ha retrocedido. Es así como a pesar de haber aumentado un 4.1% en el área sembrada de café entre 2002 y 2011 la producción, según la FAO, ha disminuido casi el 35% en el mismo lapso, al pasar de 980 kilos a menos de 633kilos por hectárea de café verde, lo cual significa que ha venido cayendo a una rata del 3.5% anual. Ello contrasta con lo que se ha dado en Brasil aumentó sus rendimientos en más del 12%, pasando de 1.117 kilos a 1.257 kilos por hectárea; entre tanto Honduras pasó de producir 845 kilos por hectárea a 1.066, un alza mayor del 26%, un 3.2% anual; Perú y Guatemala también aumentaron su productividad en un 7.3% y 15.4%, respectivamente. Y hay un caso excepcional del cual Colombia tiene mucho para aprender: Vietnam tuvo una elevación de la productividad espectacular, al pasar de producir 1.420 kilos a 2.108 kilos por hectárea, un incremento del 5.8% anual, siempre para el mismo período considerado. Algo tuvieron que hacer ellos mejor que no hizo Colombia, para que su caficultura hubiera llegado a esta situación de postración que amenaza con arruinar a los caficultures. Y no estamos hablando de naderías, estamos hablando de la suerte de más de 500 mil familias que derivan su subsistencia de esta actividad.

Al Gobierno y a la Federación de Cafeteros se les salió de las manos la airada protesta de los caficultores, encabezada por el Movimiento de la Dignidad Cafetera. Primero intentaron ignorarlo y subestimarlo, luego quisieron criminalizar la protesta insinuando que detrás de la misma estaba la guerrilla. Luego el Gobierno comete el más craso error al sentarse a “negociar” el paro con la Federación, que no estaba en paro, para terminar negociando, muy a su pesar, con los verdaderos líderes de la protesta, hasta arribar a un acuerdo que le puso punto final a las marchas y bloqueos que tenían virtualmente paralizado al país. El Ministro del Interior Fernando Carrillo tuvo una salida desafortunada al declarar al término del paro que de esta manera había fracasado “el intento de una insurrección antisantista”3. La gran perdedora en este trance fue la Federación Nacional de Cafeteros en cabeza de su presidente Luis Genaro Muñoz, que mostraron su inoperancia e ineptitud proverbiales y desde luego el Gobierno, que habrá de pagar el costo político de sus desvaríos y desaciertos.

http://www.amylkaracosta.net

Edición N° 00343 – Semana del 15 al 21 de Marzo de 2013

1 El Tiempo. Marzo, 9 de 2013

2 Ídem

3 El Tiempo. Marzo, 9 de 2013

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