Economía Política de la Crisis Cafetera

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Por: Carlos Andres Canaveral Usuga / Periferia Prensa Alternativa

El cultivo del café ayudó a construir nuestro país. Fue el cultivo que permitió, en el siglo XIX, que Colombia se insertara en las corrientes del mercado internacional, incentivó la creación de un mercado interno, jalonando el consumo de alimentos, licor, tabaco y curtiembres; impulsó la creación de la industria nacional, como el sector textil, el de envases de vidrio, el de bebidas, el exportador e importador, y alimentó de manera importante las finanzas del Estado, con las cuales se construyeron importantes vías férreas, puertos marítimos y la malla vial colombiana. Pero la crisis cafetera actual no es contingente sino sistémica, y hace parte de la crisis general del campo y de nuestra sociedad, así como del impacto de las relaciones de poder dominantes en el comercio internacional.

Los analistas, los expertos y los diarios económicos del país afirman que existen tres causas que explican la crisis cafetera: la caída continúua del precio internacional del café y la revaluación del peso colombiano. Por cuenta de estas dos “los cafeteros dejaron de percibir el año pasado ingresos en el orden de los $1,5 billones, luego de que el valor de la cosecha pasara de $4,9 billones en 2011 a $3,4 billones en 2013”, según dio a conocer Luis Genaro Muñoz, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, al diario La República. La tercera razón es la disminución en la producción nacional, que a duras penas llega a los 7.7 millones de sacos, cuando el potencial colombiano es de 10 millones, producto, según los expertos, de cafetales viejos con baja productividad y poco resistentes a los cambios climáticos y que son necesarios renovar

El precio del café lo imponen las multinacionales de alimentos
Lo que esconden estos análisis, entre otras cosas, es que el precio internacional del café es impuesto a los países productores por una Tiranía Corporativa Transnacional ejercida por las más grandes compañías compradoras del café en el mundo, a saber: la Nestle y La Kraft, ambas sancionadas hace poco con 60 millones de dólares por la autoridad alemana de competencia y derechos de los consumidores, por incumplir la legislación de competencia y pactar precios en el mercado del chocolate; La Proctor & Gamble, sancionada en otras ocasiones por la mala calidad de leche para bebé, La Neumann Kaffee Gruppe, empresa alemana acusada por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas por su complicidad en la expulsión de los habitantes de varios pueblos de Uganda para crear una gran plantación de café.

Hasta 1989 la oferta de café era regulada por el Convenio Internacional del Café, lo que daba cierta estabilidad a los precios del producto, pero cuando se instaura la reencauchada ofensiva del libre mercado, el precio del café comienza a ser fijado por los especuladores de Walt Street, lo que ha hecho que el precio de la libra del café sea hoy la más baja en los últimos 30 años. En el caso colombiano, en enero del año pasado la carga de café pergamino seco, que es de 125 kilos, se pagaba a $ 873.847 pesos, y a diciembre se estaba pagando a $520.065, es decir, a un 40,5 % menos.

A esto se le suma, según Andrés Álvarez, ingeniero agrónomo, que al país “está entrando de contrabando la sobreoferta del café de otros países, como Perú y Guatemala, a precios más bajos que los del mercado nacional, poniendo en juego además la especulación y el dumping”. Álvarez anota que “el consumo interno del café está desestimulado, tenemos el consumo per-cápita más bajo en el continente, y el Café que se consume es de segunda, o mejor conocido como pasilla; el de mejor calidad se exporta, lo que es muy particular, porque, por ejemplo, un francés se da el lujo de tomar vinos de otras partes del mundo, pero el mercado no le excluye de tomarse el mejor del mundo, que es su propio vino”.

Y es que no se entiende la crisis cafetera recurrente en medio de un contexto en donde la demanda del producto es mayor que la oferta, y menos cuando vemos las cifras asociadas al comercio internacional de este producto. Según el documental Black Gold, de los hermanos Marc y Nick Francis, filmado en el 2008, el café es el segundo producto más negociado, después del petróleo, en los mercados mundiales. Desde 1990 las ventas al por menor de café han aumentado de $30 billones a $80 billones de dólares cada año, y a nivel mundial se consumen diariamente en promedio más de 2.000 millones de tasas; con esas cifras uno podría pensar que es el negocio soñado para cualquiera.

La principal explicación de la crisis cafetera es clara: los principales compradores y especuladores mundiales pagan por el café lo que se les da la gana, de tal forma que puedan usufructuarse de los bajos precios. Así lo reconocía Luis Genaro Muñoz Ortega, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros en el Congreso Nacional del Gremio, realizado en Bogotá el 28 de noviembre de 2012, cuando afirmaba al diario La República, respecto a las expectativas de precios del 2013 que “dependerá del comportamiento de las bolsas, que tienen un nivel de volatilidad como nunca se ha visto. Hay unos actores nuevos de mucha especulación, para quienes su negocio no es el de los precios, sino el número de veces que puedan mover un dólar. Si uno habla con los actores del mercado, con los clientes del café de Colombia, ellos dicen que los precios no deberían estar tan deprimidos, pues no hay razón para ello”.

Los que realmente sufren la crisis cafetera
Claro que si se ahonda en el análisis tal vez podemos entender el por qué de la crisis y a quién afecta. Una taza de café en un negocio como Starbucks, o Mc Donalds puede costar, por ejemplo en Atlanta (USA), unos $ 8 dólares. De cada libra de café salen en promedio 80 tazas, significa que por cada libra de café uno de estos famosos lugares obtiene $640 dólares, ¿cuánto recibe el productor por cada libra de café? En el caso colombiano, a precios de hoy la libra de café la compran a $ 1,42 dólares, de esta manera un caficultor colombiano está recibiendo por una libra de café un
99,7 % menos que aquella famosa cadena.

Es decir que los $640 dólares por libra finales se los embolsa Starbucks o Mc Donalds y el resto de los $ 638,5 dólares promedio quedan en una larga cadena de intermediarios, que van desde el agente local, el exportador y el transportista que se quedan con 7% del dinero, los importadores y las tostadoras y tiendas/cafeterías como Starbucks se quedan con el 90%, mientras que los agricultores, campesinos generalmente con pocos niveles de educación y sin conocimientos sobre comercio y negocios, apenas reciben entre un 1 y 3% del precio final, según el documental Black Gold.

El tamaño de la finca cafetera y su productividad también afecta los ingresos de los caficultores. En Colombia, a diferencia de Brasil, la producción es minifundista, es decir, que la proporción de pequeños caficultores es mayor que la de los grandes. En relación con esto las cifras oficiales afirman que el tamaño promedio de la finca cafetera es sólo de 1,5 Ha, más del 36% de las fincas cafeteras tienen menos de 1Ha y el 60% de las fincas oscilan entre 1,1 Ha y 10 hectáreas. Esto se convierte en un problema, pues la pequeña finca cafetera no puede dar ingresos adecuados a la familia propietaria.

Respecto a esto, Álvarez considera que la crisis “afecta tanto a pequeños como a grandes, ya que estos últimos hacen grandes inversiones y deben recuperarlas”. Pero lo cierto es que la lógica financiera más simple nos permite deducir que un gran caficultor puede tener, como los expertos financieros lo dicen, más apalancamiento financiero; es decir, mayor capacidad de endeudamiento y mayor capacidad para soportar las bajas continuas del precio del producto. No se hace aquí una defensa de la necesidad de la gran propiedad frente a la pequeña, sino que, por el contrario, la reflexión es que la alta concentración de la tierra en pocas manos y el régimen de propiedad privada, también son las causantes de la crisis de los cafeteros, y en general de toda la nación.

La situación social en las zonas cafeteras
Otro aspecto del que los medios de comunicación no dan cuenta es el de la situación social de las familias cafeteras, que no es acorde a la gran cantidad de recursos económicos aportados por el sector al desarrollo de nuestro país. A esta actividad se dedican, según cifras oficiales, cerca de 550.000 familias, conformadas en promedio por 5,5 personas, lo que da un total de 3.025.000 personas dedicadas al cultivo de café.

Gilberto Arango Londoño, autor del libro “Estructura Económica Colombiana”, afirma que el subempleo en las zonas cafeteras es crónico, fluctúa entre el 10% y el 17%, el 14.85% de los hogares cafeteros se encuentran en una situación de hacinamiento crítico, el 59.27% tienen sus necesidades básicas insatisfechas, el 31.28% son pobres y otro 28% son menos que pobres, es decir miserables.

También afirma, teniedo en cuenta otros datos, que la pobreza cobija a más del 60% de los habitantes de las regiones principales del cultivo y más del 80% en las zonas rurales, la zona cafetera es donde más ha crecido la pobreza y la indigencia en todo el país en los últimos años, a un ritmo casi el doble del resto de la nación. Por último, el 68% de los caficultores no tienen estudios superiores a los primarios y el 19% es analfabeto, más del 18% de las familias viven en casas de mala calidad y más del 34% no tiene acueducto ni alcantarillado.

El poco desarrollo de las regiones cafeteras se ha debido, según el ingeniero Álvarez, a la Federación Nacional de Cafeteros (que es una institución privada), la cual “históricamente ha incidido en el desarrollo de la educación rural, la infraestructura de carreteras, ha incentivado la siembra y ha generado un sistema de conocimiento e innovación como Cenicafé”. Pero la Federación tiene otra cara, según el mismo Álvarez, “en el marco de un sistema de libre comercio la Federación se comporta como un monopolio, ya que es la única que exporta, o hay muy pocos exportadores distintos a esta. Si un pequeño productor colombiano de la Sierra Nevada quisiera venderle directamente a un Alemán -anota Álvarez-, no podría hacerlo, todo tiene que pasar por la Federación”.

Según Álvarez, un primer argumento es la calidad, “ya que la federación es muy cuidadoso de la calidad del café de Colombia – y por otra parte- , los pagos y los desembolsos se hacen a través de esta”. Álvarez crítica adicionalmente que la Federación “exige un tipo determinado de variedad de café, con una determinada cantidad de árboles o cultivos a libre exposición que tiene un importante impacto ambiental y un determinado paquete de semilla certificada, venenos y abonos, limitando las posibilidades de una caficultura con técnicas alternativas”.

Tecnificación, renovación de cafetales e impacto ambiental
Está también el tema de la baja producción del café, resultado, al parecer, de cafetales viejos y especies con baja productividad. En este aspecto Colombia viene avanzando rápidamente. Según cifras de Arango, “en el 2000 el 71% del área cultivada era tecnificada y producía el 87% del café y el 29% estaba en cultivo tradicional, que produce el 13% del café. La tecnificación viene en aumento; Antioquia es la región con mayor producción y más tecnificada, le sigue Caldas, Tolima, Valle, Quindío, Risaralda, Cundinamarca y Huila, juntas producen el 70% del café del país. Ya en 2002 la productividad de Colombia le ha permitido ocupar el 4 puesto a nivel mundial, Vietnam es el más productivo y el menos productivo es República Dominicana”.

A 2012 los cafeteros de Colombia mantienen un alto ritmo de renovación de cultivos, “ya cumplimos la meta de tecnificación, a hoy tenemos el 94% de nuestra caficultura tecnificada (con variedades resistentes al hongo de la roya y mejor preparadas para la variabilidad climática)”, destacaba Muñoz, de la Federación Nacional de Cafeteros, en una entrevista al diario El Espectador el pasado 2 de febrero. Pero esta solución tiene otra cara y es que la renovación de los cultivos aumentará la productividad de los mismos y, por tanto la oferta, presionando a futuro una baja adicional del precio.

Por otra parte, la tecnificación cafetera comenzará a tener un impacto ambiental importante, ya que como lo afirma Álvarez, “para aumentar la productividad se está promoviendo la caficultura a libre exposición, en detrimento del café a la sombra, que trae beneficios ambientales que se reflejan en la calidad de los suelos, el manejo de las aguas, entre otros, y se están promoviendo unas técnicas de alta productividad como la antes mencionada”. Esta situación empeorará, ya que según un reciente estudio, el cultivo de este producto podría extinguirse a finales de siglo gracias al cambio climático y la deforestación, ya que la variedad que más se consume en el mundo es el café arábigo, cuyo arbusto es muy vulnerable a los cambios de temperatura, así como a otros peligros como las plagas y las enfermedades. Las estimaciones más optimistas de dicho estudio hablan de la desaparición del 70% de la producción mundial hacia el 2080.

El presidente Santos, el ministro de agricultura y el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros se rasgan las vestiduras afirmando que la crisis no depende de ellos sino de la evolución del precio internacional del café e intentan calmar a los caficultores diciéndoles que les brindarán más ayudas económicas; pero lo cierto es que dichas ayudas servirán apenas como un paliativo insuficiente ante las poderosas y arrolladoras fuerzas del mercado internacional del café y de las empresas que lo dominan. Mientras tanto, son los pequeños caficultores los que se seguirán tomando este café amargo.

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