Venezuela enfrenta la guerra suave

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Por: David Segarra / Rebelión

 En la noche tras las elecciones grupos desconocidos se despliegan por todo el territorio de Venezuela. Centros hospitalarios son atacados. Sedes de partidos de izquierdas son quemadas. Aparecen pintadas señalando y amenazando de muerte a los militantes bolivarianos. Periodistas son tiroteados y heridos. Grupos armados aprovechan la oscuridad para atacar a grupos de vecinos que han salido a defender sus casas, escuelas y ambulatorios. 8 chavistas, todos de clases populares, son asesinados a tiros. Esto pasa la noche siguiente que la derecha venezolana pierde las elecciones. Sólo dos países ponen en duda la victoria de Nicolás Maduro: España y Estados Unidos.

Y es que Venezuela posee la primera reserva de petróleo mundial. En el siglo XX cuatro presidentes intentaron poner bajo control de la nación los recursos naturales y el petróleo. Los cuatro sufrieron Golpes de Estado dirigidos por la alianza entre las potencias extranjeras y las élites locales. Los cuatro perdieron el poder. Pero el último, Hugo Chávez, logró revertir el Golpe en 2002 gracias a la rebelión masiva de las clases populares en alianza con los sectores nacionalistas del ejército. España y Estados Unidos perdieron el control de la mayor fuente de petróleo. Pero tenían otra opción: sólo un año después invadían Irak. Apoderarse del petróleo iraquí costaría la destrucción de la nación árabe, un millón de muertos y un sufrimiento inimaginable. Venezuela podría vivir diez años en paz gracias a la fortaleza del pueblo venezolano y la resistencia de Irak.

Durante estos once años que han pasado, Venezuela ha reconstruido su nación, que cinco siglos de colonialismo habían reducido a la pobreza extrema, una inseguridad extrema y un caos extremo. La creación de la sanidad y la educación pública, así como la lucha contra la pobreza han sido los frentes principales. Hoy Venezuela no se parece en nada a la de hace 10 años. El 80% de pobreza se ha reducido a menos del 40%. Hay sanidad y educación públicas. Y lo más importante: las mayorías invisibilizadas hoy han recuperado el orgullo, la identidad y el poder sobre sus vidas. Hay, sin embargo, enormes problemas que se tratan de enfrentar con la creación de una democracia participativa, donde la ciudadanía pueda participar a través de los consejos comunales, o asambleas abiertas, y así decidir sobre sus propias comunidades. Simultáneamente el sistema democrático convencional de partidos continúa. Es una experiencia que combina el sistema político tradicional occidental y experiencias asamblearias populares.

Venezuela ha impulsado en estos once años la alianza de las naciones latinoamericanas que ha creado una nueva realidad geopolítica. Ante el mundo unipolar ,donde Estados Unidos había profetizado el fin de la Historia y su dominio final, aparece un mundo multipolar, donde el poder se reparte en diferentes regiones del mundo. Venezuela lidera la construcción y consolidación del bloque latinoamericano. Entre el Golpe de 2002 y 2013 movimientos nacionalistas de izquierdas van ganando las elecciones en todo el continente generando una nueva realidad y nuevas alianzas. Aparece el ALBA, UNASUR, CELAC y otras organizaciones continentales que visualizan la nueva independencia. A raíz del golpe de Estado en Paraguay en 2012, Venezuela hace una audaz maniobra diplomática y entra en MERCOSUR. Junto a Brasil, Argentina y Uruguay pasan a ser la quinta economía mundial. Por el camino han caído Haití y Honduras en otros Golpes de Estado.

Con la muerte de Chávez, Estados Unidos, España y las élites venezolanas ven la oportunidad. Es necesario un ataque relámpago. Se convocan nuevas elecciones para elegir nuevo presidente. El país se encuentra en shock emocional. El candidato bolivariano es Nicolás Maduro Moros, de origen popular, ex-chofer, sindicalista y activista de izquierdas. Acompañó a Chávez durante más de 20 años. Fue ministro de asuntos exteriores y participó en el diseño de la nueva arquitectura política de América Latina. Enfrente tiene a Henrique Capriles Radonski, hijo de dos de las familias más ricas, propietarias de la principal cadena de periódicos y cines. Abogado, formado en universidades privadas nacionales e internacionales. En 2002 ya se enfrentaron, cuando Capriles lideró un Golpe de Estado y Maduro tuvo que pasar a la clandestinidad. Pero es 2013 y la democracia parece consolidada en Venezuela.

Desde 1998 el discurso antichavista había sido que los “primates” y las “hordas” habían tomado el poder liderados por el “gorila rojo”. El extremismo de la narrativa colonial, racista y clasista les hizo perder elección tras elección. El orgullo nacional y popular se fue consolidando ante los ataques discursivos de las élites venezolanas. Pero en 2007 la estrategia antichavista cambia radicalmente. Se dan cuenta que Venezuela ha cambiado. Las clases populares han tomado conciencia de sí mismas y no pueden volver a meterlas en la jaula. Así se inicia un extraordinario proceso que culminará en 2013. Las élites apátridas asumen la narrativa bolivariana. Recuperan el uso de la bandera nacional, de la figura de Bolívar y la constitución. Inician un proceso de penetración en los barrios populares, las favelas, que tanto temían y despreciaban. Todos los analistas de comunicación han podido ver cómo su publicidad ha pasado de sólo mostrar gente de raza blanca a utilizar de manera sistemática personas de piel oscura detrás de los líderes antichavistas. Que siguen siendo todos blancos y de clase alta.

Al cambio de discurso se une un cambio de estrategia. Las élites comienzan a leer a Sun Tzu y Lakoff. La estrategia de boxeo, de enfrentamiento brutal y frontal desaparece. Sus asesores extranjeros los convencen de que hay que tener paciencia e inteligencia. El ataque será ahora multifactorial, lento y buscará no destruir el gobierno militarmente sino desgastarlo lentamente. Se inicia pues la estrategia del enjambre: atacar por todas partes, sin rostro, sin protagonistas, sin formas y sin identificaciones. El liderazgo antichavista negará sistemáticamente toda vinculación con los rumores, la guerra psicológica o los ataques violentos.

Durante todas las elecciones Venezuela se ve bajo un ataque no identificado y que afecta a todos los aspectos de la vida cotidiana. Los grandes empresarios esconden alimentos para producir malestar en la población. Incluso acaparan elementos de higiene íntima, sagrados para las mujeres. Comienzan sabotajes masivos al sistema eléctrico que afectan la tranquilidad de los barrios populares. Ingenieros financieros atacan la economía manipulando los precios del dólar. La mayoría de los grandes medios de comunicación sólo dan malas noticias. Los medios privados tienen un 90% de audiencia en Venezuela. El gobierno se ve ante la odisea de reconstruir una nación y simultáneamente responder a ataques en todos los frentes. Sin aparente conexión, el ataque a la economía y los servicios públicos, las malas noticias de los grandes medios y la guerra secreta de las redes consolidan la cosmovisión de las élites venezolanas que ahora se presentan como neobolivarianas, neonacionalistas y cuasi neosocialistas. El acierto de la oposición radica en presentarse como herederas de lo mejor de Chávez. Las élites afirma haber aprendido la lección: sí, hay que respetar a las clases populares y defender la patria. Pero somos las élites las que haremos esa tarea histórica mejor que las propias clases populares. A fin de cuentas Maduro sólo es un chofer. Maduro no es Chávez. Nosotros somos Chávez, están a punto de decir en un giro de un cinismo maquiavélico.

Pero el ataque, invisible a los ojos del Estado y el Gobierno, no viene sólo de las calles o los medios. Es un ataque anónimo y masivo que golpea y penetra los corazones y las mentes. Llega a las pantallas de los teléfonos móviles a través de las redes sociales. Creando una narrativa y un marco conceptual completo y cerrado que se refuerza con los grandes medios y las declaraciones de los líderes opositores. Durante las últimas semanas y a día de hoy una enorme operación de guerra psicológica se lanza contra Venezuela. El objetivo: generar el mayor odio y frustración posible en las masas opositoras antichavistas, El instrumento: decenas de fuentes anónimas que generan miles de mensajes falsos diarios y que llegan por Blackberry, Twitter y Facebook. En tiempo real el gobierno y miles de ciberactivistas bolivarianos tratan de desmontar cada mentira y cada montaje, pero trabajan en reacción, defendiéndose. La iniciativa, la capacidad de sorpresa, el ataque guerrillero está en manos de las fuerzas imperialistas. Desde Bogotá y Miami se dirige un ataque masivo a la psicología de millones de venezolanos. A cada minuto aparecen nuevos rumores, nuevas fotos falsas de violencia, nuevas llamadas a la insurrección que han conseguido generar un clima de histeria en millones de venezolanos. Estas campañas son exactamente las mismas que se usaron en la Europa de los años 30 contra los judíos, en los 50 contra los comunistas o contra el Chile de Allende. Se trata de generar el pánico, sin ningún fundamento, y el odio ante la posibilidad, nunca concretada, de que el enemigo señalado nos ataque. El objetivo de la guerra psicológica es cerrar en sí mismos a los receptores. Hacerlos inmunes a la realidad y la verdad, creando un mundo cerrado que sólo existe virtualmente. Pero que genera una verosimilitud total. Incluso muchos de los artistas de moda apoyan los rumores y la campaña. Quizá conscientemente, quizás inconscientemente. No importa. Lo importante es convertir a cada ciudadano en un portador y movilizador de la campaña de odio.

Esto se combina con un ataque real, en las calles, por grupos de choque desconocidos, que han querido sembrar el pánico entre los chavista. Y también de guerra psicológica hacia los chavistas hacia los que se lanzan rumores de Golpe de Estado y persecución para conseguir generar un clima de pánico y rendición.

El objetivo de esta batalla de las mentes que estamos viviendo no es ganar. Es sembrar la semilla del odio y la movilización permanente entre las masas antichavistas. Y la confusión y desmoralización en el bando chavista. Con dos escenarios: enfrentamiento civil y caos o derrota electoral de las fuerzas bolivarianas. La estrategia de la tensión.

Este episodio nos muestra que las guerras y las batallas se combaten en las calles y en los campos, pero primordialmente en las mentes y los corazones.

Algunos, que sabemos quiénes son, han leído muy bien a Goebbels y a Sun Tzu y han lanzado sus ataques sobre Venezuela.

Las élites que han gobernado durante 500 años Venezuela están desesperadas por volver al poder.

Pero la Venezuela de 2013 no es la de 2002, cuando ya derrotó un Golpe de Estado. Ahora Venezuela es infinitamente más fuerte tanto a nivel interno como externo. América Latina, Brasil, China y Rusia no son poca cosa. El pueblo venezolano no es poca cosa. El ejército venezolano no es poca cosa. Y Venezuela, como los revolucionarios de la Historia, es maestra en el Arte de la Guerra de Sun Tzu, de Bolívar y de Chávez.

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