La pobreza sigue bajando, la desigualdad apenas se movió

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Por: Jorge Iván González / Razón Pública.

2012 fue un buen año en términos de reducción de la pobreza, pero la desigualdad disminuyó muy poco. La brecha campo–ciudad se está ampliando. La política macroeconómica va en contravía de la política social.

Cabeza fría, señores

Los datos que acaba de entregar el DANE sobre la evolución de la pobreza y de la desigualdad permiten concluir que hay avances relevantes, pero no tan sustantivos como dice el gobierno.

La presentación de las cifras ha estado acompañada de evaluaciones excesivamente optimistas. Es preciso adelantar un análisis objetivo para extraer algunas conclusiones prácticas.

La desigualdad

Entre 2011 y 2012, la desigualdad — medida por el coeficiente de Gini— se redujo en Colombia: pasó de 0,548 a 0,539. Esta disminución de 9 milésimas (– 1,64 por ciento) puede no ser significativa estadísticamente.

En realidad, durante 2012 el gobierno nacional no tomó ninguna medida estructural que justifique autoasignarse los méritos de una eventual reducción de la desigualdad. Las consecuencias de la reforma tributaria — que la administración Santos califica de progresiva — todavía no se reflejan en las estadísticas. No hay razones para pensar que mejorará la distribución del ingreso a corto plazo. Para que la disminución de la desigualdad se consolide es necesario que las políticas nacionales sean más redistributivas, sobre todo la tributaria y la de gasto público.

Conviene recordar que el coeficiente de Gini de las encuestas de hogares no capta la concentración de la riqueza, sino del ingreso. De otra parte, no se puede olvidar que en el campo colombiano el Gini de propiedad de la tierra es de 0,87 a nivel nacional y de 0,91 en Antioquia, algo realmente vergonzoso.

Sería conveniente que las conversaciones con las FARC en La Habana efectivamente lleven a actualizar los catastros rurales y a un aumento de los impuestos prediales con criterios de progresividad. La brecha entre las ciudades y el campo tampoco permite ser muy optimista, porque la diferencia se ha ampliado:

  • En el campo, la desigualdad por ingresos aumentó al pasar de 0,459 a 0,465.

En las 13 áreas metropolitanas, el Gini bajó 0,018 puntos.

tabla02

Los cambios en la desigualdad son muy distintos por ciudades. Donde más bajó fueron, en su orden: Bucaramanga (-0,029), Bogotá (-0,025) y Cúcuta (-0,025). Estas variaciones son mayores que las que se presentaron en el país como un todo. Por su importancia relativa, podría pensarse que Bogotá es la ciudad que más contribuyó a la disminución de la desigualdad.

De todas formas, para llegar a una conclusión definitiva sobre los aportes relativos de cada ciudad habría que hacer ejercicios estadísticos complementarios. El Gini es una medida no susceptible de descomponerse. Para conocer el aporte relativo de cada ciudad habría que hacer ejercicios complementarios con el Índice de Theil. De todas maneras, es importante destacar el avance que se ha logrado en estas 3 ciudades.

Desde la perspectiva de Bogotá, la reducción de la desigualdad está en consonancia con las políticas distributivas que ha puesto en práctica la administración Petro: el Plan de Desarrollo, Bogotá Humana, dio prioridad a la lucha contra la segregación y la desigualdad. La exposición de motivos del Planinsiste en que el bienestar de la población está directamente relacionado con la capacidad de consumo de las familias. Para lograr este propósito, dice el Plan, es necesario luchar contra la pobreza y, sobre todo, mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza.

La pobreza

Entre 2011 y 2012, la incidencia de la pobreza disminuyó de 34,1 por ciento a 32,7 por ciento. Sin duda, esta es una buena noticia, porque se va consolidando la tendencia a la baja.

El ingreso per cápita aumentó 4,6 por ciento: pasó de 478.658 pesos a 500.531 pesos. Para que la pobreza siga disminuyendo es necesario avanzar en dos direcciones:

  • La primera, la más difícil, es reducir la desigualdad de manera sustantiva, de tal forma que el crecimiento tenga un sesgo pro–pobre.

  • La segunda es corregir la política macroeconómica, que no es sostenible.

    tabla01

Entre 2011 y 2012, la incidencia de la pobreza se redujo en Bogotá del 13,1 por ciento al 11,6 por ciento. Bogotá y Bucaramanga (10,4 por ciento) son las ciudades que tienen una menor incidencia de la pobreza.

Como se observa en el Cuadro anterior, la distancia entre Bucaramanga y Bogotá se redujo, ya que en Bogotá la incidencia de la pobreza disminuyó en –1,5 puntos y en Bucaramanga lo hizo en –0,3 puntos. Si estas tendencias se mantienen, Bogotá podría ser la ciudad con la menor incidencia de pobreza a mediano plazo.

Política macroeconómica en contravía

El ambiente macroeconómico no es favorable para el desarrollo sostenible. Las políticas del gobierno nacional han estimulado la revaluación del peso, con impactos muy negativos sobre la producción y el empleo.

El gobierno se equivocó en la última reforma tributaria (ver específicamente el artículo 125 de la ley 1607 de 2012), al reducir los impuestos a las “inversiones de portafolio” (capitales golondrina) del 33 por ciento al 14 por ciento. El resultado de esta medida ha sido nefasto: después de expedida la norma, la entrada de dólares aumentó de manera sustantiva — unos 700 millones de dólares al mes — que sólo vienen a especular y alimentan la revaluación del peso.

El gobierno nacional se niega a impulsar políticas keynesianas agresivas, a pesar de que el país está inundado de recursos. No se entiende por qué la totalidad de las reservas y el 30 por ciento de las regalías están colocadas en el exterior (especialmente en bonos del Tesoro de Estados Unidos), con una rentabilidad cercana a cero. Gran parte de estos recursos debería ser utilizado para realizar grandes obras de infraestructura y desarrollar los proyectos ambientales, que son urgentes.

Las políticas sociales del gobierno nacional — como Familias en Acción — han ayudado a reducir la pobreza. Es significativo el aumento de cobertura del programa, pero se debe tener presente que este tipo de soluciones es provisional.

Las estrategias de largo plazo tienen que pasar por políticas estructurales de corte keynesiano. Colombia tiene los recursos necesarios para crear empleos a través de inversiones en infraestructura. Este debería ser el complemento de Familias en Acción, para que los logros obtenidos puedan consolidarse.

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