La reputación se impone a la razón

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Por: Paul Krugman / The New York Times.

En lo que se refiere a infligir sufrimiento a los ciudadanos de los países deudores, los partidarios de la austeridad muestran una determinación de acero: qué se le va a hacer, es un mundo duro, y hay que tomar decisiones difíciles.
Pero cuando ellos o sus amigos reciben críticas, de repente toda la discusión es sobre la comprensión y los sentimientos heridos.

Vemos que en el caso de Olli Rehn, el vicepresidente de la Comisión Europea, cuyos amigos en la comisión se indignaron cuando señalé, empleando un lenguaje ligeramente subido de tono, que Rehn estaba repitiendo una afirmación a menudo desacreditada sobre la historia económica. Y lo vimos recientemente en la defensa que hizo Anders Aslund de los economistas de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en The Financial Timesfrente a lo que él llama una crítica “despiadada” de unos economistas de la Universidad de Massachusetts, en Amherst.

En una tribuna de opinión publicada a principios de este mes, Aslund, un economista sueco, elogiaba a Reinhart y Rogoff “por aplicar un correctivo importante a la opinión de que el estímulo fiscal siempre es apropiado, que es una postura común en los analistas económicos anglo-estadounidenses, encabezados por Paul Krugman en The New Yor Times”.

Es curioso que diga esto porque es una mentira descarada; como cualquiera que haya estado leyendo mi trabajo o el de los economistas Martin Wolf, Bradford DeLong, Simon Wren-Lewis y otros sabe que nuestro argumento siempre ha sido que el estímulo fiscal solo está justificado cuando los tipos de interés están cercanos a cero. No puedo creer que Aslund no lo sepa; ¿por qué razón, entonces, se desacreditaría repitiendo una falsedad fácilmente rebatible?

Pero claro ¿por qué describiría la crítica de los economistas de Amherst como “despiadada”? Su artículo académico era un análisis pausado y razonado sobre cómo Reinhart y Rogoff llegaron al famoso umbral del 90%; le pareció un ataque solo por el contraste entre los elogios que recibieron Reinhart y Rogoff y la naturaleza indefendible de su análisis.

Lo que pienso que está pasando es que los partidarios de la austeridad se están viendo atrapados en una caja. Apoyaron totalmente –con sus reputaciones personales– los diversos elementos de la doctrina anti-keynesiana: la austeridad expansionista, los umbrales de deuda críticos, y así sucesivamente. Como dice el analista Wolfgang Münchau, lo terrible fue que sus ideas políticas se llevaron de hecho a la práctica, con resultados desastrosos; además, sus héroes intelectuales han resultado tener los pies de barro o tal vez de plastilina.

Desde mi punto de vista, la enorme gravedad de su error hace que les resulte imposible contestar a las críticas de una forma razonable.

Tienen que arremeter contra alguien como puedan, tanto con ataques personales a los detractores como con quejas amargas sobre los malos modos.
Y semejante mezquindad es la que gobierna el mundo.

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