Los avances en el proceso de negociación en La Habana

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Por: Pedro Santana Rodriguez / Semanario Caja de Herramientas.

El gobierno ha hecho demasiadas concesiones al uribismo que se opone abiertamente al proceso. Las encuestas demuestran que en la medida en que se logran avances, se quiebran las dudas razonables que existen en la ciudadanía sobre el posible éxito del proceso, dados los fracasos anteriores con las FARC.

El día domingo 26 de mayo del año en curso en rueda de prensa conjunta los negociadores del gobierno del presidente, Juan Manuel Santos y los negociadores de las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, en  la ciudad de La Habana, anunciaron que habían llegado a un acuerdo sobre el tema de tierras y desarrollo rural. Este acuerdo lo titularon “Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral” y a renglón seguido señalaron que habían logrado un acuerdo sobre el acceso y uso de la  tierra:

  • Tierras improductivas. Formalización de la propiedad.
  • Frontera agrícola y protección de zonas de reserva.
  • Programas de desarrollo con enfoque territorial.
  • Infraestructura y adecuación de tierras.
  • Desarrollo Social: salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza.
  • Estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. Asistencia técnica. Subsidios. Créditos. Generación de Ingresos. Mercadeo. Formalización laboral.
  • Políticas alimentarias y nutricionales.

Lo que hemos convenido en este acuerdo será el inicio de transformaciones radicales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia. Está centrado en la gente, el pequeño productor, el acceso y distribución de tierras, la lucha contra la pobreza, el estímulo a la producción agropecuaria y la reactivación de la economía del campo”.

El comunicado conjunto a continuación señala que hay un compromiso del gobierno para la formalización de la propiedad de los pequeños y medianos agricultores al mismo tiempo señala el compromiso del gobierno de acompañar esta formalización  con planes de vivienda, agua potable, asistencia técnica, capacitación, educación, adecuación de tierras en infraestructura y recuperación de suelos.

Al mismo tiempo se asume el compromiso de restitución a las víctimas del despojo y del desplazamiento forzado. Hay un compromiso con la  actualización catastral al tiempo que se delimita la frontera agrícola, protegiendo las áreas de especial interés ambiental. El comunicado conjunto advierte  que el acuerdo es parcial y que debe enmarcarse en la negociación de los cinco puntos restantes. El siguiente punto es el de la participación política y concluye con el acuerdo según el cual: “nada está acordado hasta que todo este acordado”.

Hay que señalar que es de muy buen augurio que se haya logrado un primer acuerdo en torno a lo que se considera el punto central del origen de la confrontación armada. Como lo hemos expresado en éstas mismas páginas el origen del conflicto armado estuvo en el despojo que se produjo en Colombia a raíz de la conflagración armada desatada en el país hace ya 65 años tras el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril del año de 1948. Ese despojo jamás fue reparado ni se ha realizado en Colombia un proceso de reforma agraria, de titulación y protección de los campesinos que con su fuerza de trabajo ampliaron la frontera agrícola, este despojo y la concentración de la propiedad de la tierra en Colombia siguió su marcha. En el campo colombiano el despojo, la concentración de la propiedad, la falta de formalización de las relaciones laborales, la ausencia de una política de desarrollo rural que proteja a la pequeña y mediana producción, la ausencia de subsidios para ese sector de la economía campesina, y por el contrario el otorgamiento de amplios subsidios a la ganadería y a la gran propiedad, están en el origen de la pobreza generalizada de más de 12 millones de compatriotas que se ocupan en la llamada economía campesina. A ello habría que sumar desde comienzos de los años ochenta del siglo XX un nuevo proceso de despojo que ha llevado a que el propio gobierno reconozca que durante estos años y hasta el 30 de junio del año 2010 se produjo en el país un despojo de 6.6 millones de hectáreas sin contabilizar el despojo de propiedades de más de 100 hectáreas y el despojo a las comunidades indígenas y afrocolombianas.

Que los actores del conflicto se comprometan a un proceso de restitución de tierras, a la creación de un Fondo Nacional de Tierras y al inició de un proceso y a la aprobación de  una política de apoyo a la economía campesina son muy buenas noticias que llegan de la mesa y un duro cuestionamiento a quienes de manera interesada se han opuesto a los diálogos políticos para la superación del conflicto armado. Como hemos señalado es la falta de una decisión política del gobierno que debería empeñarse en una movilización ciudadana para derrotar políticamente a quienes se oponen a la negociación lo que ha mostrado las vacilación de la opinión pública y su debilidad al momento de manifestar su respaldo al proceso. El gobierno es muy timorato a la hora de recoger el guante del uribismo para que se desarrolle un debate con argumentos sobre la importancia y las grandes ganancias de un proceso de negociación exitoso.

El gobierno ha hecho demasiadas concesiones al uribismo que se opone abiertamente al  proceso. Las encuestas demuestran que en la medida en que se logran avances, se quiebran las dudas razonables que existen en la ciudadanía sobre el posible éxito del proceso, dados los fracasos anteriores con las FARC. La última encuesta antes del anuncio de los acuerdos en torno al primer punto de la Agenda de Negociación mostró que el 67% de los encuestados está de acuerdo con el proceso de negociación política con las guerrillas. Este porcentaje puede ir creciendo en la medida en que se avance en la mesa de negociaciones y se comuniquen adecuadamente estos avances.

Pero el gobierno sigue haciendo concesiones innecesarias a un uribismo totalmente fuera de la realidad. Los incidentes ocasionados a raíz de la audiencia que el presidente, Juan Manuel Santos concedió a Henrique Capriles, muestran la falta de tino del gobierno. Esta entrevista buscó acallar las protestas del uribismo y de un sector de la gran prensa por los resultados electorales que se dieron en las elecciones del pasado mes de   abril para suceder al presidente venezolano, Hugo Chávez. El margen estrecho a favor de Nicolás Maduro y la presencia de Santos en el acto de posesión de Maduro motivaron al uribismo y a los grandes medios de comunicación para denunciar a Santos por su apoyo al proceso de la revolución Bolivariana.  Quizás también la presión de los Estados Unidos y la reciente visita del vicepresidente, Joseph Biden, llevaron a Santos a conceder una entrevista a Capriles, que fue leída en Venezuela de manera exagerada por parte del gobierno como una gran traición del gobierno de Colombia.

Ahora el gobierno enfrenta un problema que él mismo generó por una excesiva concesión al uribismo al que suelen sobrevalorar en la Casa de Nariño. La verdad es que la presencia de Maduro en el reciente pasado, en los intríngulis de la negociación entre el gobierno Santos y las FARC cuando aún estaba vivo Hugo Chávez fue muy importante y ahora Maduro en la Presidencia de Venezuela encuentra que Santos le está lavando la cara a la oposición venezolana. Este argumento le sirve a Maduro para afirmar unas mayorías nacionalistas y no será fácil que mantenga el respaldo irrestricto al proceso. El gobierno quien levantó la piedra que dejó caer sobre sus propios pies tendrá que hacer uso de los mejores elementos de la diplomacia para recomponer el ajedrez. Venezuela no es un garante cualquiera en la mesa. Ha jugado un papel central para llevar a las FARC a la mesa de negociaciones. Santos fue demasiado lejos cuando sin necesidad alguna le hizo una concesión de oro a Uribe quién se sabe no solo se opone y apuesta al fracaso de las negociaciones sino que además detesta al proceso bolivariano que se desarrolla en Venezuela.

Esperemos que la diplomacia y la política logren tranquilizar al régimen venezolano. Como lo advirtió Humberto de la Calle, jefe negociador por el gobierno de Santos en La Habana, la presencia de Venezuela es muy importante en el proceso. Esperemos que las aguas se tranquilicen. Los acuerdos logrados en torno al tema agrario nos muestran que el fin del conflicto con las FARC es posible.

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