Las tensiones en desarrollo en la Mesa Gobierno Colombiano – FARC

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Por: Luis Eduardo Celis / Semanario Caja de Herramientas.

Los hechos del conflicto armado con sus tragedias de vidas perdidas todos los días, tensionan a la opinión pública y el Uribismo, los utiliza como argumento para pedir el cierre de la mesa de La Habana, a lo cual las mayorías respondemos con la persistencia de que el fin está cerca y si las reglas han sido mantener confrontaciones y mesa, de manera simultánea, pues nos debemos mantener en ello sin restarle importancia a un cese unilateral por parte de las FARC.

En este mes agosto se cumple un año de la firma del acuerdo suscrito entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC, en procura de construir un acuerdo negociado que permita poner fin al alzamiento armado mediante el desarrollo de unas reformas sobre los puntos acordados y que han tenido un buen nivel de difusión y debate público en estos doce meses, de temas que originaron el conflicto armado y sobre los cuales poco o nada se ha hecho en esta precaria democracia y que en el caso de los temas rurales hoy son más graves que cuando se inició el conflicto, por no decir sobre los temas de Derechos Humanos que han sido terribles, ni de quienes han sido los sectores políticos, sociales y económicos, que han ganado en medio de tanta barbarie y “guerra sucia”.

Cuando se habla con personas que conocen la dinámica de la mesa, cuando se intercambia con analistas de este proceso o se leen las columnas de opinión, todos, con excepción de la oposición Uribista, que no comparte los diálogos, las negociaciones y la importancia de las reformas y de contar con unas guerrillas, reconvertidas en fuerzas sociales y políticas, sin armas, todas las voces no Uribistas, coinciden en que este proceso va bien; que las partes trabajan y se esfuerzan por construir un acuerdo y no pocos nos hemos sorprendido gratamente con unas FARC que por primera vez vemos aplicadas por los hechos, sus gestos y declaraciones a construir el acuerdo para salir con la cabeza en alto de una guerra en que no son ni ganadores, ni perdedores, más bien, este proceso reafirma, que ante la ausencia de ganadores y perdedores, plenos, entre los contendientes, de los conflictos armados, se puede salir con un “empate” que debe servirle en este caso a la sociedad colombiana que cree en la ampliación de la democracia.

Pero, no todo es color de rosa, ni está asegurado per se el éxito de la mesa: hay que continuar el trabajo, aportar a las propuestas para que las mesas logren acuerdos, realistas e importantes que se mantenga la movilización ciudadana, que las fuerzas políticas, construyan acuerdos, para garantizar que este proceso avance y sobre todo construir una fuerza social para trabajar por la ratificación de los acuerdos y su implementación.

Hoy las dificultades siguen siendo enormes y el proceso de la mesa – Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC es frágil, no hay que descuidarse ante una oposición aguerrida y guerrerista como lo es el Uribismo que puede ganar espacio y crecer en apoyo ante una sociedad que oscila entre las negociaciones y la búsqueda de la derrota de las guerrillas –tarea bastante difícil, o si no preguntemos a los militares que han estado y están en los campos de confrontación- por eso es que hay que estar atentos y trabajar sobre los obstáculos más grandes que hay que sortear, promoviendo fórmulas y logrando diseños de políticas que les den salida, a mi juicio, de momento, cuatro son los temas más álgidos sobre los cuales hay que trabajar: el equilibrio entre justicia y paz, garantizando los derechos de las víctimas, los tiempos de la negociación, la continuidad de mesa y confrontación abierta y la ausencia de una mesa con el ELN.

La reciente audiencia en la Corte Constitucional donde se escuchó un importante grupo de voces sobre la constitucionalidad del marco legal para la paz, su importancia, implicaciones y el sentido que tiene, para garantizar los derechos de las víctimas y lograr que sea posible un acuerdo negociado, nos evidencia que sobre éste punto hay mucha incertidumbre, lo cual es lógico, en un tema de tal magnitud y delicadeza y donde está por construir unos consensos lo más amplios posibles, logrando un diseño de políticas, mecanismos y normatividad, que logre el difícil equilibrio entre los derechos de las víctimas y el logro de una paz negociada. Este tema está en el debate público y ha sido tomado por el Uribismo como su “punta de lanza” para promover sus tesis en contra de este proceso, lo cual tiene bastante de paradójico porque en este entramado político hay grandes responsables de una criminalidad de medio siglo que aún está por esclarecer en sus responsables y en aconductarse como una fuerza civilista, que renuncia a la violencia y al autoritarismo.

Sobre los tiempos de esta negociación, ya el mismo presidente Juan Manuel Santos viene dando señales de que quizás noviembre no sea el límite de tiempo y se requieran otros meses para lograr concluir el acuerdo y que los partidos políticos y las fuerzas sociales que apoyamos este proceso, deberíamos pensar en formas de garantizar que el debate político y electoral que se avecina sea ganado, colocando al centro de los temas más importantes el logro de un acuerdo negociado con las guerrillas sin que esto signifique que no hay que mantener un trabajo constante y productivo para cerrar el acuerdo en unos tiempos razonables, que ahora sí, no deben pasar del primer semestre del 2014.

Los hechos del conflicto armado con sus tragedias de vidas perdidas todos los días, tensionan a la opinión pública y el Uribismo, los utiliza como argumento para pedir el cierre de la mesa de La Habana, a lo cual las mayorías respondemos con la persistencia de que el fin está cerca y si las reglas han sido mantener confrontaciones y mesa, de manera simultánea, pues nos debemos mantener en ello sin restarle importancia a que un cese unilateral por parte de las FARC, sea respondido con una contención de la acción estatal como muestra de que se está comprometido con la mesa y se confía en que ella va a dar resultados, es el mejor camino.

El último obstáculo a superar es la inexistencia de una mesa Gobierno – ELN, esto no es bueno, si queremos un cierre definitivo del conflicto armado y si queremos concentrarnos en una fase de implementación de los acuerdos, esta mesa hace falta y esperemos que sea la buena noticia de agosto.

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