Necesitamos una nueva Ley para la educación en general.

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Por: Ángel Ramírez Pineda / Democracia en la Red.

No comparto la idea de elaborar una nueva ley de educación superior. No la comparto, porque el problema de la educación es estructural y no yace, fundamentalmente, en las des-financiación de las Universidades.

El drama de la educación básica es mucho peor y por ese hoy pocos se preocupan. La Federación Colombiana de Educadores – FECODE – se ha centrado solamente en el trato de los problemas que surgen en la vinculación laboral de los maestros y ha dejado a la deriva lo que debería ser una prioridad: El modelo pedagógico.

Para enunciar el primer grave problema de la educación básica es el establecimiento de un grado cero (0) a cambio de los 3 años de pre-escolar (‘Pre-kinder’, ‘kínder’ y transición) que deberían suministrarse por parte del estado. Solamente pueden acceder, a esos dos años adicionales de educación, los sectores de la población cuya capacidad presupuestal les permite sufragar el precio. Está demostrado que un niño que haya podido cursar el preescolar, como es debido, tiene un desarrollo posterior más parejo que quien no.

Por otra parte, tras 45 años de emergencia educativa, las jornadas de clase, en instituciones públicas, se restringen a seis horas diarias, en media jornada, siendo mucho menor el tiempo que los jóvenes pasan en las instituciones, no solamente en cuestiones académicas, sino interactuando en el primer espacio social que en la modernidad conocemos: el colegio. Por otra parte, las instalaciones educativas del estado, salvo en Bogotá y otras grandes ciudades, requieren una intervención inmediata que solo se lograría si el estado asume como política primar la inversión educativa, contrayendo el gasto en otros puntos del presupuesto como la defensa y el servicio de la deuda (que hoy acaparan juntos más del 30%).

Las aulas de clase, tanto en primaria como secundaria, viven repletas. El gobierno pretende alojar 45 estudiantes, en promedio, por salón sin ser consciente del hacinamiento y del atentado a la calidad que propicia.  El número de estudiantes por maestro es insultante, tanto, como la misma formación de los docentes que, contrario a lo que sucede en Europa, aquí no son la élite intelectual. La educación continua no es una realidad y forma parte de la esfera personal del maestro que es, incluso, quien debe pagarla.

La realidad de la escuela es, a mi juicio, el urgente problema al que debemos dar solución. Pero con esto tampoco quiero decir que se deba dejar la Universidad de lado. Por el contrario, mi propuesta es que el país tome en serio la educación y la asuma como un todo, no por ciclos. Es decir, pensando en el modelo finlandés – considerado el mejor  del mundo – es necesario que la planeación de la educación incluya todos los niveles, así los resultados que se observen en unos ciclos puede llevar a formular las mejorías de los otros. Hagamos una Ley General de Educación que integre todos los estratos del sistema.

En mi opinión, la labor que pretende hacer la MANE y el movimiento Universitario será perdida si no se da solución a los problemas de la educación básica y la media. Estaríamos recortando superficialmente la maleza, permitiendo que el problema vuelva a crecer.

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