El Paro del 19.

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Por: Luis I. Sandoval / El Espectador.

Es inminente el paro rural anunciado, que puede ser más que sectorial. Este paro levanta un pliego de 10 puntos que impresionan por su pertinencia. Son puntos estructurales con nuevo relieve en los últimos tres años.

El país no experimenta una ola de agitación como la actual desde 1977 cuando 100 huelgas obreras precedieron el paro cívico nacional del 14 de septiembre convocado por UTC, CTC, CSTC y CGT. Era el comienzo de la larga resistencia sindical, popular y regional al modelo neoliberal que el Presidente Alfonso López Michelsen, anticipándose a Ronald Reagan y Margareth Tatcher, impulsaba con la eufemística consigna: Colombia Japón de Suramérica.

La agitación de hoy se cruza con otros dos procesos: el proceso de los diálogos de paz y el proceso electoral que despega cuando el Presidente Juan Manuel Santos cumple tres años de mandato. Aquí aparecen las complejidades. No todas las fuerzas que se coaligan para el paro tienen la misma lógica de paz ni la misma lógica electoral. Una cuarta circunstancia hace más intrincada la coyuntura: la situación de Gustavo Petro Alcalde Mayor de Bogotá. No todos los que van al paro comparten postura frente a Petro. La unión alrededor de las banderas del paro no significa identidad de visiones ni de estrategias.

En el paro hay gentes que quieren la paz y quienes no la quieren, gentes que quieren o toleran la reelección de Santos y quienes la combaten, gentes que buscan la caída de Petro a toda costa y quienes lo apoyan con firmeza. ¿A quién servirá finalmente el paro? ¿Quiénes se impondrán en el tire y afloje que todo paro implica? Depende de los entendimientos que vayan surgiendo para manejarlo y resolverlo, de la inteligencia y destreza con que jueguen las partes.

A quienes priorizan la paz les interesa que haya arreglo negociado del paro que sirva para profundizar las reformas hasta ahora tímidas, algunos aceptarían la reelección presidencial. A quienes tienen como prioridad que no se reelija Santos porque sigue aferrado al modelo neoliberal les sirve que se desgaste así se pierda el hilo de la paz. Los primeros pueden estar con Petro que claramente respalda el proceso de paz y no vacila en hacer cambios. Los segundos estarán contra Petro para quitarle fuerza a la paz política y a la transformación que él simboliza. Cada quien tiene razones de peso para su particular estrategia.

En el fondo, en relación con el paro pero más allá de él, parecería haber solo dos lógicas en juego en esta complejidad: una lógica positiva que dice sí a paz, sí a las reformas, sí a la reelección, sí a Petro, y una lógica negativa que dice no al modelo, no a la reelección, no a la paz, no a Petro. Pero podría estar surgiendo, entre zarzas y espinas, una tercera lógica tendiente a ganar la paz y hacer los cambios apuntalando la transición. Hay dos circunstancias inéditas que favorecen esta alternativa: la división por arriba y la movilización por abajo. Los partidos aparecen insolventes, los movimientos ganan puntos. Éstos requieren pasar prontamente de la fragmentación a la articulación.

Catatumbo territorio piloto de paz, ha dicho el Presidente. Colombia toda territorio de paz es la meta: sin paz no hay futuro, sin reformas no hay paz, sin movilización no hay reformas, sin audacia todo sigue igual. La paz social y la paz política necesitan los cambios. Nunca tantos asuntos medulares habían estado en juego al mismo tiempo. Este podría ser el período más agitado, definitorio y fructífero de la vida del país en medio siglo.

lucho_sando@yahoo.es

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