La reelección de Juan Manuel Santos ¿será posible?

REELECCIÓN-santos

Por: Carlos Lemoine / Razón Pública.

Examen breve y claro de las dudas que hoy existen sobre la viabilidad de un segundo gobierno de Santos y sobre los riesgos reales que enfrenta el presidente.

El deber ser y el ser

La reelección del presidente de la Republica ha sido por supuesto un tema muy controversial a lo largo de la historia de Colombia. Para no entrar en los tiempos de Bolívar – o los de Mosquera, Murillo, Núñez, Reyes o Rojas Pinilla- baste evocar las tormentas políticas que rodearon la primera reelección de Álvaro Uribe y el intento de su segunda reelección.

Las dudas sobre la conveniencia o no de esa figura persisten, y muy probablemente volverán a airearse en estos meses. Pero el Acto Legislativo 02 de 2004 está en vigencia, y tanto el presidente como el vicepresidente pueden aspirar a la reelección por una sola vez para el período 2014-2018.

A nadie sorprendió entonces que el presidente Santos declarara, “para evitar suspicacias, que sí deseo, clara y firmemente, que las políticas que hemos promovido continúen más allá del 7 de agosto de 2014”. La candidatura no sería oficializada antes del próximo 25 de noviembre, para evitar que comiencen a regir las inhabilidades previstas por la Ley de Garantías Electorales, seis meses antes de la primera vuelta en las presidenciales. Para todos los efectos restantes, sin embargo, el presidente ya es un candidato.

Al entrar en el último año de su (¿primer?) gobierno, es natural que los medios y los analistas hayan dedicado esta semana a examinar las posibilidades de reelección del presidente Santos. Basados, sobre todo, en las encuestas de opinión, muchos de los  observadores se inclinan a creer que el presidente sería derrotado en las elecciones del año entrante. Esto podría ser más o menos saludable para la democracia colombiana, pero no es mi intención sopesar los argumentos a favor y en contra, sino apenas discutir muy brevemente los argumentos de quienes piensan que Santos no sería reelegido.

1. Las encuestas

Es cierto que las encuestas de opinión no favorecen al presidente, pues las últimas indican que entre el 60 y el 63 por ciento de los colombianos se opondría a su reelección, que la mayoría no tiene una imagen favorable del gobierno y que la satisfacción con el desempeño de Santos fluctúa alrededor de un 50 por ciento.

En la encuesta del Centro que dirijo, las respuestas a la pregunta de si votaría por Santos en el caso en que él se presentara a la reelección, las respuestas se distribuyen así:

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Y sin embargo hay que tener en cuenta que este tipo de preguntas pone a competir a Santos con algún candidato imaginario, o con el príncipe azul que cada quien imagine.  La situación es totalmente distinta cuando llega el momento de votar, y el elector tiene que  escoger entre candidatos concretos con defectos y desventajas concretas. Como famosamente dijo Joe Biden, hoy vicepresidente de Estados Unidos, “no me compare con la Divina Providencia, compáreme tan solo con el otro candidato”.

2. La experiencia internacional

Otro modo de apreciar las encuestas es repasar las reelecciones de los últimos años en Latinoamérica y en Estados Unidos. Esta mirada deja ver que no se necesita ser muy popular para lograr la reelección. Menem la logró en Argentina con algo más de un 40 por ciento de favorabilidad, Obama la logró en el 2012 también con bajos niveles de popularidad, lo mismo que Chávez en Venezuela en el 2006.

A la luz de la experiencia internacional, el 48 a 58 por ciento de aceptación que tiene el presidente Santos (según las varias encuestas) parece suficiente para enfrentar con éxito un examen en las urnas.

3. El factor Uribe

También se dice que la oposición de Álvaro Uribe – el presidente más popular que hemos tenido- y que sube de tono cada día (baste mirar sus 89 críticas punzantes de  este 7 de agosto) acabará por impedir la reelección de Santos.

Pero hay otra manera de evaluar este hecho. Uribe en realidad le está haciendo un servicio a la reelección de Santos porque su oposición hace que ella sea –y parezca- más claramente una opción de centro, o en sintonía con un electorado que no se identifica con los extremos, “que no es agua ni es pescado”.

4. Las FARC

Muchos insisten en que la suerte del presidente Santos en las urnas depende del resultado  del proceso de paz (aunque no es claro si piensan qué le haría más daño: “levantarse de la mesa” o “pactar con bandidos”).

Las cifras sin embargo muestran que el mayor logro de la administración es la vivienda, y que aunque el 70 por ciento de la gente aprueba los diálogos de La Habana, el 51 por ciento  no cree que ellos lleven a la paz:

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Dicho en otras palabras: los colombianos en su mayoría acompañan al gobierno en su intento de buscar la paz pero, en el argot presidencial, no “se la juegan” por el éxito de las conversaciones. Un fracaso sería una desilusión, pero no tomaría por sorpresa a la opinión.

Los riesgos

Nada de lo anterior significa por supuesto que  la reelección del presidente  Santos sea un hecho consumado. En especial hay dos riesgos que no pueden descartarse de antemano:

· La opinión no es capaz de asimilar  la sensación de desgobierno. Esto se vio recientemente con los paros – el cafetero y el del Catatumbo- cuyo manejo produjo descensos de entre cinco y ocho puntos en la tasa de aprobación del presidente.

Es un problema real, que no puede resolverse con retórica ni con simples estrategias de comunicación: el Catatumbo es una prueba piloto del proceso de paz, donde se juegan los intereses duros del narcotráfico, los paramilitares y los frentes de las FARC que no se sienten bien representados en la Habana.

· También es evidente el divorcio el gobierno y muy amplios sectores empresariales. El panorama no es claro ni positivo para la industria, para la agricultura y menos todavía para la minería. Otro problema que no podrá resolverse a base de discursos ni mejora de las comunicaciones.

En resumen:

-Mientras siga gobernando las probabilidades de reelección son favorables para Santos.
-Pero en este momento no es fácil gobernar.

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