Marcel Claude: Chile está cansado de la Concertación.

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Por: Jaime Sepúlveda / Desde Abajo.

“Trend topic” en twitter, furor en las redes sociales, cientos de miles de visitas a los videos que muestran sus planteamientos en youtube, el economista Marcel Claude –que el 12 de agosto pasado inscribió su candidatura a la presidencia de Chile–, se constituye, según la prestigiosa revista Foreign Affairs, en “un candidato prometedor”.

El 11 de marzo de 2010, al término de su mandato como la última presidente perteneciente a la Concertación, alianza de partidos de izquierda y centro, Michelle Bachelet tuvo que entregar el mando a Sebastián Piñera, candidato de una derecha que regresaba al gobierno después de veinte años.

Unos meses antes, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Marco Enríquez-Ominami, candidato independiente que había tenido que recoger firmas para participar, obtuvo la tercera votación (un sólido 20%), mostrando que la férrea mayoría de la coalición gobernante se fracturaba para dar paso a terceras posibilidades.

Pero las manifestaciones de agotamiento de esta alianza política habían comenzado a aparecer desde el año 2006, cuando un paro reivindicativo de estudiantes de secundaria adquirió dimensiones de escala nacional, con duración de varios meses, movilizaciones que se acercaron al millón de personas y centenares de colegios tomados a lo largo del país: la Revolución Pingüina. La fuerza de este movimiento expresó no sólo el entusiasmo y decisión de los jóvenes, sino también el decisivo apoyo de sus padres, sus profesores, su entorno social y la opinión pública.

Chile está hoy cansado de la Concertación. Y con el agotamiento político de la Concertación se empieza a agotar también su modelo.

¿En qué ha consistido este modelo?

En palabras sencillas, se podría resumir en lo expresado por el senador Guido Girardi: “Chile fue el laboratorio del neoliberalismo. La izquierda, como en todas partes, pero aún más que en otras partes, se acomodó”. O sea, el modelo de la Concertación se levanta sobre la política económica neoliberal y consiste en la acomodación de un discurso pretendidamente de izquierda al Estado autoritario heredado de la dictadura, para administrarlo. Matizándolo, eso sí, con políticas asistencialistas y una simbología perteneciente a su época revolucionaria: la palabra “democracia”, la palabra “socialismo”, las figuras míticas de Allende, Víctor Jara, Pablo Neruda y muchos otros.

El modelo ya no convence

Aunque muchos chilenos guardan un cálido recuerdo de Allende y respeto o admiración por el ideario socialista, son ya numerosos los que perciben sólo hipocresía y acomodamiento en los dirigentes políticos actuales que esgrimen estas palabras y mencionan a estas figuras.

Por otro lado, el núcleo del modelo económico de la dictadura adoptado por la Concertación, el lucro como regulador del funcionamiento social, ha ido mostrando claramente su sentido profundo al ciudadano común: desigualdad, expoliación, corrupción. El autoritarismo en el Estado ha seguido mostrando su fundamento de arbitrariedad y violencia (que invita muchas veces a una respuesta en el mismo terreno). En medio de una economía despiadada con los más débiles, sin embargo, la políticas asistencialistas constituyen una tabla de salvación para la población vulnerable. Esta es una herramienta que aún funciona para conseguir votos.

Con la decadencia de la Concertación también ha entrado en decadencia el voto: desde un 5% en 1989, la abstención subió a un 38% veinte años después y a un 57% en las últimas elecciones hace un año.

El ambiente político continuista necesita otras alternativas.

¿Alternativas?

En los últimos años, la primera opción alternativa ha sido, por supuesto, la derecha tradicional. Cuatro años de gobierno, sin embargo, fueron acompañados por una caída brusca de la popularidad del presidente Sebastián Piñera desde un 63% en la época del show mediático de los 33 mineros rescatados de la mina San José hasta el 34% o menos en meses recientes.

Para rematar, un nuevo movimiento estudiantil se desencadenó el 2011, y continúa esta vez con universitarios como protagonistas principales. La clave de su solidez y permanencia fue la misma de los Pingüinos: amplios debates que desembocaron en asambleas, toma de decisiones entre todos, defensa colectiva de esas decisiones… por encima de cualquier dirección partidista. Aunque el movimiento empezó con reivindicaciones puntuales como financiación estatal de la educación pública o democratización del sistema universitario, se orientó rápidamente hacia los problemas centrales del modelo, como el lucro como fundamento no sólo de la educación sino del funcionamiento social o la idea de una Asamblea Constituyente ante la imposibilidad legal de adelantar reformas de fondo. Este movimiento estudiantil, con amplia simpatía entre la población y confluyendo con otros movimientos sociales y sindicales, ha ido explorando diversos canales para convertirse en fuerza política y ha contribuido a profundizar la crisis del modelo social y económico vigente y de sus expresiones políticas.

Perspectivas

En noviembre habrá elecciones presidenciales en Chile. La revista Foreign Affairs señalaba en junio pasado que “la tensión y la ambigüedad entre el crecimiento económico brillante del país y su desarrollo social y político mediocre” marca este período previo a las elecciones. La idea de Asamblea Constituyente cada vez toma más fuerza. El movimiento estudiantil y diversos movimientos sociales comienzan a confluir en distintas expresiones políticas alternativas (muchas de las cuales se reunen hoy en el movimiento “Todos a la Moneda”, encabezado por Marcel Claude que la revista antes citada señala como “un candidato prometedor”). La rapiña sistemática sobre los recursos naturales, eje de la inserción del país en el mercado mundial, empieza a ser mencionada y rechazada masivamente.

La campaña de Michelle Bachelet prepara sus cartas alrededor del enfoque asistencial, mientras guarda bajo la manga la posibilidad de ofrecer reformas más profundas de lo acostumbrado.

Desde la derecha, repentinamente las figuras más descollantes, como Laurence Golborne, Pablo Longueira y Andrés Allamand hacen una a una mutis por el foro, dejando vacío el lugar de una alternativa fuerte que pueda representar un reto real en primera vuelta para la Bachelet.

Con estos últimos sucesos políticos el camino para el triunfo en primera vuelta de la ex-presidente parece despejarse milagrosamente.
Pero puede haber sorpresas.

Entrevista a Marcel Claude

“Trend topic” en twitter, furor en las redes sociales, cientos de miles de visitas a los videos que muestran sus planteamientos en youtube, el economista Marcel Claude –que el 12 de agosto pasado inscribió su candidatura a la presidencia de Chile–, se constituye, según la prestigiosa revista Foreign Affairs, en “un candidato prometedor”.

Con afirmaciones fuertes frente a la élite política y económica del país (“la Concertación es un operador político de los grupos económicos”; el ex-presidente Ricardo Lagos “fue un traidor contumaz de la voluntad popular”; “la Concertación avaló y gobernó feliz con la Constitución de Pinochet”) y frente a la situación económica, social y política del país (“cuando se fue Pinochet, el 5% más rico ganaba 140 veces más que el 5% más pobre; hoy día son 350 veces”; “la traición es un dolor muy grande que está en el alma de Chile”; los fondos de pensiones son “fábricas de pobreza y acumulación capitalista: 7 millones de chilenos van a salir a la calle empobrecidos como trabajadores”), Marcel Claude se ha convertido en el continuador en el terreno electoral de un fuerte movimiento estudiantil, que ha sido a su vez la caja de resonancia de un gran malestar social.

desde abajo lo encontró en su oficina de campaña, en una vieja casa cerca del centro de Santiago, sede del Partido Humanista. “Al hueso”, como dicen en Chile.

desde abajo (da): Chile se muestra en Colombia como un ejemplo. Tasas de crecimiento sostenidas, un producto interno bruto per cápita de 20 mil dólares que supera a cualquier país de la región. ¿Qué esconden las cifras?

Marcel Claude (MC): A nivel macroeconómico muchos de los indicadores pueden decir cosas fabulosas. El ingreso per cápita en Chile puede ser el más alto de América Latina, pero si tú separas, el ingreso per cápita promedio para el 99% de los chilenos está en 720 o 730 dólares y para el 1% es muy superior. El 0,1% tiene, creo, un ingreso per cápita mensual promedio de más de 150 mil dólares. Es un indicador que no da cuenta de verdad, en estricto rigor, de cómo está distribuida esa riqueza.

En verdad los datos son engañosos; el análisis tipo “Fondo Monetario” funciona bien, porque el Fondo Monetario se preocupa de cuatro o cinco variables: empleo, inflación, equilibrio en la balanza de pagos, situación fiscal, crecimiento económico. Con esas variables hacen un bosquejo de un país y si esas variables están bien, el país está bien. Y lo promueven después. Pero ¿cómo es el empleo que se da en Chile? Doce horas promedio de trabajo, salario mínimo ganado por una parte importante de la población. El 90% de los chilenos no llega a fin de mes. Los estudiantes están terminando a los 50 años de pagar sus deudas de estudio… Si tú me dices “en Suecia la economía creció en un 10%”, yo tiendo a pensar que los suecos en general aumentaron su capacidad económica, su poder adquisitivo en un 10%. Pero no cuando tú tienes una concentración tan grande del ingreso como está hoy día en Chile, en que el 1% gana 80 veces lo que gana el 80%. Entonces, la verdad es que los datos globales, cuando se trata de sociedades muy desestructuradas, muy desvinculadas, muy segregadas, no te dicen nada.
Esos datos que te dicen que Chile está bien son para el 1%. No son los datos del 99%. Los datos del 99% no son esos de lo que da cuenta este tal éxito económico.

da: Pero ese “éxito económico” ha logrado atraer un volumen grande de capital, generar crecimiento y ha logrado que Chile se integre al mercado mundial…

MC: ¿Los que se han integrado al mercado mundial quiénes son? El 1% de las empresas: el 96% de las exportaciones las hace el 1% de las empresas. No es Chile el que se integra. El 1% de las empresas no son todas las empresas chilenas. El 1% de las empresas es el que está integrado: exporta cobre, exporta celulosa, exporta salmón, exporta vino, exporta en general materias primas. Esa integración al mercado mundial no es de los chilenos. Es del 1% de los chilenos.

¿Y las inversiones que llegan, a qué vienen? ¿Cuál es el beneficio de esas inversiones? Vienen a buscar recursos naturales. Esa inversión extranjera me produce desconfianza: no genera empleo, no ha disminuido la desigualdad, no ha mejorado las variables de desarrollo, como educación, salud, disminución de horas de trabajo, aumento de los salarios reales… ¿Qué sentido tiene esta inversión? En realidad, el único sentido que tiene es de expoliación: una extracción de recursos naturales necesarios para el proceso de acumulación capitalista global y mundial.

da: Tú has planteado que es necesaria una refundación del Estado de Chile. ¿A qué te refieres?

MC: El éxito de este supuesto modelo está sustentado en haber convertido a todo Chile, todo espacio físico y de relaciones humanas en una gran “oportunidad de negocios”. La educación es un negocio, la salud es un negocio, y eso permite el crecimiento económico: impulsa inversiones, genera ventas… pero como no va aparejado del desarrollo de la sociedad, ese excedente se concentra exclusivamente en pocas manos, en quienes controlan el proceso productivo. No tienes, por otro lado, una fuerza política que ejerza presión sobre el aparato económico para que esta riqueza tenga una distribución más justa y equitativa.

Nosotros estamos planteando la refundación del Estado, desde el actual, que garantiza el negocio, el lucro, las ganancias del capital, a un Estado con instituciones políticas que garanticen los derechos de las personas: el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, a las pensiones dignas, a la participación política. Un Estado que no sea garante del negocio privado, sino del derecho colectivo, del derecho de las personas. Esa es la refundación.

Y eso pasa por cambiar la constitución política. Porque esta constitución política [vigente desde 1980] tiene un origen antidemocrático: fue refrendada en un plebiscito fraudulento, sin registros electorales, sin debate, sin prensa, escrita por siete personas que pertenecen al sector más conservador de la sociedad chilena… Chile está fundado en un cuerpo jurídico, en un ordenamiento institucional que regula las relaciones entre las personas, que tiene un origen autoritario. Una democracia no puede tener ese origen. Por eso estamos planteando la necesaria sustitución de esta Constitución por una de origen democrático. Con esa Constitución de origen democrático deberíamos redefinir el rol del Estado ya no como garante del negocio, sino como garante de los derechos, donde podamos repartir el poder a nivel regional, a nivel local, donde podamos establecer la elección directa y democrática de alcaldes, de intendentes, de autoridades regionales: parlamentos regionales, parlamentos locales, donde establcer de una manera más democrática la selección de los comandantes en jefe de las fuerzas armadas o de las autoridades de justicia incluso.

da: ¿Qué implicaciones tiene esta refundación con respecto a los demás países de América Latina y el mundo?

MC: La estrategia actual de Chile es una estrategia de inserción en el capitalismo, asignándole al país un rol específico que es generar y poner a disposición del proceso de mega-acumulación capitalista los recursos naturales y así los operadores de ellos, que son nuestras oligarquías, obtienen una renta por ello.

Nosotros no participamos de ese modelo. Creemos que América Latina debe saber construir un desarrollo regional, local, dentro del continente latinoamericano, y eso requiere privilegiar los vínculos económicos, políticos, culturales con el resto de los países de América Latina. La posibilidad de ponerle una barrera política a los Estados Unidos sobre sus pretensiones en América Latina pasan necesariamente porque podamos constituir una fuerza política basada en la articulación económica, cultural, institucional dentro de América Latina. Fortalecer mercados internos, que Chile entregue su cobre más bien al desarrollo de la región que al mundo en general, o la posibilidad de que Venezuela privilegie la entrega de petróleo, energía, o Bolivia de gas dentro la región, me parece que son las estrategias correctas de tal manera que se pueda fortalecer el poder político dentro de la región. Y no que de manera individual cada país se vincule a los bloques económicos y a las multinacionales con una capacidad política mucho más disminuida. Luego, por una cuestión política a mí me parece que hay que priorizar la relación con América Latina sobre la relación con el mundo en general.

da: ¿Tú crees que Unasur tiene futuro?

MC: Hay como dos almas en América Latina que hacen hoy día políticamente inviable el proyecto. Pero también es cierto que en América Latina siempre han existido proyectos emancipadores de manera reiterada y repetitiva. No han dejado de emerger experiencias emancipadoras. En ese sentido yo creo que a pesar de que la era neoliberal inundó el Continente no logró tapar o impedir esa característica nuestra de la búsqueda de procesos y proyectos emancipadores. Yo creo que en ninguna parte del mundo ha habido tantos esfuerzos emancipadores como ha ocurrido en América Latina. Y eso es parte de nuestra forma cultural. Y si uno lo mira por ahí, hay una esperanza. Uno puede pensar que en algún momento, esto va a terminar siendo una gran patria latinoamericana, al estilo de Bolívar, o una alianza de países económica y política.

da: ¿Le podrías decir al pueblo colombiano que esto va por buen camino?

MC: Mira, yo no he sido candidato antes, así que tengo poca historia como para poder decir que vamos bien. Quizás lo que yo crea que indique que vamos bien no signifique mucho. Pero tenemos la experiencia de que a donde vamos llenamos todos los lugares. Y no acarreamos gente, no subimos gente en buses para que nos vayan a ver. En las universidades tenemos una llegada profunda. Hemos consolidado el ambiente juvenil universitario. Ahí vamos a tener muy buena votación. Tenemos más de 350 comandos autoconvocados a lo largo del país.

da: ¿En cuánto tiempo?

MC: En tres o cuatro meses. Tenemos 500 profesionales. Somos la candidatura más buscada en redes sociales y en internet. Tenemos falencias a nivel del mundo de los trabajadores, porque nos ha costado construir un frente de trabajadores y tenemos también dificultades para llegar a los sectores más populares. No hay infraestructura. Las candidaturas que tienen alcaldes y concejales en las comunas tienen manera de hacer llegar su discurso. Nosotros no. Pero estamos montando un sistema. Ya estamos constituyendo el frente de trabajadores y estamos desarrollando trabajo territorial importante.

da: ¿Puedes ganar?

MC: Nosotros necesitamos pocos minutos con la gente para que nos entienda lo que queremos hacer y lo que queremos decir. Ellos necesitan mucha plata, mucha publicidad, mucho cartel, mucha propaganda, para consolidar sus votos. Nuestro gran desafío es entrar a segunda vuelta. Y es un desafío en el sentido de que no tenemos la misma capacidad de difundir el proyecto. La candidatura está vetada en los canales oficiales a nivel nacional. Televisión Nacional no cubre nada de lo que nosotros hacemos. Nada. Los otros canales, poco. El gran desafío para nosotros es, entonces, la posibilidad de llevar nuestro proyecto para que lo conozcan uno y cada uno de los chilenos. Esa es la gran barrera que enfrentamos ahora.

Si uno mira las cifras, son 13 millones los que pueden votar en Chile. De esos 13 millones, el voto duro de la Concertación y de la Alianza son 3 millones. Aquí hay 10 millones de votos en disputa. La derecha, con 800 mil votos de militancia dura, no va a llegar a los dos millones de votos. Y nosotros creemos que nosotros con 2 millones de votos de esos 10 millones que no votan, el 20% de esos votos en disputa, entramos en segunda vuelta. Y si nosotros entramos a segunda vuelta, nadie impedirá que ganemos las elecciones. Porque no hay ninguna posibilidad que en igualdad de condiciones ante los medios de comunicación, en los debates, en el despliegue de la campaña, nos puedan equilibrar siquiera en medida menor.

 

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