El paro nacional agrario.

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Por: Pedro Santana Rodriguez / Semanario Caja de Herramientas.

Los campesinos en Colombia, tienen que convertirse en una fuerza política independiente, hay que nombrar, elegir representante, senadores, presidentes, que realmente defiendan a los intereses de las mayorías campesinas. No más lechonas, cervezas y golpecitos en el hombro. Hay que renovar la política, votar por aquellos que representen dignamente los intereses de la masa campesina que nos han dado en estas jornadas una lección  de identidad y dignidad.

El presidente Juan Manuel Santos, menospreció a los campesinos y a la capacidad de respuesta democrática de nuestro pueblo. Los movimientos sociales históricos tienen siempre la posibilidad de demostrarnos, a través de su movilización, por circunstancias históricas y políticas de sus intereses siempre presentes, siempre actualizados, allí están, en el momento oportuno para decirle a la sociedad nacional, local, regional o global cuáles son sus problemas, cuáles son sus males, cuáles son sus deficiencias y casi siempre son interpretados por el poder como inoportunos políticamente.

Mal de ubicación, incorrectos políticamente, clases medias insatisfechas- dicen los progresistas de la izquierda- los altos jerarcas de la Iglesia dicen que los obligan a protestar y los idealistas de la extrema izquierda piensan que detrás de una movilización de reclamación de sus intereses ya está la revolución total.

Cientos de miles de campesinos colombianos que no cuentan con una organización nacional sino con mesas de concertación, han puesto de presente la quiebra económica del sector rural y de la economía campesina.

Los campesinos han denunciado que están produciendo a pérdida, que los insumos (semillas, fertilizantes, fletes, jornales) suman más que lo que reciben al vender sus productos. Eso dicen y lo demuestran los campesinos productores del café más suave del mundo y los de papas, y los del cacao, y los de las arvejas, y los de las hortalizas, y los de las frutas, y los de las flores, etc., etc., están en paro desde ya hace varios años porque simplemente están quebrados.

El régimen oligárquico colombiano nunca ha tenido una política de apoyo a los pequeños y medianos productores agrícolas. Por eso le importaron muy poco las posiciones en contra del tratado del libre comercio. Nunca se preocuparon por el bienestar de los doce millones de compatriotas que traen a nuestras mesas, a nuestras casas sus productos y que nos permiten sobrevivir en una sociedad profundamente desigual e inequitativa.

El régimen se sorprendió. El presidente Juan Manuel Santos, quien originalmente negó la protesta luego tuvo que aceptarla. Y esos cientos de miles de invisibles para el régimen con ruanas y sombreros; manos encalladas, de rostros adustos, frentes altivas arrugadas por el sentimiento de la vida, pero dignas y llenas de razones, salieron a las carreteras y bloquearon caminos – hay una ley que dice que no lo pueden hacer y el Presidente soberbio les dijo no existen.

Son brotes aislados de protesta y años y años de abandono, de falta de atención o simplemente por ignorarlos, todo ello hizo que los invisibilizaran, que no salieran a la luz: Boyacá, Cauca, Nariño, Cundinamarca, Caquetá, Caldas, Quindío, Risaralda. Huila, mostraron que hay un campesinado vivo, digno; ciudadano. Y un domingo 25 de agosto para ser más exactos, más de cincuenta mil tunjanos salieron a decirle al Presidente aquí sí hay paro, aquí estamos. Como también el día 29 de agosto decenas de miles de ciudadanos salieron en Bogotá, y en treinta y siete ciudades del país, a reiterarle a  Santos, aquí hay paro.

Los legisladores pensaron que bastaba con poner en una ley, que no se deberían bloquear las carreteras, que se podrían hacer las transformaciones, como si Simón Bolívar, le permitiera al general Barreiro que sin prestar batalla lo dejara llegar a Bogotá y tomara el poder. Que poco entienden estos dóciles parlamentarios que ahora que tratan de congraciarse con los embejucados Boyacenses, los arrechos Santandereanos y los indignados de todo el país, poco entienden de asumir sus responsabilidades cuando aprobaron los tratados de libre Comercio TLC´s, y ahora pretenden reconciliarse con el pueblo campesino a quien arruinaron.

El expresidente Cesar Gaviria Trujillo, impulsor de este modelo y causante de este desastre, ha dicho “Cuidado con cerrar la economía”, lo que quiere decir sigamos arruinando a nuestros campesinos, a nuestros pequeños industriales y aún a nuestros grandes industriales. El problema de fondo es el modelo económico impuestos por los tratados internacionales de comercio y aceptado por nuestras élites económicas que gobiernan.

El problema agrario no solo está relacionado con los insumos que son semillas, fertilizantes, mano de obra, jornales, fletes, etc., no sólo sobrepasa los costos y los precios a los cuales se venden sus productos, sino lo más grave, ponen en riesgo nuestra seguridad alimentaria. Es decir, el 65% de los productos que llegan a nuestra mesa son producidos por nuestros campesinos.

Así que no tiene razón los tecnócratas que han negociado los tratados de libre comercio, los empresarios que quisieron y pensaron que a lo mejor íbamos a irrumpir exitosamente en los mercados internacionales o algún consumidor despistado que pensó que sin ingresos propios en nuestro país, podría adquirir los últimos productos del mercado internacional.

Estos cientos de miles de campesinos que bloquean carreteras, que se niegan a morir, que nos hacen un llamado de Patria, de convivencia, en medio de sus penurias, que nos invitan a reflexionar sobre lo que a diario consumimos en la mesa, en la comida, en el vivir, nos están diciendo, miren, estamos arruinados. Pobres de nosotros y nuestros hijos y nuestras hijas, que no tienen futuro. Y el Gobierno sordo a sus demandas.

El mensaje para ese campesinado es que tiene que convertirse en una fuerza política independiente, hay que nombrar, elegir representante, senadores, presidentes, que realmente defiendan a los intereses de las mayorías campesinas.

No más lechonas, cervezas y golpecitos en el hombro. Hay que renovar la política, votar por aquellos que representen dignamente los intereses de la masa campesina que nos han dado en estas jornadas una lección de identidad y dignidad.

Al mismo tiempo que reivindicamos la validez de los intereses campesinos, queremos rechazar todos los actos vandálicos, todos los actos de violencia, que se han presentado alrededor del paro nacional agropecuario. No es posible que los ciudadanos y ciudadanas estemos impedidos de manifestarnos libremente apoyando a nuestros campesinos sin que vándalos lleguen a perturbar la movilización ciudadana. Hay que botar a los sinvergüenzas corruptos y a los amigos de los TLC´s votando en las urnas. Ése es el mensaje de la ciudadanía a los violentos y a los que quieren perpetuar un régimen injusto y antidemocrático.

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