¿La recaptura del poder? Los candidatos del Centro Democrático al Congreso.

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Por: Javier Duque Daza / Razón Pública.

El ex presidente Uribe quiere usar al Centro Democrático para recuperar el poder. Confía en que su carisma y favorabilidad en las encuestas compensen la falta de estructura partidista y le abran el espacio para ejercer la oposición que estigmatizó cuando era presidente.

Un jefe sin partido

Álvaro Uribe es un político que combina tres atributos particulares: es un insider antipartidista, un político con un estilo populista y plebiscitario y un dirigente y ex gobernante con una concepción mesiánica de la política.

Estas características se contraponen a la institucionalidad de los partidos estables. De ahí proviene su rechazo a este tipo de organizaciones y su forma de hacer política sin partido, aunque sin rechazar el apoyo de otros cuando así lo ha requerido.

Este perfil maduró con su proyección nacional. Durante más de dos décadas estuvo vinculado al Partido Liberal y supo sacar las ventajas que le ofrecía el partido mayoritario de Colombia, por el cual votaban  la mayoría de los votantes cautivos del clientelismo.

El Partido Liberal fue el medio de acceso al concejo municipal y a la designación como alcalde de Medellín (durante cuatro polémicos meses), así como a la Cámara, al Senado y a la Gobernación de Antioquia. Pero en 2001 decidió desecharlo, al tener que competir por la candidatura con  dirigentes más caracterizados, en especial con Horacio Serpa.

Optó por construir redes de apoyo, por establecer vínculos con todo tipo operadores electorales y con políticos regionales que estaban bien instalados y muchos de los cuales eran respaldados por organizaciones armadas ilegales, como lo demostraría en decenas de casos la Corte Suprema de Justicia.

La etiqueta Primero Colombia sirvió entonces de sustituto al partido y permitió aglutinar todas las redes, agregar apoyos y  movilizar los votos que le permitieron holgados triunfos en las elecciones de 2002 y 2006. No necesitaba un partido para ganar elecciones, tampoco para gobernar.

Ahora en su pretensión de regresar al Senado y recapturar el poder que ejerció durante tantos años, tampoco lo necesita. En esta ocasión el vehículo de sus aspiraciones es el Centro Democrático, otra organización con nombre de ONG o, de manera más pretensiosa, de Think Tank, de centro de pensamiento.

Un líder sin partido, que añora al poder y quiere empezar a recuperarlo de las manos de quien considera un traidor a sus principios.

Estrategia de recaptura

El Centro Democrático no es sólo la expresión del liderazgo personalizado, mesiánico y caudillista. También es parte de una estrategia integral del expresidente y de su círculo de apoyos para la re-captura del poder.

Cuando Santos empezó a gobernar con autonomía y en contravía del pensamiento y de los intereses del expresidente y de sus allegados, Luis Carlos Restrepo pronunció una frase que tuvo resonancia nacional y que reiteró hace poco en una carta dirigida a este movimiento: “habían ganado las elecciones, pero perdido el gobierno”. Ante la pérdida del gobierno y todo lo que esto implica, Uribe y su círculo de apoyos adoptaron varias estrategias de recuperación de los espacios de poder:

· La oposición sistemática todas las decisiones del presidente y de sus ministros, con el argumento de que había traicionado las banderas que lo llevaron a la presidencia. El propósito era socavar la confianza y la imagen del gobierno y del presidente.

· El uso intensivo de los medios y de columnistas amigos para criticar al presidente y sus políticas.

· El uso frenético y sin descanso del Twitter con críticas y acusaciones al presidente, incluidos insultos como “Judas” y “Canalla”.

· La creación del movimiento Puro Centro Democrático, rebautizado como Centro Democrático.

· La realización de una consulta para escoger entre sus allegados un candidato presidencial que le compita a Santos.

· La presentación de listas a Senado y la Cámara en el 2014.

Los astros se han ido alineando y los diversos componentes de la estrategia se han conjugado con el propósito de ganar elecciones y recapturar el gobierno.

Uribe con los suyos

El último componente de la estrategia son las listas al Congreso, que resultaron un espejo donde se reflejan las coaliciones y las redes de apoyo alrededor de Álvaro Uribe.

· Por una parte, incorpora a quienes el líder considera sus alfiles más leales, que lo han acompañado de vieja o nueva data y que han hecho profesión de fe en su “ideario”. Este es el caso del discutido José Obdulio Gaviria (quien incluso calificó a su jefe como “un ser superior”); de Paloma Valencia (periodista y divulgadora pública de las propuestas de Uribe); de Ana Mercedes Gómez (ex directora de El Colombiano) y de Alfredo Rangel (columnista, y una de sus cajas de resonancia en los medios).

· Por otra parte, a exfuncionarios de su gobierno, también leales a su “credo”, como María del Rosario Guerra (su exministra de comunicaciones, e hija de José Guerra Tulena); o el hijo de Fernando Araujo (quien fuera su ex canciller).

· En tercer lugar, quienes pueden sumar alguna votación por sus precedentes en cargos de elección popular,  en candidaturas o por considerarse herederos electorales: Susana Correa (ex candidata a la alcaldía de Cali); Daniel Cabrales (ex candidato a la alcaldía de Montería); Alfredo Ramos Maya (hijo y heredero electoral del ex congresista y ex gobernador de Antioquia, Alfredo Ramos); Jaime Amín (ex candidato liberal a la gobernación de Atlántico); Ernesto Macías (ex concejal y ex diputado del Huila); Carlos Felipe Mejía (ex diputado de Caldas); Nohora Tovar (ex candidata a la alcaldía de Villavicencio); Rigoberto Barón (ex candidato a la gobernación de Boyacá por el Partido Conservador); Juan Hurtado (ex concejal y ex representante a la Cámara por Risaralda); Everth Bustamante (ex guerrillero y ex candidato  a la gobernación de Cundinamarca).

· En cuarto lugar, incluye a personas o familiares de quienes han sido condenados por la justicia colombiana o en contra de los cuales hay investigaciones en curso: Tania Vega de Plazas (esposa del coronel Alfonso Plazas Vega, condenado); el exdirector del ICA con varios procesos abiertos en la Fiscalía y en la procuraduría; aquí caben también Alfredo Ramos Maya, Honorio Henríquez Pinedo, sobrino del condenado por parapolítica Miguel Pinedo Vidal.

A diferencia de la lista al Senado, que será cerrada y que le apuesta a su capacidad de convocatoria, las listas a la Cámara serán abiertas y con voto preferente: cada quien se la juega en la dura competencia departamental con las respectivas maquinarias.

Para la Cámara las expectativas son menos optimistas, pero también se están incluyendo en las listas a personas que han sido congresistas o han competido o estado en las corporaciones públicas departamentales. Por ejemplo, para Antioquia la lista incluye a los ex representantes Óscar Darío Pérez y Carlos Ignacio Cuervo; para Amazonas, al ex candidato a la alcaldía José Araujo; para Caldas al ex alcalde de Marquetalia, Hugo Hernán González; para Caquetá a Eduardo González, ex candidato a la gobernación; para  Cundinamarca a Hilda Gutiérrez, ex alcaldesa de la Mesa; para Guainía al ex candidato a la gobernación Tocayo Carrizosa; para Huila al ex candidato a la alcaldía Álvaro Hernán Prada, y para Magdalena al ex concejal Aníbal Pacheco.

Se trata de operarios políticos experimentados. Aunque fracasen en su intento, todos pueden agregar votos al Senado, que es la apuesta grande del Centro Democrático, especialmente por su efecto demostrativo: mostrarle al país la vigencia y el respaldo de quien pretende seguir figurando como “el mejor presidente de la historia de Colombia”, el “colombiano del siglo”.

Sumas y restas

Algunos de los partidos que hoy tienen representación perderán los escaños que gane el Centro Democrático: ¿Cómo están las apuestas?

Hoy hay quince partidos con asiento en la Cámara y diez partidos con curul en el Senado (ver cuadro 1). El reparto en las próximas elecciones debe incluir al Centro Democrático, y está además el nuevo partido Alianza Verde, fruto de la unificación de Progresistas, una facción del Polo Democrático y lo que va quedando del Partido Verde.

Es difícil hacer predicciones, por supuesto, pero parece razonable señalar la situación actual de los partidos y ciertos resultados de encuestas recientes.

· El Partido Liberal, después de su descenso sostenido desde 2002 y de pasar de un promedio del 55 por ciento del Congreso al 17 y 21,5 por ciento en Senado y Cámara en 2010, parece mostrar una recuperación. Según una encuesta reciente de Cifras y Conceptos, obtendría el 21 por ciento de los votos, es decir, podría mantener su representación, o incluso aumentarla un poco. Depende de la recepción que pueda tener el reencauche de Horacio Serpa y del mantenimiento de alguno de sus grandes electores.

· El Polo Democrático se ha visto envuelto en la debacle de los hermanos Moreno en Bogotá y fue afectado por el retiro de Gustavo Petro, Antonio Navarro y los parlamentarios de progresistas (ahora verdes). Le resultará difícil mantener su presencia en el Congreso. La misma encuesta lo ubica con el 4 por ciento de intención del voto.

· El Partido Conservador es como la “Piel de zapa” de Balzac, que se encoge gradualmente. De él se han alimentado Equipo-Colombia y el partido Social de Unidad Nacional, ahora lo hará también el Centro Democrático. La pregunta es cuántos se le unirán, además del senador Juan Carlos Vélez. En la referida encuesta sólo el 7 por ciento manifestó su preferencia por este partido.

· La agrupación  más fuerte es el Partido Social de Unidad Nacional. Cuenta con el presidente Santos, las mayorías del Congreso, los recursos del poder, la burocracia, las maquinarias regionales. No parece haber síntomas de algún sector que piense unirse al Centro Democrático, aunque es probable que el electorado de Juan Lozano, quien no se postulará de nuevo, sea canalizado hacia esta agrupación.

· Los partidos pequeños lucharán por mantener sus curules: el MIRA, con su electorado cautivo y su “pastoreo electoral” ha crecido elección tras elección; los partidos de uno o dos escaños entran en la competencia por mantenerse en difíciles condiciones, pero cuentan con electorados cautivos y grandes flujos de dinero que empiezan ya a circular entre concejales, diputados y líderes comunitarios. El Partido de Integración nacional (PIN), rebautizado como Opción Ciudadana es todo un enigma.

Así las cosas, no parece muy viable el objetivo del centro democrático de obtener 35 senadores. Los escaños que gane los perderán otros, y la competencia no es fácil.

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