Pasado, presente y futuro de los sectores alternativos

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Por: Felipe Pineda / Democracia en la Red.

El desencanto hacia la política en Colombia parece oficializarse cada vez más entre amplias capas de ciudadanos. Según encuestas recientes (Cifras y Conceptos, Ipso-Napoleón Franco, Gallup) el porcentaje de personas que votarán en blanco fluctúa entre el 22 y el 24% de la intención total de voto para las elecciones a Congreso de la República que tendrán lugar este domingo 9 de marzo.

Algunas claves históricas

En tiempo pretérito la ruptura de la Unión Nacional de Oposición (UNO), primera alianza oficial del novel MOIR, la ANAPO y el Partido Comunista, coalición que encaró las elecciones presidenciales de 1974, significó un efímero paso para hermanar a varias agrupaciones bajo una sola sombrilla. Los mismos impasses del presente, sectarismo, luchas de poderes y posiciones encontradas relacionadas con la táctica y estrategia dieron al traste con esa primera aproximación significativa. FIRMES, movimiento dirigido por el maestro Gerardo Molina, emergió como un segundo proyecto significativo de izquierdas a finales de la década de los 70. Su efímera existencia fue consecuencia de una desafortunada actividad electoral.

Tuvieron que pasar 10 años y promulgarse una nueva Constitución Política para que un gran sector de la Izquierda, esta vez tras la senda de la dejación de armas del M-19, pudiera aglutinarse bajo el nombre de Alianza Democrática M-19, frente político que logró elegir 18 de 70 constituyentes, y en 1992, tras la reactivación del congreso, 21 elegidos entre senadores y representantes.

Para 1994, la AD M-19 desapareció casi por completo del mapa político producto de una notoria ausencia de sólidas bases regionales y sociales, la acentuación de una conducción desde arriba y una táctica electoral equivocada (La operación avispa, método que emulaba la estrategia del liberalismo). La experiencia de la Unión Patriótica no es mencionada en estas líneas ya que su extinción obedeció a factores ajenos a la dinámica organizativa política y social.

1999 – 2008: dos lustros de ascenso para los Sectores Alternativos

Los alcances de la nueva carta magna (1991), condujeron a la ruptura parcial del bipartidismo reinante. Sin embargo, dicho auge democrático, sin leyes estatutarias que lograran estimular la vida de nuevos partidos sólidos, devino en un vacío legal perfecto para la irrupción de candidaturas caudillistas, personalistas. Paradójicamente, la aparición de candidatos auto declarados “No Políticos”, como Antanas Mockus, abrieron el espacio para consolidar un electorado urbano con opinión independiente.

Contra todo pronóstico, los últimos 15 años se convirtieron en el “periodo dorado” del alinderamiento de los sectores alternativos de Izquierda. Los triunfos de los gobernaciones del Sur del país: Parmenio Cuéllar Bastidas en Nariño, el dirigente indígena Floro Tunubalá en el Cauca, Iván Gerardo Guerrero en Putumayo, Pablo Adriano Muñoz en Caquetá y Guillermo Alfonso Jaramillo en el Tolima demostraron que era posible empezar a pensar en una nueva colectividad capaz de canalizar y capitalizar ese cúmulo ciudadano, con una visión federalista, cercana al movimiento social y étnico. Para la fecha (1999) irrumpe el Frente Social y Político y con este, un periodo de auge del bloque “Democrático”. Dicho ascenso, que tuvo lugar por casi una década de manera ininterrumpida (1999-2008) generó las condiciones para la fundación del Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática. Corría el año 2002, y el proceso de paz fallido del presidente Pastrana allanaba el terreno para el vertiginoso crecimiento del contingente guerrerista encabezado por Álvaro Uribe Vélez, pero paralelamente también para la consolidación de una alternativa pacifista y social que tuvo en Luis Eduardo Garzón a su exponente más sobresaliente. Ambos se verían las caras en las elecciones de dicho año, con la victoria del primero y el impulso mediático del segundo, que un año después se convertiría en el primer alcalde de Izquierda de la capital del país.

Con unos índices de popularidad relativamente altos (62%, según encuesta Gallup trimestral, marzo de 2004) el alcalde Garzón logró desmarginalizar diversos sectores sociales con una política inclusiva basada en el aumento del gasto público en salud y educación. Bogotá sin Hambre, su programa bandera, se convirtió en un hito, al ser la primera intervención en seguridad alimentaria y nutricional en la historia del Distrito Capital.

A finales de 2005, en el terreno de la izquierda surgía el más importante avance de unidad de la historia del campo democrático: El Polo Democrático Alternativo, fusión de Alternativa Democrática –Conformado por el MOIR, Opción Siete, Unidad Democrática y Partido Comunista- y Polo Democrático Independiente (En cuyo seno coexistían M-19, ANAPO, Partido Socialdemócrata Colombiano). Las elecciones parlamentarias de 2006 y las presidenciales de ese mismo año marcaron la cresta de la ola de este proceso unitario, que tuvo como resultado 18 curules parlamentarias y los 2 millones 600 mil votos de su candidato presidencial Carlos Gaviria Díaz.

2008 – 2014: declive y dispersión de los sectores alternativos

Posterior a la candidatura presidencial polista, otro hecho marcó el ascenso imparable de los sectores alternativos fue la elección de Samuel Moreno como alcalde de Bogotá, avalado por el Polo Democrático Alternativo con una votación histórica cercana al millón de votos. Los actos reiterativos de corrupción durante la administración Moreno significaron no solo el linchamiento mediático del proyecto de izquierda sino el cisma entre los dos sectores principales del partido: El grupo conducido por Jorge Robledo y el dirigido por Gustavo Petro, este último optando por retirarse del partido, ante la negativa del PDA de expulsar de las huestes amarillas al ilegítimo burgomaestre distrital.

El tercer congreso nacional del Polo (Noviembre de 2012) personificó la puntada final de una disgregación anunciada, que terminó por separar de la colectividad al Partido Comunista, expulsado de las filas polistas, y a una serie de agrupamientos, casi todos de corte socialista (Fuerza común, Colectivo María Cano y Polo al Sur entre otros). Los resultados electorales del Polo en los comicios recientes, en los cuales pasó de 13 a 8 congresistas, son la radiografía perfecta de cuán deletérea ha sido la fragmentación para el proyecto político de izquierda más importante del país.

El presente, el futuro

El reciente revés electoral de la Unión Patriótica precipitó algo que venía cocinándose durante semanas: la adhesión de esta agrupación política a la candidatura de Clara López Obregón encarnada en Aída Avella, quien será la fórmula vicepresidencial de la candidata polista. Con este nuevo impulso a la campaña de López se espera un rencuentro de la casa amarilla con los movimientos sociales, agrarios, rurales y con esa nueva ciudadanía que cada vez se expresa de manera más independiente. Por ahora, el devenir de la historia nos indica que la unidad de las izquierdas, en torno a un proyecto único a futuro no deja de ser una cándida quimera. Sin embargo, la confluencia de sectores en coyunturas específicas como la actual, se convierte en la hoja de ruta que las colectividades del campo alternativo deberán seguir para sortear con éxito los retos del tiempo venidero.

Twitter: pineda0ruiz

pinedaruiz@hotmail.com

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