El abanico de opositores a Santos.

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Por: Felipe Pineda Ruiz.

La siguiente es una radiografía del presente y el futuro del abanico de antagonistas que tiene el presidente Santos y su séquito de escuderos.

Los períodos de gracia suelen constituir márgenes de tiempo en los cuales la opinión pública emite juicios preliminares sobre un gobierno que comienza. Los primeros 50 días, posteriores a la elección por segunda vez de Juan Manuel Santos, han sido un calco de sus 4 primeros años. Los nuevos ministros y las iniciativas que se anuncian eran más que previsibles.

Lograda la reelección e instalado en el nuevo balcón centrista de la tercera vía, el mandatario nacional y la coalición de derecha institucional que lo acompaña han enfocado sus esfuerzos en despolarizar el panorama político a fin de eludir los debates de fondo que el país requiere y, con ello, restarle fuerza a las oposiciones que desde la izquierda, los movimientos sociales y el uribismo asechan al gobierno nacional.

Obsesionada con una paz express, que selle el fin de la guerra sin tocar seriamente las causas del conflicto social, la coalición oficialista buscará hacerle frente a los embates del abanico de sectores opositores escudado en su hasta ahora todopoderosa mayoría en los gobiernos regionales y en el congreso de la república. La siguiente es una radiografía del presente y el futuro del abanico de antagonistas que tiene el presidente Santos y su séquito de escuderos.

 El Centro Democrático

 Muchas expectativas se ciernen sobre el tipo de control político que ejercerá la principal fuerza política opositora en número del país. El Centro Democrático (CD), en la actualidad la bancada reluctante más numerosa, que contabiliza en total casi 40 congresistas, intentará convertir en armas políticas de cara a una eventual refrendación de los acuerdos de paz tanto su proyecto de ley de favorabilidad penal para miembros de la fuerza pública vinculados a violaciones a los derechos humanos como la oposición a la iniciativa gubernamental de marco jurídico para la paz.

Dicha instrumentación de su papel de contrincante en el congreso busca, a su vez, revalidar las mayorías obtenidas en una cantidad considerable de departamentos en las pasadas elecciones presidenciales esta vez en las elecciones regionales del 2015. El éxito del uribismo en dicha coyuntura, si lo obtuviera, sin duda cambiaría el mapa político y de gobernabilidad santista de la Unidad Nacional.

Sin embargo, no deja de ser paradójico, y a la vez poco saludable para la democracia nacional, que el papel opositor al gobierno lo realice una colectividad que comparte el mismo modelo social y económico con el oficialismo. Aunque enemigos de forma por la agenda y el rumbo de la guerra y la paz, tanto el proyecto de la élite tradicional como el de la elite emergente compaginan de fondo con la preservación de la exclusión y el statu quo como premisas principales.

Algunos de los obstáculos que el CD debe superar para hacer una oposición más efectiva, radican en la excesiva dependencia de su bancada y la colectiva centrista de la figura de Álvaro Uribe Vélez quien, debido a su omnipresencia en el movimiento, puede terminar opacando el ejercicio de cuadros tan importantes como Paloma Valencia o el mismo ex candidato presidencial Oscar Iván Zuluaga.

Otra de las disyuntivas internas relevantes del CD en la actualidad es el debate sobre el tipo de oposición al proceso de paz, en donde la posición concertadora de Oscar Iván Zuluaga y Rafael Guarín contrasta con la de la mayoría del movimiento, posición final que no solo cobra importancia para su colectividad sino para el camino que tendrá que transitar la negociación de La Habana.

 La oposición de las izquierdas.

La variopinta coalición en gestación, expresada en el Frente Amplio por la Paz, tendrá la tarea de demostrar en estos cuatro años que su proyecto va más allá de ser un simple “vagón de cola” del proceso de paz Gobierno-FARC, e igualmente que su propuesta unificadora puede conllevar una perspectiva de país que trascienda la cosmética pugna entre las dos derechas, es decir, que logre darle relevancia y vocación de poder a una propuesta alternativa de contrapeso a la dupla Santos-Uribe.

Trabajar en la construcción de una plataforma social, plural y convergente, que supere la trampa de la participación electoral como opción única y que funcione de bisagra entre los movimientos sociales y el escenario político representativo, no solo convertirá al Frente Amplio por la Paz en una sombrilla creada para elegir a unos pocos, con clientelas e ideas fijas, sino que lograría atraer a sectores hastiados de la parálisis programática de la izquierda tradicional así como del oportunismo cortoplacista de la “izquierda moderna”, esa que tanto le gusta a los más reaccionarios sectores de poder.

Avanzar en la puesta en marcha de una normatividad clara sobre los alcances y garantías de la participación política de la oposición, impulsar reformas de hondo calado en torno al desarrollo rural, el empleo, la salud y la ampliación de los espacios de participación ciudadana, así como en una reforma profunda a la estructura del Estado, devolviéndole a éste su papel regulador, deberán ser las banderas de un verdadero proyecto alternativo por encima del corporativismo partidista y el aislacionismo histórico de la izquierda de corte ortodoxo.

Mientras la paz se convierte en un elemento aglutinador desde la orilla del Frente Amplio por la Paz para generar un consenso mínimo, en el Polo Democrático la señal al gobierno Santos es la de declarar una oposición abierta e intransigente a todo el paquete de reformas que el ejecutivo planea presentar. Esa será una constante en estos cuatro años venideros.

Aunque se augura una contradicción interna entre quienes abogan por tender puentes con Santos – encabezados por Iván Cepeda y Clara López – y quienes los rechazan de tajo – la mayoría del comité ejecutivo de dicha colectividad, liderados por Jorge Robledo y Alexander López- es probable que las desavenencias resultantes terminen por fortalecer la pluralidad del único partido declarado en oposición abierta al gobierno de la Unidad Nacional.

La agenda legislativa opositora del PDA en el congreso seguirá su curso y apuntalará a este partido y a sus senadores como las únicas voces divergentes en el parlamento contra el actual modelo económico y social (Jorge Enrique Robledo), educativo (Senén Niño), agrario (Alberto Castilla) y de defensa a los derechos humanos (Iván Cepeda). En el Polo la consigna parece clara: la paz es un objetivo, pero no el único objetivo.

La oposición paramilitar

A la oposición de centro derecha encabezada por la dupla Andrés Pastrana/Martha Lucía Ramírez y de derecha pura y dura representada en el Centro Democrático, se suma una que hasta ahora parecía confinarse a las paredes de cárceles norteamericanas y el laberintico mundo del negocio del narcotráfico representado por las BACRIM.

En efecto las declaraciones recientes de alias “macaco”, contenidas en una carta enviada a la opinión pública, en donde advierte sobre los peligros inminentes de no tener en cuenta a los paramilitares en las negociaciones Gobierno-FARC, carta en la que, además, se sugiere la creación de una “comisión de distensión” entre la insurgencia y la contrainsurgencia so pena de reactivar sus estructuras armadas, se convierte en un campanazo de alerta para el gobierno.

La frase “de no lograrse esa distensión entre combatientes, nos veremos abocados a una confrontación…y a un rearme” magnifica los alcances de la advertencia de la misiva que al parecer cuenta con el respaldo de varios de los miembros del estado mayor de dicha organización criminal.

Con la permanencia del poderío armado de las AUC en diferentes regiones del país, dentro del andamiaje de las BACRIM, con ex comandantes que no se sometieron a la ley de justicia y paz y otros en proceso de recobrar su libertad a la cabeza, se configura la nueva piedra en el zapato en materia de seguridad que el gobierno reelecto de Juan Manuel Santos deberá sortear.

 La oposición no institucional: los movimientos sociales.

Divisando el estancamiento partidista que se opone a la renovación dirigencial y testiga de los abusos del oficialismo desde el Estado, la oposición no institucional, compuesta por el universo amplio de movimientos sociales es, sin duda, quien libra la contienda con más intensidad y desgaste que quienes ejercen dicha función desde los cargos de representación pública.

El fortalecimiento de procesos unitarios en el sector agrario como las dignidades, la Cumbre Nacional Agraria y la MIA; en el sector estudiantil con la MANE y en el amplio campo de la movilización política y social con el Congreso de los Pueblos, el CRIC y la misma Marcha Patriótica se convierten en la columna vertebral de todo el panorama opositor nacional.

Los sectarismos, las reivindicaciones económicas parciales y la fragmentación de las luchas conllevan a que éstas sean asimilables a las lógicas del sistema, terminando en negociaciones incumplidas sin lograr acumular potencia política.

Adquirir poder para sobrevivir a la cooptación gubernamental, abrir espacios de entendimiento con los partidos políticos de corte progresista y darle mayor relevancia a lo programático se convierten en otras de las tareas de primer orden del movimiento social en general.

Estudios como el Informe especial luchas sociales en Colombia 2013, lanzado recientemente por el CINEP, pueden conducir a la creación de una agenda mínima de los movimientos sociales en su conjunto, más cercana a las necesidades de la mayoría de los colombianos, menos ortodoxa y a la vez con alcances programáticos más ambiciosos.

Sin duda, replantear el tema de circunscribir todo el proyecto alternativo a la participación y éxito en el escenario de la democracia representativa es uno de los primeros interrogantes a resolverse en colectivo de cara al futuro cercano.

Ante la ausencia de respuestas de los partidos políticos que compiten en el escenario electoral, la oposición no institucional está en mora de capitalizar el descrédito de éstos para ganar espacios y convertirse en polo de atracción para la ciudadanía, cumpliendo la función de puente entre la lucha social urbana y rural.

Twitter: @pineda0ruiz

pinedaruiz@hotmail.com

* Felipe Pineda es publicista egresado del Politécnico Grancolombiano, activista social e Investigador de la Fundación Democracia Hoy.

 

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