Señales y expectativas de paz.

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Por: Pastor Alape / Agencia Prensa Rural.

Las conclusiones del reciente encuentro del Zonas de Reserva Campesina en Tibú registran una pequeña y significativa muestra de reconciliación

Las circunstancias que acompañan el desenvolvimiento de la vida guerrillera limitan las posibilidades de información oportuna. La guerra trastoca todo, separa familias y amistades; y además le permite a los mecanismos del poder manipular la información de los sucesos. Todos los acontecimientos del conflicto los distorsionan los conglomerados mediáticos a favor de los intereses del gran capital. A pesar de estas condiciones, en la mayoría de ocasiones, así sea un poco tarde, tenemos la posibilidad de aprovisionarnos de información aséptica, sobre todo en los medios alternativos y en las redes sociales.

Así nos enteramos de que el pasado 20 de septiembre sesionó en Tibú, Norte de Santander, en la región del Catatumbo, el encuentro nacional de Zonas de Reserva Campesina. Participaron más de 8.000 campesinos de todas las regiones de Colombia, acompañados por académicos, representantes políticos, miembros del parlamento, defensores de derechos humanos y cooperantes internacionales.

Entre las temáticas abordadas estuvo presente la paz de Colombia. Porque, para ellos, estos son “tiempos preñados de anhelada paz y de esperanza” en el logro de un acuerdo que “siente las bases para la construcción de la paz con justicia social”. Los campesinos denunciaron la característica arrogancia del gobierno para incumplir compromisos, pues después de haber prometido enviar funcionarios de alto nivel, no hizo presencia alguna en el encuentro. Para el campesino la palabra es ley, tiene inmenso valor y se cumple; para las oligarquías y sus gobiernos los preceptos morales están ligados al mercantilismo, la palabra es trampa y engaño para sacar dividendos, por eso no hizo presencia.

Las conclusiones del encuentro registran una pequeña y significativa señal de reconciliación. Dijeron los campesinos en sus conclusiones: “las fuerzas militares y la policía nacional mostraron apertura para diseñar la seguridad del encuentro cumpliendo con sus compromisos”, seguramente los campesinos se refieren a los representantes de estas instituciones que estuvieron presentes en Tibú.

Considero que este hecho cuenta dentro de los insumos que generan esperanzas en el trabajo de la comisión técnica que se encargará de ir adelantando, para la mesa de conversaciones que sesiona en La Habana, el tema del cese el fuego bilateral, del armisticio, para detener en forma urgente la confrontación militar.

El hecho de que en esta ocasión los integrantes de los cuerpos armados del Estado hayan mostrado un comportamiento sensato y distinto, en una región tan agredida por los mecanismos de violencia institucional y para institucional, masacrada y estigmatizada por la barbarie del Estado, tan sangrientamente reprimida en las movilizaciones campesinas del año pasado, lo impulsa a uno a soñar y a percibirlo como un acto de expectación en el camino de la paz para Colombia. Es una pequeña columna que se levanta en la edificación de la reconciliación de la nación, un indicio de que la paz sí es posible.

Ojalá se repitan sucesos como este, en los que la Fuerza Pública respeta las distintas manifestaciones y expresiones del movimiento social. Y, pensando con el deseo, podríamos tomarlo como buen augurio de que el tema del cese de hostilidades puede avanzar, de acuerdo con las expectativas planteadas en las manifestaciones de respaldo al proceso de paz realizadas en Colombia y el exterior.

No hay duda que muchos militares y policías de base y parte de la oficialidad quieren la paz, desean vivir con la certeza de que no perecer en la guerra y regresar a disfrutar del cariño de sus familias, a estudiar y elevar su nivel de conocimiento académico.

Se requiere de una profunda y colectiva pedagogía de paz, para que la posguerra pueda recomponer la estructura mental que gobierna a los integrantes de los cuerpos de seguridad del Estado. Ellos han sido educados bajo concepciones imperiales de seguridad, basadas en la persecución y el aniquilamiento de las alternativas políticas que cuestionan el modelo económico y político que los ponen a defender. Será difícil, pero no imposible, desmontar el tramado sicológico que doblega la voluntad de cada uno de ellos para actuar como represores, como victimarios en cada una de las acciones que ejecutan. El acompañamiento de los anhelos nacionales de paz, movilizados en todos los rincones de la patria, son factor determinante para lograrlo.

No cabe duda, que la señal de reconciliación registrada en el encuentro de campesinos en Tibú, es buen signo para la paz de Colombia.

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