Los estudiantes y la cultura: cuando la educación nace predeterminada.

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Por: Tatiana Castañeda López* / Razón Pública.

Reseña de un ensayo con más de cuarenta años realizado por Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron, pero que todavía resulta válido para entender por qué la educación sigue siendo inequitativa desde el momento mismo del ingreso de los estudiantes a la escuela.

Los estudiantes y la cultura
Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron
Editorial Labor
1967.
169 pág.

Educación y clases sociales

La igualdad de oportunidades en el acceso a la educación superior ha sido un tema recurrente en las agendas mundiales, en especial durante los últimos diez años.

En efecto, aunque se trate de un problema viejo, desde finales del siglo pasado el modelo neoliberal habría acentuado sobre la tendencia de muchos países a “dividir” sus sistemas educativos en niveles, según la clase social de donde provienen sus estudiantes – y a donde van a parar sus egresados-.

En otras palabras, los destinos de la gran mayoría quedan signados según la educación que les permite recibir su condición socio-económica. No son el mérito ni el esfuerzo individual, sino las condiciones de la sociedad, muchas veces marcadas por la inequidad, quienes deciden el acceso a la buena educación.

Es cierto, la brecha entre ricos y pobres no es una novedad. Sin embargo las sociedades avanzadas, como en el norte de Europa, han emprendido acciones para cerrar la brecha por medio de la educación, garantizando un sistema público de universidades de alta calidad. Además de lo anterior, y por ejemplo, se han adoptado políticas compensatorias como acciones afirmativas o de discriminación positiva.

En Colombia se han emprendido acciones similares, pero no se ha logrado desmontar los privilegios heredados. Nuestro sistema educativo favorece la reproducción de las clases sociales porque divide a los niños, jóvenes y adultos según clase de origen y determina su posterior ubicación laboral.

Somos una sociedad dividida donde no se comparten espacios educativos, pues los niños de clases más favorecidas no van a escuelas con niños de extracción popular.

Los estudiantes y la cultura

¿El éxito académico depende de pertenecer a una determinada clase social? Esta es precisamente una de las preguntas que se hacen estos dos grandes autores clásicos de la sociología de la educación: Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron.

Y en parte la responden con un ensayo titulado “Los estudiantes y la cultura”, en donde exponen los datos recogidos en una investigación realizada en Francia entre 1900 y 1963.

Aunque hayan transcurrido más de cuarenta años desde su publicación, la obra de Bourdieu-Passeron no ha envejecido. Sus reflexiones nos invitan a repensar la relación entre educación y sociedad, particularmente en el caso colombiano.

El ensayo se mueve sobre tres ejes temáticos: la democratización de la educación superior o universitaria, la ética de la pedagogía y la condición estudiantil. El tratamiento teórico de estos temas es enriquecido por abundantes encuestas provenientes de la investigación empírica que soporta el estudio.

Sobre el primer tema, la democratización de la enseñanza, plantean que la “estructura misma de la educación francesa tiene constitutivamente [algo] de antidemocrática” (pág. 6), ya que aun si se abrieran del todo las posibilidades de ingreso a la universidad, no cambiarían esencialmente las condiciones de acceso a la misma.

El ingreso a las instituciones educativas basado en el mérito sigue siendo, para un gran número de aspirantes, un factor de exclusión. Las instituciones educativas están organizadas de forma que propician la desigualdad, ya que escogen solo a los “mejores” para ingresar a sus aulas.

¿Por qué los estudiantes de los mejores colegios ingresan a las mejores universidades, y por qué a su vez estos estudiantes provienen de clases favorecidas? ¿Por qué hay unas carreras que están enfocadas a ciertas clases? ¿Por qué estas se ofertan en solo algunos tipos de universidades? ¿Será una gran casualidad? Según el análisis de Bourdieu y Passeron no lo es.

Distribución de las oportunidades

Hay dos grandes discursos que han servido para justificar “la elección de los elegidos” en la educación y explicar la posterior ubicación laboral de los mismos.

El primero sostiene que hay unas aptitudes naturales o “dones”, entre ellos el de la inteligencia, que justifican este beneficio. El segundo argumenta, por el contrario, que es la procedencia social, no el mérito individual, el factor decisivo para el acceso a distintas educaciones.

La clave está en el “capital cultural” heredado. Con esto se refieren los autores a la educación, competencias, y ventajas que tiene un individuo gracias a su mejor formación y sus conocimientos dentro de la sociedad.

Así pues, factores como la procedencia de los alumnos, los años de educación de los padres, la profesión de los mismos, la religión, la filiación política y el lugar de residencia, determinan si harán parte de las élites o si serán eliminados por su handicap cultural.

Estas diferencias están marcadas por diversos aspectos entre los cuales se encuentran las orientaciones o estímulos que desde edades muy tempranas desarrollan (o no) los hábitos escolares y culturales favorables.

Asistir a teatro, tener conocimientos de música, de pintura, de idiomas extranjeros, poseer libros, viajar y acumular experiencias que enriquecen, son factores que ayudan a aumentar el capital cultural.

En el caso de las clases más desfavorecidas la escuela debería suplir las deficiencias de capital cultural, al ofrecer a los niños ese tipo de oportunidades y facilitando el desarrollo de las habilidades que su entorno social no favorece. Bajo estas circunstancias, la escuela (o incluso la universidad) sustituiría aquellas carencias: pero en Colombia no lo hacen.

El estudio se pregunta por la movilidad social o, como dicen los autores, por la “circulación de las élites”. Es decir, se preguntan cuándo sería posible que niños de clases desfavorecidas estudien con las élites, cuándo ambas clases trabajarán juntas en las sociedades.

Las instituciones educativas contribuyen a que esto no sea posible. La escuela no sale airosa en este asunto, pues la desigualdad resulta ser producto de un modelo que premia el virtuosismo de algunos estudiantes sin tener en cuenta que otros (calificados en el ensayo como los “pequeño-burgueses”- lo que entendemos nosotros como “las clases medias”) lo logran como una conquista.

Preguntémonos por las excepciones a la regla es decir, por aquellos estudiantes que- como pasa a veces en Colombia- han nacido en entornos complejos, con pocas posibilidades, pero a punta de esfuerzos han logrado obtener lo que otros han heredado. Sin duda son “excepciones a la regla”. Por ejemplo: obtener una beca de Colfuturo o de Colciencias es una odisea para jóvenes de escasos recursos, pues las exigencias van desde una amplia cultura general, pasando por los idiomas y se sella con el requisito de codeudores con patrimonio para ser aceptados.

Ética pedagógica y posición estudiantil

El ensayo de Bourdieu y Passeron examina una salida posible a este problema mediante una ética pedagógica que evalúe de manera diferente a los estudiantes desde los primeros años de la escolaridad hasta la educación universitaria.

La posición del maestro como agente de evaluación y su postura frente a las dificultades, o su inclinación tácita hacia los estudiantes más capacitados, sigue poniendo en desventaja a los estudiantes con deficiencias.

¿Cuál es la misión del maestro? ¿Premiar a aquellos que son más competentes? Lo que propone la obra es cambiar la formación de los maestros para que procuren compensar las desigualdades en vez de acrecentarlas.

Finalmente -y bajo el rótulo “condición estudiantil”- el ensayo analiza las posiciones económicas, sociales y culturales de un grupo que aparentemente es unitario pero que resulta mostrar grandes diferencias en su conducta y en su destino en la pirámide social.

En conclusión, este estudio de 1967 sigue teniendo validez para Colombia y nos demuestra que aunque hayamos avanzado, no ha sido lo suficiente.

Problemas multifactoriales aquejan la educación colombiana, especialmente en cuanto al acceso a la universidad pública de calidad: al premiar las aptitudes que se encuentran en estudiantes con una educación previa de calidad, estas universidades de hecho ratifican las desigualdades.

Más todavía: la desfinanciación de las universidades públicas por parte del Estado ha dejado el acceso a la educación en manos del mercado. La ley de oferta lleva a que las opciones para los más pobres resulten ser de una muy baja calidad, lo cual agrava la reproducción de la desigualdad.

Hay mucho por hacer: estudios fiables, acciones de política pública, inversiones de largo aliento, en definitiva, una transformación estructural del sistema educativo.

*Profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad de San Buenaventura, estudiante del Doctorado en Educación, UNED, España.

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