Transición para reconstruir la esperanza

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Por: Alpher Rojas / El Tiempo.

La victoria de la democracia en Grecia, con Syriza, se verá reflejada este año en España, con Podemos.

El mundo contemporáneo experimenta la emergencia de una transición frente a la aguda crisis causada por el modelo neoliberal, ese paradigma referencial hegemónico ligado a las reacciones automáticas de los mercados financieros y a los percances bursátiles que –en su dramático derrumbe– están produciendo enormes desequilibrios sociales, conflictos económicos y elevados costos culturales. Como consecuencia –según el distinguido profesor de Princeton Paul Krugman–, asistimos al hundimiento del sistema de partidos políticos que expresaba las realidades sociales del capitalismo predador.

A la par de la competencia entre capitales privados que generan concentración de la riqueza y la maximización de la tasa de beneficio, existe una interconexión de la pobreza global con la polarización social y la desigualdad. La agenda de la globalización neoliberal entraña el uso de un lenguaje impregnado de formulaciones maniqueas, deslegitimadoras del cambio y movilizadoras de las poco racionales nociones del bien y el mal, propias de la Guerra Fría.

Una neocultura que estimula fragmentaciones e interdependencias nocivas, al tiempo que simplifica referentes sociales y democráticos cuyos actores son demonizados mediáticamente y perseguidos por el despotismo político y el extremismo antisocial.

Este proyecto de ajuste y adelgazamiento del Estado sumó a su modelo de acumulación la conquista de territorios para la criminalidad, con traficantes y piratas que operan mundialmente. Un estudio del director de Foreign Policy, Moisés Naím (‘Ilícito, cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo’, 2005), demuestra que las mafias mundiales están conectando los lugares más remotos del planeta y las capitales más cosmopolitas a la velocidad del internet o de sus jets privados, “con un poder económico que mueve más del 10 por ciento del comercio mundial (…) y, sobre todo, con el poder político que han acumulado en todo el mundo. Nunca antes –agrega– los criminales habían sido tan globales, tan ricos, ni tan políticamente influyentes”.

En Colombia, las mafias internacionales están comprándoles a las bandas armadas ilegales (‘bacrim’, sucedáneas de las autodefensas) territorios para la praxis criminal más degradante y el mercadeo ilícito y de imitación (clonaje) que incluye libros, armas, drogas, órganos humanos, pornografía infantil, trata de blancas, desapariciones, secuestros y el financiamiento de contrataciones públicas en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Santa Marta y departamentos como Antioquia, el Valle del Cauca, Magdalena, Quindío, La Guajira, Chocó, Huila y Casanare. En las barriadas de estos territorios encuentran la simiente de nuevas oleadas delincuenciales para el contrabando, el “boleteo” extorsivo, la prostitución infantil y el microtráfico.

Contra estas patologías sociales, la apropiación correcta de herramientas técnico-científicas e informacionales, bajo criterios democráticos y pol-éticos, constituye la salida indicada, puesto que permite ampliar los canales de participación democrática para la modernización institucional, controlar la corrupción, atender las prioridades de cambio económico y la defensa de los derechos humanos y sociales.

La globalización alternativa, como ha dado en llamarse la nueva “gramática interpretativa” de los actuales problemas, se caracteriza por un proceso de extraordinario dinamismo social, político, científico y cultural en buena parte explicado por la vertiginosa transformación tecnológica en las comunicaciones informacionales, a través de redes sociales y alianzas transfronterizas. Lo acaban de experimentar los griegos abanderados por Aléxis Tsipras, el líder izquierdista de Syriza. Sin duda, una gran victoria de la democracia y notable y oxigenante avanzada que, sin duda, se reflejará este año en España bajo el genio creativo y juvenil del movimiento Podemos, con el liderazgo socialista de Pablo Iglesias.

Tsipras construyó un discurso moderno apoyado en las redes sociales y demostró la viabilidad de una salida por la izquierda ante esta desgraciada crisis. Una salida que, según Antoni Domènech, pasa por la reafirmación de la soberanía y de la dignidad nacional de los distintos pueblos de Europa en el marco de la fraternidad internacionalista y por “la construcción de un proyecto democrático europeo capaz no solo de resistir, sino también de negociar y de torcerles el pulso a las instituciones de la Troika que exigen inútiles sacrificios económicos, sociales y humanos en el altar del “neoliberalismo”.

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