Las ventajas de la devaluación y el temor a la inflación

devaluación

Ni los satisfechos ni los preocupados por el alza del dólar le han dado relieve suficiente a la oportunidad de gastar en vacas flacas lo que se acumuló cuando las vacas eran gordas.  ¿Pero qué pasará con los precios?

Por: Jorge Iván Gonzalez / Razón Pública

Dos lecturas

El primero de agosto del 2014 EL DÓLAR estaba a 1.878 pesos. Hoy, el dólar está a 2.613 pesos. Esto significa que en siete meses la devaluación ha sido de 38 por ciento.

La devaluación tiene muchas ventajas. Y también tiene inconvenientes. La percepción del fenómeno está muy marcada por la escuela de pensamiento:

La Junta Directiva del Banco de la República y el Ministro Cárdenas temen que la devaluación se traduzca en mayor inflación y, por eso no insisten en sus ventajas. Así no lo digan con claridad, en el fondo le temen a la devaluación. Las declaraciones de Cárdenas a favor de este proceso han sido tímidas.

Otros comentaristas han sido más entusiastas. Esta semana, en declaraciones a La República, el ex ministro Ocampo insistió en que la devaluación es una excelente oportunidad para la producción nacional. Si se toman las medidas adecuadas, podrían consolidarse la agricultura y la industria. Es un momento privilegiado para fortalecer el mercado interno. Para Ocampo la devaluación es una excelente oportunidad, para Cárdenas es un enorme riesgo.

Devaluación y reservas internacionales

Ni Ocampo ni Cárdenas han mencionado una consecuencia fundamental de la devaluación: el aumento del VALOR en pesos de las reservas internacionales. En febrero del 2015, las reservas netas de Colombia eran 47 mil millones de DÓLARES.

Las reservas nunca se gastaron, con el argumento de que serían un seguro para los tiempos difíciles. Y ahora, con la caída del precio de los hidrocarburos y de los minerales, sería el momento de aprovechar las reservas. Pero la posición de las autoridades monetarias es que ahora las reservas tampoco deben tocarse, y que para resolver los desbalances es mejor reducir el gasto público. Es decir, se opta por la vía de la austeridad.

Europa -que también se la jugó por reducir el gasto público- acabó por cambiar de posición, y de los mandatos austeros de Ángela Merkel se pasó a intervenciones del Banco Europeo que buscan estimular la economía. El mensaje de la austeridad se dejó de lado. La forma como Europa ha tratado de llegar a un acuerdo con Grecia es la expresión más clara del rechazo a las políticas de restricción del gasto.

Europa aprendió de Estados Unidos, que nunca aplicó políticas de austeridad. Todo lo contrario. El Banco de la Reserva Federal emitió, y sigue emitiendo, los DÓLARES que la economía norteamericana necesita para salir de la crisis.

En lugar de seguir los ejemplos de Estados Unidos y de Europa, la política monetaria colombiana está cayendo en la tentación de la austeridad. El discurso se construye mostrando que la situación es muy difícil, y que es necesario ahorrar. Esta lectura apenas muestra la cara negativa de la MONEDA. Las declaraciones gubernamentales ponen en evidencia los mayores costos que tienen que asumir las empresas y el gobierno por sus deudas en dólares. Es evidente que ahora se necesita conseguir más pesos para responder por los compromisos crediticios en dólares. Desde esta mirada, la consecuencia inmediata es obvia: sudor y lágrimas.

Pero el otro lado de la moneda, el positivo, también habría que ponerlo en evidencia. Gracias a la devaluación del peso, las reservas se han valorizado. Entre agosto del 2014 y hoy, el valor de las reservas pasó de 87 a 122 billones de pesos. Se trata, entonces, de un aumento de 35 billones de pesos. ¡Es una lotería maravillosa!

La sola valorización de las reservas ha generado 7 veces más recursos que la venta de ISAGEN. Pero en vez de sonreír y expresar satisfacción ante este resultado, el ministro de Hacienda insiste en que es absolutamente necesario vender el 57,6 por ciento de ISAGEN, con lo cual se obtendrían 5,2 billones de pesos.

Cárdenas además afirma que es indispensable reducir el gasto público. En realidad es el momento de utilizar estos excedentes con el fin de incentivar las obras públicas.

El ministro no comparte la buena noticia de la valorización de las reservas por dos razones:

Porque le da temor que haya relajamiento fiscal; puesto que TENEMOS DINERO, no es necesaria la reforma tributaria y, además, el gasto se desordena.
Por el pánico a la inflación que se derivaría de la monetización de las reservas.

El relajamiento fiscal

Siempre hay el riesgo de relajamiento fiscal. Pero el problema no es de Colombia. El riesgo lo asumió Estados Unidos con las políticas de flexibilización monetaria, y ha sido el centro de la discusión en Europa.

Merkel perdió la partida. Para ella había una asimetría inaceptable entre la elevada productividad alemana y la falta de compromiso de los griegos con las exigencias europeas. En su opinión, salvar a Grecia era premiar la irresponsabilidad. Pero acabó por ceder. Los cambios políticos en Grecia y la posición del nuevo gobierno modificaron la perspectiva del análisis. Grecia sí quiere colaborar, pero exige un tratamiento adecuado. En la mesa de NEGOCIACIÓN Grecia está recordando la negociación que hizo Estados Unidos con Alemania después de la guerra. Los créditos se negociaron de tal forma que la reconstrucción alemana fue posible. Las condiciones que se le han impuesto a Grecia son onerosas comparadas con las que se pactaron con Alemania.

En el caso colombiano también es posible llegar a acuerdos. Y serían dos:

Primero, seguir avanzando con la reforma tributaria estructural, porque el país la requiere, y porque los niveles de tributación en Colombia son bajos, comparados con los de América Latina y, sobre todo, con los de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Y, segundo, las obras de infraestructura que se realizarían con la valorización de las reservas se administrarían por un fondo autónomo con cuatro objetivos: vías, escuelas, acueductos y descontaminación de los ríos. Estos recursos no se despilfarrarían como ha sucedido con la mermelada de las regalías, sino que se concentrarían en grandes proyectos.

La inflación

Sin duda, la monetización de las reservas aumentaría la inflación en 2 o 3 puntos. Pero esta situación no es grave por dos razones:

Primero porque el ritmo de monetización es lento y depende de la velocidad para ejecutar las obras. De manera progresiva se podrían monetizar hasta 7 mil millones de DÓLARES, de tal forma que se conserven como reservas 40 mil millones de dólares. En pesos de hoy, los 7 mil millones de dólares equivaldrían a 18 billones de pesos. El fondo administraría estos recursos, y los excedentes que se sigan generando con la mayor devaluación del peso. Pero, insisto, la monetización no se hace de una sola vez sino a medida que los proyectos vayan avanzando.

Segundo porque dos o tres puntos adicionales de inflación no son graves por razones teóricas, y por sus implicaciones sobre la calidad de vida de las personas.

Desde el punto de vista conceptual estos últimos años han CAMBIADO la perspectiva de los banqueros centrales, quienes reconocen que la contención de los precios puede conducir a una deflación – más dañina que una inflación moderad_

Y en cuanto a la calidad de vida de las personas, tener empleo con un aumento de la inflación de dos puntos es mejor que estar desempleado, con una inflación a la baja.

Este punto de vista siempre lo defendió Vickrey, uno de los mejores premios Nobel de economía. Poco antes de morirse escribió Quince Falacias Funestas del Fundamentalismo Financiero. Disertación sobre la Economía de la Demanda. Allí muestra que no tiene sentido contraer la economía con el fin de reducir la inflación. Al frenar la economía con políticas de austeridad aumenta el desempleo y este mal es peor que dejar subir la inflación 2 o 3 puntos. Sin duda, concluye, es preferible la inflación al desempleo. En sus palabras: “… es necesario tener presente que las divergencias en la tasa de inflación, bien sean hacia arriba o hacia abajo, con respecto a la que se preveía, sólo producen una redistribución arbitraria de un producto total dado – equivalente, en el peor de los casos, a una malversación lícita – a menos que las variaciones impredecibles sean tan extremas y rápidas que destruyan la utilidad del dinero como medio de CAMBIO. Por otra parte, el desempleo reduce la producción total que se va a distribuir; en el mejor de los casos, es equivalente al vandalismo, y cuando induce al crimen se convierte en el equivalente de un incendio homicida premeditado (énfasis en el original)”

El buen uso de las reservas es una oportunidad para consolidar el crecimiento y para mejorar la calidad de vida. En esta época de vacas flacas deben utilizarse los ahorros que se hicieron durante la bonanza.

* Ph.D. en Economía de la Universidad de Lovaina, Magíster en Economía en la Universidad de los Andes, Licenciado en Filosofía de la Universidad Javeriana. Ha sido Decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue honrado con la orden al Mérito Gerardo Molina en 2007. Fue el director del Informe de Desarrollo Humano Bogotá, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Actualmente es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.

Ha dicho con desgano que podría favorecer a la industria nacional, ya que la devaluación del peso reduce las importaciones.

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