Relaciones peligrosas: las alianzas por la Alcaldía de Bogotá

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A cinco meses de las elecciones, algunos hablan de alianzas -y otros la descartan de plano-.  ¿Quién se uniría con quién en este cambiante y oportunista ajedrez político? 

Por: Efraín Sanchez / Razón Pública

Incertidumbre

Si las elecciones para la Alcaldía de Bogotá fueran mañana, no tendríamos certeza sobre quién ganaría: las encuestas no muestran todavía una inclinación clara del electorado por ninguno de los tres candidatos delanteros

Pasó sí que Clara López dejó de estar sistemáticamente de primera, Rafael Pardo de segundo y Enrique Peñalosa de tercero.

A cinco meses de las elecciones, a los candidatos y a sus partidos les queda mucho por hacer: definir sus propuestas programáticas, convencer a los indecisos y- sobre todo- concertar alianzas.

En efecto. La política colombiana se caracteriza por la debilidad de los partidos y la multiplicidad de grupos o facciones, debidos en mucho a la dificultad de llegar a acuerdos y respetarlos. Esto hace que las alianzas acaben siendo decisivas en los procesos electorales, y quizás lo serán  más en las elecciones del próximo octubre, cuando se juega la continuidad de la izquierda en el gobierno de la capital después de diez años.

Unidad ocasional en el Polo

El Polo Democrático Alternativo (PDA) y su candidata Clara López tienen conciencia de la necesidad de las alianzas.

Para empezar, tuvieron que sellar una dentro del propio partido entre la candidata y el senador Jorge Robledo, líderes de las dos principales tendencias de la colectividad. Tal vez López y Robledo no llegaron realmente a zanjar sus diferencias, como dijeron algunos medios, pero probablemente se pusieron de acuerdo en que el Polo es un partido de oposición (pese al apoyo que le brindó Clara al presidente Santos para su reelección) y en que ella va por la Alcaldía de Bogotá ahora y Robledo por la Presidencia en 2018.

Quizás el partido debería seguir el ejemplo de la Alianza Social Independiente y la Alianza Verde, y llamarse Alianza Polo Democrático. De hecho, todos los partidos deberían hacer lo mismo pues ninguno es suficientemente fuerte por sí solo. El Polo, por ejemplo, podría buscar alianzas con la Unión Patriótica, con la Alianza Verde y con el Movimiento Progresistas, con quienes tiene una mayor afinidad.

No hay duda de que el Polo salió fortalecido tras las paces entre López y Robledo. Esto, sumado a las alianzas, incluso aquellas que se hagan con la Unidad Nacional y hasta con el Centro Democrático (nada está descartado), podría dar al PDA la fuerza suficiente para que la izquierda siga al timón de Bogotá.

Pardo y Peñalosa

Como sucedió en las últimas elecciones, si los demás candidatos no hacen alianzas lo más probable es que la izquierda siga al frente de la capital. Ni Enrique Peñalosa con su 22 por ciento, ni Rafael Pardo con su 27, y mucho menos Francisco Santos con su 14, tienen posibilidades claras de ganar.

Es decir, con los topes máximos que han logrado en las encuestas desde octubre de 2014, apenas le compiten al 36 por ciento que ha llegado a tener López. Y ciertamente no se ve muy factible que Peñalosa, Pardo o Santos lleguen a convertirse de la noche a la mañana en un fenómeno político aplastante.

El problema, como tantos han dicho, radica en que una alianza “santista” – es decir – entre  Pardo y Peñalosa, resulta muy improbable:

  • Pardo quiere que se cree un movimiento llamado “Bogotá Unida”, pero más por la voluntad de los otros que por la propia: “Todos estamos en lo mismo”, dijo en una entrevista concedida en febrero, “espero que confluyan en una decisión de apoyarme, pero yo aspiro a ir más allá de los partidos de la Unidad Nacional”.
  • Peñalosa pone sus esperanzas en lo que llama el “equipo por Bogotá”, compuesto  por el senador de Cambio Radical Carlos Fernando Galán – que acaba de renunciar a la dirección de su partido- y el ex congresista David Luna- que acaba de ser nombrado ministro de comunicaciones. Peñalosa ha dicho varias veces  que su equipo apoyaría “al candidato que tenga más posibilidades de ganar”. Pero ese candidato es él mismo: “Invitamos a personas como Rafael Pardo, Marta Lucía Ramírez, Antonio Sanguino, Carlos Vicente de Roux y Jaime Castro a hacer un equipo”.

Tampoco parece claro que vaya a armarse un movimiento de “todos contra Clara”:

  • Pardo lo ha dicho de manera explícita: “Estigmatizar a la izquierda me parece equivocado. (…) Es cierto que ha habido baja ejecución y problemas grandísimos de corrupción, y el Polo estuvo en eso. Petro no es del Polo y también ha tenido problemas serios de falta de ejecución, de contradicciones, de medidas que parecen improvisadas, pero también hay unos programas que están funcionando y hay que resaltarlos. Entonces, uno no puede decir que todo lo que se ha hecho en los últimos 12 años ha sido malo. Lo que sirve hay que seguirlo”.
  • Peñalosa ha sido mucho más radical en sus críticas a la actual administración y a los ex alcaldes Clara López y Samuel Moreno. Pero aun así no da señal de estar dispuesto a cederle la candidatura a Pardo para evitar el nuevo triunfo de la izquierda.
  • El compañero de equipo de Peñalosa, Carlos Fernando Galán, ha sido más abierto a este respecto yafirmó que los dos candidatos “abrieron la puerta a una posible unión, la cual se tiene que dar y vamos a trabajar para que se concrete”. Todo dependerá, según algunos medios, del desempeño de Clara López en las encuestas. Lamentablemente para la posible alianza entre Peñalosa y Pardo, en las encuestas más recientes la intención de voto por Clara López no está aumentando sino más bien disminuyendo lo cual tiende a dificultar la unión entre ambos candidatos.

El factor Álvaro Uribe

El candidato del Centro Democrático, Francisco Santos, por su parte, ha descartado cualquier alianza. En una entrevista radial reciente se diferenció del “mazacote que vive de alianzas”, y agregó: “Yo no tengo nada en común con la señora Piedad Córdoba y el Partido Liberal. Somos el agua y el aceite. Yo no quiero aliarme con quienes fueron los causantes del desastre de la ciudad, que se aliaron en las elecciones diferentes para elegir al presidente Santos y obviamente no me voy a aliar con la izquierda o con Petro”.

Lo que Santos espera es que el fenómeno que se produjo con Óscar Iván Zuluaga en las elecciones presidenciales de 2014 se repita en su caso para las elecciones locales. De un nivel bastante bajo en las primeras encuestas, Zuluaga llegó a sobrepasar al presidente Santos en la primera vuelta y a ser un serio contrincante en la segunda.

Cualquiera podría pensar que la aspiración de Francisco Santos es un tanto exagerada, pero no puede olvidarse que la campaña de este, si es que en verdad el Centro Democrático quiere llegar a la Alcaldía de Bogotá, tendrá como protagonista no tanto a Santos sino al expresidente Álvaro Uribe.

Alianzas por venir

Los demás candidatos pueden ciertamente tener su parte, así sea pequeña, en el juego de las alianzas por la Alcaldía de Bogotá. Las encuestas son elocuentes en cuanto a las verdaderas posibilidades de Hollman Morris, del Movimiento Progresistas, y Carlos Vicente de Roux, de la Alianza Verde. Lo más seguro es que ninguno de los dos apoye a Peñalosa, y su caudal podría pasar ya sea a Clara López o a Rafael Pardo. Ya se verá qué tanta diferencia hacen.

En cuanto a Marta Lucía Ramírez y el partido conservador, al parecer ya se han adelantado contactos para el posible ofrecimiento de apoyo a Peñalosa.

Hay, desde luego, mucho que decir sobre las alianzas y sobre las elecciones de octubre para la Alcaldía de Bogotá. No puede perderse de vista, por ejemplo, el peso que puede tener la elección presidencial de 2018, la cual puede convertirse en un factor importante en el juego de las alianzas por la Alcaldía.

Pero quizás algo mucho más significativo es el hecho de que, en materia de alianzas, en Colombia lo urgente siempre ha estado por encima de lo importante. En este caso, tanto Pardo como Clara López, e incluso Peñalosa, han dicho que las alianzas deben ser ante todo programáticas.

Esto supondría, desde luego, que los políticos se pongan de acuerdo sobre los problemas de Bogotá y sobre sus soluciones. Supondría, ni más ni menos, un cambio cultural. Pero por el momento, y como ha sido casi siempre el caso entre nosotros, los programas no son los que ganan las elecciones.

 

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