¿En qué van el desminado y el des-escalamiento del conflicto?

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Pese a las turbulencias del proceso, la mesa de La Habana ha seguido avanzando.   Ya comenzaron las pruebas piloto para el desminado humanitario, y estos son pasos  concretos y tangibles hacia el anhelado des-escalamiento.

Por:  Andrés Dávila L / Razón Pública

La paz golpeada

Pasamos del optimismo desmesurado al pesimismo rampante, del “sí se puede” al “todo está perdido”. No estoy hablando de la Selección Colombia en la Copa América, sino de los últimos tres meses de los diálogos de La Habana y de la posibilidad de un acuerdo que ponga fin a más de medio siglo de conflicto armado.

En pocos días pasamos de los anuncios sobre des-escalonamiento del conflicto al empantanamiento o aún al retroceso de las negociaciones, debido a las conductas de uno y otro lado que llevaron al fin del cese unilateral al fuego y a hacer aún más difícil el avance en materias de justicia transicional, víctimas y acuerdos de desmovilización.

Al parecer, ya se olvidó el des-escalamiento de comienzos de este año y hoy, de nuevo, las FARC están golpeando y la Fuerza Pública está respondiendo con violencia. La  voladura reciente de torres de energía que afectaron a Buenaventura y a Tumaco es tan solo  una muestra.

Como era de esperarse, los enemigos de la paz han salido a la palestra y han visto con alegría cómo el presidente Santos y el proceso de La Habana pierden apoyo en las  encuestas. Dentro del propio gobierno, las posiciones no parecen alineadas y ya han salido algunas voces a pedir plazos perentorios o a insinuar otros “palos en la rueda”.

No obstante el presidente no parece dispuesto a cejar en su empeño –por ahora- y ha comenzado a modificar la composición de su gabinete con miras a la paz, ha incorporado nuevas figuras a la mesa de negociación y anunció avances como la Comisión de la Verdad.

Avanza el desminado

Dentro de un panorama tan complejo cabe preguntarse en qué va el anunciado des-escalamiento del conflicto y, en particular, el acuerdo para desminar los territorios sembrados de explosivos por las FARC. Verdad que el fin del reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes fue un motivo de regocijo. Pero, ¿qué fue del desminado humanitario que acordó entre el gobierno y la guerrilla?

Sobre este tema parece haber buenas noticias: se ha avanzado en el trabajo conjunto de la mesa técnica y están en curso las pruebas piloto con participación del Batallón de Desminado Humanitario del Ejército y las FARC y el acompañamiento y facilitación de la Ayuda Popular Noruega, una ONG humanitaria.

Con el sigilo que necesita una iniciativa de este tipo, ya se han acordado las veredas donde  empezarán las pruebas piloto y ya se está trabajando en algunas. Hasta donde es posible saber, el ejercicio parece haber funcionado y en algunas pruebas han participado miembros de las FARC que han brindando información útil para localizar los artefactos y para que los miembros del Batallón de Desminado adelanten los estudios no técnicos y la detección y destrucción de las minas y artefactos explosivos.

Dado que existen minas en veredas bastante distantes, ha sido necesario el contacto cercano con la comunidad. Para ello, la Ayuda Popular Noruega ha aportado su experiencia para resolver las dificultades logísticas y para encontrar fórmulas de acercamiento entre los encargados del desminado y las comunidades que buscan recuperar sus territorios.

Acciones concretas de paz

El ejercicio apenas comienza, pero la ejecución de este acuerdo es una señal de des-escalamiento real y profundo del conflicto, pues se está desactivando un arma silenciosa que amenaza la vida de comunidades enteras.

Hay que destacar la decisión de mantener y acelerar el cumplimiento de ese acuerdo en medio de las turbulencias que mencioné arriba. Cabe destacar también el (hasta ahora) exitoso trabajo conjunto entre miembros de la Fuerza Pública y de las FARC. Y no resulta menos importante el hecho de que la Ayuda Popular Noruega haya servido como un facilitador capaz y oportuno.

Aunque debe guardarse discreción por la complejidad de lo que está en juego, estos hechos son actos tangibles de paz, así estén restringidos por ahora a las veredas intervenidas.

Adicionalmente, si las pruebas piloto resultan exitosas y si el proceso logra mantenerse, se estará enviando un mensaje poderoso de paz y construcción de confianza entre las partes que intervienen en su ejecución.

El éxito del desminado tendría un efecto multiplicador indispensable, tanto para que las FARC entiendan la importancia de los actos de paz, como para que la Fuerza Pública se vea como protagonista de acciones humanitarias. El desminado servirá también para que los sectores más críticos del proceso vean resultados claros y contundentes que demuestran que la paz es mucho mejor que el conflicto.

Los peligros

Sin embargo, el éxito inicial del desminado no debe hacernos olvidar algunas amenazas que se ciernen sobre lo acordado y sobre la enorme tarea que el implica:

1.  Se está desminando en medio del conflicto. Esto implica que -si bien existe un compromiso de las FARC al respecto- nada impide que bloques o columnas de esta guerrilla vuelvan a sembrar minas en otras partes del territorio.

La verificación del cumplimiento cabal de lo acordado es una tarea de gran  complejidad. Por eso importa reiterar la necesidad de que las FARC mantengan su voluntad política y militar de no usar más esta arma.

2.  Hay incentivos para que los enemigos del proceso u otros grupos armados actúen en contra de este proceso. Basta enlodar la confianza o hacer correr rumores de que se sembraron nuevas minas (o de hecho sembrarlas) para alterar el buen rumbo del proceso. En estos casos las únicas salidas son la transparencia y la confianza, tanto entre los tres ejecutores del acuerdo, como ante las comunidades que se benefician.

3.  Los programas piloto tienen que transformarse en operaciones sostenidas y bien  planificadas. Esta no es una tarea de meses, sino de años, de modo que se requieren protocolos de planeación y ejecución claros, transparentes y verificables.

4.  El territorio afectado es muy extenso y exige una estrategia bastante más ambiciosa que la actual. Hay que seguir el proceso de revisión, actualización y ajuste de la política en la materia, así como la regulación de los protocolos operativos.

De especial importancia es la certificación de otras entidades no gubernamentales de carácter humanitario que participan en el proceso. También deben mantenerse la micro-focalización y el desarrollo amplio y sostenido de los estudios no técnicos. Además, no sobra recordarle al Ministerio de Defensa y a las Fuerzas Militares que aumentar el número de hombres que forman parte del Batallón de Desminado Humanitario es un compromiso ineludible.

5.  Hay que insistir en que no basta con el desminado. En el mediano y largo plazo solo una acción integral contra las minas antipersonales asegurará frutos duraderos. En esta acción integral deben tener lugares centrales la prevención y la asistencia a las víctimas. Estas acciones suponen información adecuada, oportuna y útil, así como una apropiada gestión territorial.

Como puede apreciar, hay buenas noticias sobre el desminado humanitario y ya se alcanza a apreciar su enorme potencial para el des-escalamiento del conflicto. Sin embargo hay que tener cuidado porque todavía estamos caminando sobre un “campo minado”.

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